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Del Compromiso Histórico (M-L)

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En primer lugar, el compromiso histórico es una fórmula teórica y dialéctica por la cual los partidos obreros, más concretamente, los partidos comunistas respaldan su postura a colaborar con las instituciones burguesas. Otros se dejarán de formalismos y definirán el compromiso histórico como una tapadera directamente. ¿Desde cuándo un partido comunista colabora y participa en las instituciones burguesas? Muchos tendrán respuesta y otros tantos no. Para responder medianamente bien tenemos que remontarnos a V.U. Lenin cuando decía que “El partido de la clase obrera, sin abandonar la legalidad, pero sin sobrestimarla, deberá combinar la labor legal con la ilegal”.

Como todas las teorías, ésta también está expuesta a la interpretación. Lo que podemos sacar de esa cita es que el partido comunista tiene que tener un pie en la calle, para organizar y generar conciencia de clase, su trabajo esencial, y un pie en las instituciones, que les sirven como altavoz de sus demandas, como medio de presión a la burguesía y, sobre todo, la legalidad de dicho partido. Un partido comunista que pasa a ser ilegal comienza con su expolio físico y material en la destrucción de su militancia y su actividad. De ahí que podamos hilar fino en la cuestión del compromiso histórico.

El compromiso histórico nace en Italia, en el seno del Partido Comunista Italiano (PCI) en los años 70s para asegurar la estabilidad del sistema liberal-democrático y poner freno al autoritarismo. En ese momento se rompe la línea teórico-práctica del partido que desde finales de la II G.M no colaboraba lo más mínimo con la burguesía y, simplemente, se presentaba a las elecciones para despertar conciencias. Un partido que, aún obteniendo cotas de hasta un 30% en 1948 y siendo segunda fuerza política en el parlamento, no accedió a gobierno ninguno.

Cuando se formula el compromiso histórico nace la corriente crítica y la corriente revisionista, y como es lógico, gana la corriente revisionista ya que tiene a la burguesía tirando de la cuerda desde el momento en el que se abre la veda del aburguesamiento del partido. La teoría lo plasma correctamente, mantener un pie en las instituciones no quita estar en la calle y el objetivo claro del partido comunista no es salvaguardar un régimen liberal-democrático ni la paz social. Por esa cuestión, el compromiso histórico es, sin lugar a dudas, un revisionismo completo por no decir una venta al por mayor del ideal del partido que en ese momento deja de ser comunista.

¿Y qué ocurre con la vertiente crítica que se genera tras la apertura del partido al régimen burgués? La venta de los postulados teóricos supone la desintegración del partido comunista, y como cabría de esperar, la vertiente crítica, que no es más que la rama consecuente con la teoría y la dialéctica marxista-leninista, se radicaliza. En este sentido, puede tender a la escisión del partido, que suele ocasionar una refundación tras otra del partido, o a la lucha armada, como ocurrió en el caso italiano con las Brigadas Rojas. Esta última postura es una bala desesperada que se dispara en caliente y no obtiene más fruto que la destrucción inter-generacional del movimiento comunista. La toma violenta del poder político por parte del proletariado, que definen los marxistas-leninistas, no es la rabieta infantil de un sector puro pero enojado con el sector revisionista.

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