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“Hay grandes cosas por las que merece la pena vivir y por las que vale la pena morir”. En esta cita del periodista y poeta comunista norteamericano John Reed (Portland, 1887-Moscú, 1920) se encierra su apasionante y revolucionaria existencia. Una vida que el también estadounidense, actor-director Warren Beatty, cuenta con parecido ardor en esta película hecha en 1981 en su honor y en el de la Revolución Rusa. Sin duda para hablar de ello podría haber recurrido a la magnífica “Octubre” (1928) de Sergei M. Eisenstein, la pieza definitoria del cine soviético.

Divulgar otra vez, con ese casi documental, los épicos acontecimientos que vivió el pueblo ruso hasta la caída del poder burgués defendido por los sucesivos gabinetes ministeriales que se formaron cuando abdicó el zar Nicolás II en marzo de 1917, era regocijante y tentador. Sin embargo, tras ver la película del protagonista de “Esplendor en la hierba” (1961), que no había vuelto a ver desde su estreno, me pareció instructivo basarme en ella para rememorar la primera revolución proletaria de la Historia y la participación de John Reed en esa sublevación. Por dos razones básicamente: porque es imposible hallar en la factoría capitalista de Hollywood otra producción cinematográfica que analice de manera seria y con cierta simpatía lo que supuso la ideología comunista a principios del siglo XX, y porque la agitada e intensa vida del activista norteamericano ponen de manifiesto las luces y las sombras del compromiso político revolucionario. Mostrándonos asimismo que una revolución no es un juego de niños, y que, como decía el Che, “cuando es verdadera se triunfa o se muere”

Louise Bryant, una mujer con arrestos

Pero “Rojos” es igualmente una fogosa e intrincada historia de amor entre el fundador del Partido Comunista de Estados Unidos y autor de “Diez días que estremecieron el mundo” y la también periodista marxista Louise Bryant (San Francisco, 1885- Versalles, 1936). Una mujer que tuvo los arrestos suficientes como para hacer frente a un país, los USA en los tiempos de la Primer Guerra Mundial, dominado por el conservadurismo político, la discriminación de género, la hipocresía sexual y la rectitud cristiana. Ambos revolucionarios se amaron libremente, fueron a la cárcel, se opusieron a la militarización en una época de patriotismo guerrerista, defendieron el socialismo cuando los esbirros del libre mercado golpeaban y asesinaban a huelguistas, y sobre todo, no quisieron ser meros intelectuales que atacan el sistema capitalista solo con palabras, sino mostrándose partidarios de la revolución en sus acciones y en su arte. Por lo demás, una película digna de ser revisitada sin a priori en este año del centenario de la Revolución bolchevique, no solamente por su contenido, sino también por su continente, es decir, por el empaque de su puesta en escena, la bella fotografía de Vittorio Storaro (“Novecento”) y por sus extraordinarias interpretaciones, sobre todo de Warren Beatty y Diane Keaton, pero también de Jack Nicholson como Eugene O’Neill y Maureen Stapleton como la anarquista Emma Goldman.

Rosebud

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