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Lo que hace imposible el olvido y el perdón

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La Guerra Civil Española 1936-1939 marca uno de los sucesos más trágicos de la Historia reciente del país y a posteriori un periodo de sombras y oscuridad, la Dictadura Franquista y la Transición (1939-1978). Son muchas las voces que reclaman a día de hoy justicia y dignidad por las victimas de dichos sucesos, y otras tantas, impulsadas por la ignorancia, ponen el grito en el cielo por el olvido y el perdón, asi como la reconciliación entre españoles…

¿Qué hace imposible el olvido y el perdón?

Posiblemente, uno de los pilares fundamentales que planteamos es la existencia de ambos bandos aún en la actualidad. Nadie puede negar que los que hicieron la guerra, y seguidamente, la Dictadura, han vivido libremente y gozado de todo el reconocimiento patrio aún en la actualidad. Nada de juicios, condenas, reconstrucciones históricas etcétera.

Así como los miembros del bando vencido, los republicanos, aquellos relegados de la sociedad que por defender la Democracia y la libertad de los españoles han sido enviados al ostracismo político, social y económico.

Apenas placas conmemorativas, ningún monumento en su memoria ni un sólo acto en su distinción…

Esa ambivalencia en la que vivimos actualmente, hace imposible el olvido y el perdón porque entre los vencedores y los vencidos no se ha puesto una balanza de contrapesos. En la España del siglo XXI siguen exhibiéndose en sus nobles monturas y desdichadas cruces “los héroes del Franquismo” en plazas, parques, cuarteles y avenidas. Mientras, los republicanos permanecen en cunetas, fosas comunes y bajo tierra, para que nadie pueda llevarles flores ni rendirles luto.

Aquellos que destrozaron familias nos son familiares en sus altares pero aquellos que dieron la vida por un país a la vanguardia del mundo no les queda más que tierra por encima.

Pero el olvido y el perdón son irrelevantes cuando el sistema político, social y económico en el que vivimos actualmente es una viva réplica del régimen franquista que los vencedores defendieron con sangre ajena. No cabe decir que miembros de los tribunales de más alta honorabilidad, políticos de derechas, centro e izquierda, si consideramos de mala manera esta última como el PSOE, y demás cargos de la estructura institucional española proceden del Franquismo. Para éstos últimos si que hay memoria histórica, de sus nobles actos y valentía, como la del Rey en tal encrucijada.

Aquellos que de un día para otro, se acostaron franquistas y se levantaron demócratas.

No cabe olvido ni perdón en una sociedad que apenas sabe de las atrocidades del Franquismo, ocultado, maquillado y perfilado en los libros de Historia durante la Transición. Las generaciones de españoles, que tras la Transición consideran al Franquismo como un sistema político autoritario y no como un régimen fascista-católico, son muchas. El desconocimiento de la represión, la persecución política y del papel que jugaron organizaciones como el PCE durante el Franquismo les hace pensar que los vencidos eran malnacidos y los vencedores unos salvapatrias.

La justicia va más allá de los banquillos de acusados y los estrados de su señoría.

Aunque de justicia se podría hablar cuando organizaciones internacionales como la ONU o la UNESCO, tras muchos años y muchas denuncias, han acusado pos-mortem a muchos franquistas como Queipo de Llano o Jose Enrique Varela Iglesias, por crímenes de lesa humanidad.

¿Pero de qué sirve ésto si la mayoría de españoles conviven con símbolos, leyes y líderes franquistas?

La hipótesis a la que llegamos si somos conscientes de todas las inclemencias que recaen sobre unos y elevan a otros es que el Franquismo Sociológico sigue en pie como el Muro de Berlín, eliminando de la consciencia colectiva cualquier rasgo de memoria histórica que haga justicia dialéctica sobre el bando republicano. Es por tanto, que la lucha por los vencidos y los verdaderos libertarios para que no caiga en el olvido ni exista perdón es la forma más justa de hacer Historia y no falsearla.

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