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¿Existe la clase política?

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Como mandan los cánones, primero hay que saber lo que es una clase social, antes de clasificar o estratificar a la sociedad. Aceptando la definición de Wikipedia: “una clase social es un grupo de personas que tienen condiciones comunes de vida o de trabajo e intereses y medios económicos iguales o parecidos”.

Con la anterior definición ya podemos ir descartando cuestiones. La clase política no existe como tal ya que dentro de la misma, si existiese, existen intereses y condiciones distintas. No podemos comparar a un Presidente del Gobierno del color político que sea con un Alcalde de pueblo. Existen distintos niveles que no se asemejan a las distintas capas de una clase social. Los intereses son diversos.

Una de las claves por las que podemos negar la existencia de una clase política como tal es la heterogeneidad de la misma. Una clase social es homogénea en cuanto a que las condiciones laborales y jurídicas son comunes. La explotación capitalista y los hábitos que ésta crea son idénticos para los miembros de una misma clase social. De la misma forma que podemos entender que la pertenencia a la “clase política” es voluntaria y no forzada. La clase trabajadora es tal de manera forzada y sistemática.

Pero si queremos partir de la base marxista, una clase social es tal por el antagonismo social, es decir, el antagonismo de clases genera la contradicción y la dicotomía social. La clase trabajadora tiene como antagonismo social a la clase burguesa, dominantes y dominados. En palabras de Karl Marx: “La burguesía es burguesía en detrimento de la clase obrera”. No podemos contemplar el nacimiento de una nueva clase social que carece de clase antagónica. De la misma forma que no podríamos encajar esa clase en la dicotomía de clases ya existente.

La supuesta clase política no es más que la cúpula de una superestructura estatal que sirve de herramienta o está al servicio de la burguesía. Esta cúpula tiene sus niveles administrativos, pero todos tienen en común su obediencia debida al sistema por los cauces que éste ha establecido. La cúpula carece de homogeneidad y lo que percibe por ser cúpula es unas condiciones y unos salarios mayores, así como unos privilegios jurídicos. Pero no por ello constituyen una clase social.

En la supuesta utopía sansimoniana donde un gobierno de industriales que dirigiesen a la sociedad como una empresa, entenderíamos mejor que la herramienta de la burguesía ha sido copada o directamente personificada en la burguesía, pero nunca como clase social distinta.

Tampoco la percepción social construye una clase social. Por más que las clases populares identifiquen al grupo político como una clase social, ésta no se constituye como tal. El efecto placebo de los medicamentos a los pacientes, es la clase política a la clase trabajadora, un placebo al que culpar de su miseria. Es más, me atrevería a decir que esta visión escuda y protege a la burguesía, así como una pantalla de humo. La corrupción y la crisis generada por los políticos, sería el titular de prensa perfecto para mantener contenta a las dos clases sociales, sacrificando la herramienta.

Por dicha exposición, existen organizaciones y partidos políticos que defienden la existencia de la clase política y la ejemplifican con un muro que ellos mismos, con el voto de las clases populares deben romper. Pero los intereses políticos no constituyen una clase social. Por eso, éstas organizaciones reciben el respaldo de la Patronal y el IBEX 35. Ya que obvian y ocultan la realidad de que sólo las condiciones materiales y laborales condicionan al ser humano para darle su sitio en la sociedad de clases.

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