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Carta al Activismo Político

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Hablamos del futuro de la clase trabajadora y éste se encuentra bajo la capucha y el pasamontañas de muchos activistas que se juegan su integridad y su ración de libertad proletaria por la causa justa. Son, por tanto, un orgullo los hijos de la clase obrera que hacen frente a la represión, el imperialismo bancario y la deriva fascista de los gobiernos.

Un activista, lejos de ser un personaje público, es aquel individuo que lucha contra el sistema por convicción ideológica, y en muchos casos, por que no tiene otra salida. En la actualidad, donde las condiciones materiales y vitales se han recrudecido para la clase trabajadora, muchos ancianos, jubilados y pensionistas han vuelto a las protestas en las calles. Ellos también son activistas. En primer lugar, porque tienen una de las características más nobles de la causa, no tienen miedo y no tienen nada que perder. Si algo caracteriza a la lucha de la clase obrera son esas dos pautas.

Junto a ese activismo proletario de carácter contestatario no violento, también encontramos el activismo proletario de la juventud rebelde que no se resigna a vivir en precariedad estudiantil y laboral. La precariedad que invade todos los aspectos de la vida de la clase obrera hacen al individuo activista. Si las condiciones antes mostradas se han recrudecido, a su vez, también se han reforzado las disposiciones legales de los gobiernos fascistas del capital para frenar la movilización social, la lucha obrera y el activismo rebelde. A base de multas con cifras disparatadas o a base de cese de libertades y derechos con leyes en forma de mordaza. A día de hoy, existen multas en el Estado Español encaminadas sobre todo a frenar la lucha, que suman cifras de hasta 300.000 euros. ¿Cómo es posible dichas cifras en sanciones administrativas impuestas a los activistas de la clase trabajadora, cuando el sueldo medio de dicha clase ronda los 22.000 euros anuales? Estamos hablando de multas que superan catorce veces el salario medio anual de la clase trabajadora, es decir, una cadena perpetua económica.

De tal manera quieren silenciar las calles y reestablecer el orden en la sociedad de clases. Pero no lo van a conseguir. La clase obrera tiene que ver más allá del mensaje televisivo. Aquellos activistas que llevan a cabo la lucha política a través de las instituciones burguesas se toparán con miles de trabas y barreras legales. Porque la política esta regulada por el sistema. Un activista no es un antisistema, ya que es el sistema el erróneo, no el activista. Y éste no puede formar parte del juego sin su correspondiente sanción por haber luchado contra las normas antes de acatarlas para “luchar desde dentro”. La lucha en la calle es mil veces más democrática que la más democrática de sus formas democráticas.

Que la lucha no caiga en el olvido. Solo se necesita organización en la movilización. La organización lo es todo para un buen resultado. Hay que saber cuales son los objetivos alcanzables y los objetivos que abolir mediante la lucha. Lejos de ahí, el caos solo le interesa al capital.

Un réquiem a todos los compañeros que han sido víctimas del acoso, el maltrato y la tortura. Y un aplauso a todo aquel que sale de su cautiverio carcelario tras una pena injusta impuesta por la estructura construida por el capital para cesar toda chispa de insurrección. El futuro de la clase obrera no está en esas paredes, está en esas mentes.

Un comunista siempre trabaja en la sombra y en silencio, generando hegemonía y conciencia de clase.

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