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Gobierno sin funciones

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Mientras los debates se suceden, el engranaje de la Constitución se retuerce y el Gobierno se asegura sus posiciones en el Senado y la Administración ¿qué le ocurre a la clase trabajadora?

Desde las elecciones parlamentarias del pasado 20 de Diciembre, el país se encuentra sumergido en un caos político. Ese es el mensaje de las élites y de los medios de comunicación. ¿Es del todo cierto que nos encontramos en un caos? ¿Es una barbaridad que hablen de caos tras 8 años de recesión y crisis capitalista?

La partitocracia es cada vez más notoria y visible. El Estado de Partidos funciona, para el capitalismo, hasta que los partidos anteponen su supervivencia personal a los intereses del capital y los trabajadores. Ese es el verdadero bloqueo, la supervivencia partidista y no los intereses que hay tras cualquier pacto de Gobierno, que tendrá que obedecer a la Troika, el IBEX 35 y el resto de poderes fácticos.

Pero la cuestión más importante a tener en cuenta ahora es ¿ha percibido la clase trabajadora algún cambio desde que estamos sin gobierno? Hay que preguntarse esta cuestión porque es un arma de doble filo, excepto para cualquier ácrata. El Gobierno en funciones se dedica a mantener la Administración en funcionamiento pero poco más. Los ciudadanos pueden pensar que su vida no cambia con un Gobierno azul, verde o naranja, e incluso pueden llegar a pensar que viven mejor sin gobierno. Ésto nos lleva a pensar en la dependencia a la delegación de los poderes públicos que tiene la clase trabajadora. Es el momento de pensar que la delegación no sirve, no funciona, o más bien, no nos vale y no funciona para nosotros.

Aunque sea el momento de reclamar el desgobierno del capital y la herramienta del poder fáctico, es un momento muy peligroso el que podemos estar viviendo. En el epicentro de una crisis capitalista y con el sistema de partidos en quiebra, la derecha y el fascismo aparecen como soluciones viables para solucionar el bloqueo. Partidos, líderes y formaciones que abanderan el lema de acabar con la política y la delegación, y que no plantean nada más allá que la delegación total en ellos. Eso es peligroso y hay que combatirlo más que nunca.

Porque el problema no es la corrupción, la abstención de un partido, el pacto constitucionalista, la coalición de izquierdas ni las políticas anti-austeridad. La base de todos esos problemas es el sistema capitalista y es al que hay que señalar con mayor intensidad. El fascismo es causa sui del sistema capitalista en manos de la resentida clase media. Combatiendo el capitalismo se acaba también con el fascismo.

Ahora más que nunca ¡NO PASARÁN!

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