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La vestimenta, el nuevo lenguaje político

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Son muchos los profesionales que se preguntan cuánto han influído los medios de comunicación en el proceso y el contexto político. La respuesta podríamos resumirla en un asunto de extemada actualidad, mientras unos tirititeros eran detenidos y llevados ante la Audiencia Nacional por apología del terrorismo, los medios centraban sus titulares y habrían sus informatios con el frac que llevaba Pablo Iglesias a la gala de los Goya.

Ciertamente, esta idiotización de la política me parece patétita y creo que degrada a la política al más ínfimo escalón del que ya partía con la corrupción institucional. Todo lo que vimos en la campaña y su preámbulo fue puro marketing político al estilo norteamericano. Desde la bandera nacional en la presentación de Pedro Sánchez a las camisas del Eroski sin corbata de Pablo Iglesias. En este último candidato, cabe decir, que ha traído al panorama político el problema de la vestimenta consigo mismo y parece haber arrastrado consigo a los demás.

Si nos trasladamos al Imperio Romano entenderíamos mejor el asunto de la vestimenta en la clase política, ya que los candidatos eran conocidos como tales al llevar la toga cándida, de un blanco impoluto que representaba la moral y la transparencia del mismo. A día de hoy, el traje de chaqueta parece el más extendido por la clase política. Pero ésto trae consigo uno de los problemas más enfoscados entre el binomio izquierda-derecha, y es la representatividad del mismo traje. Son muchos los políticos de izquierda que lo rechazan porque asemejan el traje a la corrupción, a la casta, a la clase política que ha robado y ha utilizado las instituciones como su cortijo etcétera. Sin embargo, otros prefieren seguir usándolo como símbolo de respeto a las instituciones, a los ciudadanos y a la alta ocupación que ostentan. En este asunto, creo que discrepo tanto de unos como de otros y rompo una flecha en mi nombre. Al igual que un obrero de la construcción lleva su mono de trabajo o un operario de renfe así como de cualquier otro puesto laboral, creo que el político tiene que usar una vestimenta apropiada. Para entender mi posición hay que analizarla con más detenimiento.

La vestimenta atiende a cuestiones fisiológicas de la propia actividad laboral, es decir, al igual que en la construcción no sería eficiente ni seguro trabajar con un traje de chaqueta, en el Congreso de los Diputados sería estúpido vestir un mono de trabajo propio de astilleros o aeronáutica. Si es cierto que algunos confunden el traje de chaqueta con la clase política o la clase burguesa, creo que tienen que atender a la cita el hábito no hace al monje, y en este caso en particular, el traje no hace al corrupto o al burgués. Posiblemente, algunos quieren que los políticos que dicen representar a la clase obrera vistan como la clase obrera, pero acaso no son las condiciones laborales las que hacen al individuo según Karl Marx.

En mi opinión, es ridículo atender a cuestiones como la vestimenta y generar polémica sobre un asunto de tal banalidad, cuando lo importante son las políticas y no los políticos, no sé si se me entiende. Me parecería una falta de respeto, a mí y a muchos correligionarios mios, que un político que usa la vestimenta para hacer política, diga representar a la clase obrera y se presente con las vestimentas que le plazca frente a un pelotón de obreros, sanitarios, educadores o incluso militares, que tienen la obligación de llevar uniforme para su actividad laboral. Por esa cuestión, creo que habría que modificar el reglamento de las Cortes Generales para establecer y tipificar una vestimenta concreta y no sexista de los Diputados y Senadores de este país, y caso resuelto.

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