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“El Fín de las Ideologías”

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Desde la caída del muro de Berlín y la desintegración de la URSS nos vienen contando desde arriba que las ideologías forman parte del pasado. Esta introducción ya me da que pensar acerca del espejismo denominado “fin de las ideologías”. Si en la Guerra Fría competían dos formas antagónicas de entender el mundo y una salió victoriosa ¿no sería mejor llamarle el fín del conflicto y el comienzo del pensamiento único?

No puedo sino preguntarme qué viene después del fin del conflicto ideológico, si es que es cierto tal acabose. Mis estudios me llevan a ciertas hipótesis que no me tranquilizan en absoluto. El pensamiento único, con sus miles de matices, perfiles y características, nos entrega a una serie de conflictos innatos en las sociedad a los que el propio pensamiento único o unidimensional, como le llama Hebert Marcurse, no está diseñado para solucionar. 

Estamos ante una binomio entre lo normativo y lo radical, es decir, lo común, lo tradicional y lo admitido frente a lo que rompe lo establecido, lo innovador o no admitido por los demás. ¿Quién se atreve a negar que existe la ideología en este conflicto? Sólo aquellos que creen y defienden “el fin de las ideologías”.

Otro de los conflictos a los que nos enfrentamos son los identitarios, muchas veces camuflados o confundidos con los conflictos culturales. Los individuos en sociedad han aceptado el pensamiento unidimensional porque les otorga una congruencia intermitente y porque no aceptarlo supondría un sacrificio físico, social y moral demasiado grande para los individuos del siglo XXI. ¿Os imagináis a las Brigadas Internacionales en este siglo? ¿Gente capaz de dejar su país para luchar en una guerra y una tierra extranjera sin conseguir nada a cambio? A veces da que pensar si los que habitamos el planeta del siglo XXI somos completamente distintos a los que lo habitaron el siglo pasado. 

Ahora nos limitamos a preguntarnos el color de piel o la religión que tiene nuestro vecino o si deberían tener derechos los que huyen de la guerra en pateras y barcazas. ¿De veras se pueden contestar esas preguntas sin un componente ideológico? ¿Acaso no son preguntas de sentido común? ¿Entonces por qué nos las seguimos haciendo?

Creo que la ideología nos da congruencia pero también sentido común, en nuestra pequeña caverna de soledades nos da una verdad a la que agarrarnos como una tabla de madera en medio de un naufragio. La cuestión es que en el plano ideológico también existe un binomio, aceptar el pensamiento unidimensional o enfrentarte a él. Y no se yo si los individuos que habitan este planeta a día de hoy están diseñados para elegir por sí mismos la opción correcta, la más sufrida de todas.

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