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No cambio el 4 de Diciembre por el 28 de Febrero

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Pero motivos para celebrar siempre hay en esta tierra rica en alegría y festividades, campo y playa etcétera

Cuando llega el 28 de Febrero siguen faltándome motivos para la celebración, al igual que me ocurre el “Día de la Hispanidad”, porque aquellos que defendieron la libertad y el progreso en este país no son recordados esos días. Los festejos nacionales, en España y Andalucía, son el cortijo y el escenario de las altas alcurnias políticas, empresariales y nobiliarias frente a un populacho que sobrevive y que aún no ve más allá de los colores de su bandera. Y a banderas no nos gana nadie…

Yo no cambio el 4 de Diciembre por el 28 de Febrero y lo digo con rotunidad. ¿Por qué las fechas de regocijo nacional y regional en este país son fechas de institucionalización y no de rebeldía? Celebramos el día en el que la élite reconoció la autonomía a la región andaluza, pero nos olvidamos de aquel 4 de Diciembre donde el pueblo andaluz se lanzó a la calle con sus símbolos y su rebeldía para pedir paz, tierras y libertad. Aquel orgulloso y trágico día en el que unos fascistas acribillaron a tiros a Caparrós por lucir nuestra bandera. Ese día y ese acto de rebelión no se celebra porque la élite no quiere y tenemos amnesia colectiva impuesta desde arriba. ¿Será que no quieren las élites celebrar la rebeldía, el libertinaje y la cohesión social? Para la élite, es mucho mejor dar a entender que las cosas se consiguen desde arriba que desde abajo, pues si no lo hiciesen, la clase trabajadora entendería que en ellos recae el poder y la rebeldía es un arma de emancipación y libertad todopoderosa.

Una región agraria que no debe rendir más pleitesía a las castas nobiliarias como la casa de Alba y los Martínez de Irujo. Un pueblo masacrado en crisis económica perpétua que nos imponen las élites para estructurar un sector agrario improductivo y poco rentable, y un sector servicios basado en la hostelería del turismo, o lo que es lo mismo, desempleo estructural y temporal. El pseudo-nacionalismo que representaba un Partido Andalucista podrido de corrupción y una flor marchita del PSOE podrida de poder, que tiene a Andalucía y su administración pública como un cortijo privado de contratación a cambio de votos.

La clase trabajadora de Andalucía tiene el mérito, el poder y la responsabilidad de revertir esta situación política, económica y social. Son los trabajadores del campo, de la mar, de la industria naval y aeronáutica, de la minería, la educación y la sanidad, y todos aquellos desempleados y pluriempleados de la hostelería y del turismo, los que tienen que levantarse.

Esta Andalucía no tiene nada más que celebrar, a día de hoy, que la rebeldía que tuvieron aquel 4 de Diciembre.

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