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El Poder de la Huelga

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En la actualidad, las huelgas y las manifestaciones son consideradas por muchos ciudadanos una fórmula inadecuada de diálogo o consenso entre los trabajadores y la patronal de empresarios, y ésto ocurre por la falta de conciencia de clase.

¿Qué diálogo puede tener un trabajador con un empresario que piensa en la deslocalización de su empresa como forma de negocio mediante el beneficio y el ahorro en el coste de producción, que no es más que el salario de los trabajadores?

Las huelgas se han desarticulado en el mundo globalizado y parecen inservibles cuando la empresa ya ha tomado una dicisión. La organización de los trabajadores parece ineficiente a la hora de plantarse frente a la junta de accionistas y decirles: “¡basta ya!”.

Pero la clase trabajadora tiene que comprender que no es la huelga la que hay que poner a cuestión sino la forma de ésta. Las huelgas hay que organizarlas desde abajo hacia arriba y viceversa, por los organizadores y los organizados: la organización es la clave.

En palabras de Pablo Iglesias, el líder del PSOE y un gran orador de su tiempo: “Las huelgas a más de ser fatales son el arma mejor templada de que dispone la clase trabajadora para detener y aminorar la esclavitud de que es víctima”. Pero añadía de inmediato que “se trataba de un arma de dos filos que hiere y daña al que la usa si no la maneja con acierto”. Es decir, las huelgas debían de ser siempre bien organizadas.

Más allá de la organización de las mismas, las huelgas son un método de presión por parte de los trabajadores hacia la patronal pero ¿cómo se puede ejercer presión con huelgas de un día o menos de una semana?

    • Las huelgas tienen que ser constantes e indefinidas. No podemos contemplar huelgas generales que intenten paralizar el país durante un día y al día siguiente volver a la esclavitud como si tal cosa.
    • Las huelgas han de plantarse frente a su objetivo, ya sea en el centro de trabajo, la fábrica o la delegación del gobierno, pero no mantenerse al margen del problema como si no hubiese culpables.

Claro ejemplo podemos encontrar en la España de la Transición y los 80’s, donde las huelgas y las manifestaciones se sucedían de manera continua y solapada, sin dar tregua a la patronal y al gobierno y fijando directamente a los responsables de su esclavitud.

Hay que volver la mirada a aquel estadio político y social donde el asociacionismo obrero ponga contra las cuerdas a los empresarios. La lucha contra la criminalización de la protesta o Ley Mordaza ha de ser combativa.

Según Vincent Navarro en su artículo “El impacto negativo de las desigualdades en el desarrollo económico”: “la evidencia muestra que cuanto mayor es la fuerza de los sindicatos de clase, mayores son los salarios y mayor es la productividad de un país. Añado lo de sindicatos de clase, pues los sindicatos corporativos (lo que en inglés se llama business unions), con sus demandas, pueden aumentar las desigualdades dentro del mundo laboral”.

Las huelgas y las manifestaciones no se pueden perder, sólo hay que volver a ponerlas en el centro del tablero y acabar con “los sindicatos de clase españoles”, que han degenerado en sindicatos corporativos actuando en favor del empresario y del gobierno.

Darle la vuelta a la manera de entender la lucha sin alteraciones ni negociaciones por sindicalistas con rolex, sino por trabajadores de manos curtidas y patronales sujetadas por los miembros.

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