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Que le lloren los suyos…

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Este artículo se escribe desde el respeto más profundo hacia la vida, humana o animal, por lo que no debe de ser interpretado como un burla o un desplante ante la muerte. Lo que sí quiero expresar en estas líneas es un sentimiento de repulsa ante los asesinatos y las torturas, los asesinos y los verdugos.

En el siglo XXI, los avances tegnológicos gobiernan la sociedad pero apenas podemos encontrar avances morales e intelectuales que impulsen a la sociedad al completo. En la actualidad, existe una especie, la humana, que se divierte y hace de la tortura y el asesinato un espectáculo. Al igual que el circo romano y la tragedia griega, donde se asesinaban en directo a los esclavos para que la obra y el espectáculo fuesen lo más realista posible, para divertir a las masas y ¿por qué no hacerlo si son esclavos? Lo mismo ocurre con otras especies que nos dedicamos a asesinar, en este caso me refiero al toro.

Miles de festejos, verbenas y tradiciones populares recorren este país con la intención de que la borrachera, el baile y el modelito vayan acompañado de un baño de sangre animal para divertimento de la plebe, sí, plebe, puesto que aquel que disfruta del asesinato y la tortura no merece otro apodo. Al igual que el torero, que se enorgullece de apodarse matador y hace del asesinato su profesión.

Pues si la profesión del asesino y el matador es asestar cuchillazos al lomo de un animal que no desea en ningún momento enfrentarse a él, ir desangrándolo poco a poco para que pierda fuerza y cuando ya está casi abatido, asestarle una espada en la sien, esa profesión no me merece el más mínimo respeto.

Tras la muerte del último torero vuelve la polémica al ruedo de la calle. Ha muerto un torero, hacía veinte años que no ocurría, no seríamos capaces de contabilizar los asesinatos de animales y toros en particular en los últimos años. La matanza es contínua y si el toro consigue defenderse adecuadamente e hiere al matador, él y su familia serán asesinados también, como mandan la tradición. ¿Cuántas vidas vale un torero?

Por eso mi reflexión es la siguiente, al torero que le lloren los suyos, los de su mundo de matadores que se sienten orgullosos de ello, yo no pertenezco a ese mundo y me da vergüenza pertenecer a un país y a una especie que se divierte y respeta el asesinato animal. Yo lloraré por la innumerable cifra de asesinatos que se cometen y a él que le lloren los suyos…

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