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“Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”, decía el presidente chileno Salvador Allende, que murió hace 44 años, durante el bombardeo del Palacio de la Moneda que dio inicio a la dictadura militar. A 27 años de restablecida la democracia, los jóvenes recuperan el legado del referente socialista.

El golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, liderado por Augusto Pinochet. provocó “repercusiones que se sienten con mucha fuerza hasta el día de hoy en lo humano, lo político y lo social”, explicó a Sputnik César Bunster, encargado de Relaciones Internacionales del Partido Comunista de Chile (PC). A pesar del paso del tiempo, esa fecha se vive cada año de manera muy “significativa”.

“Es algo muy sentido por nuestro pueblo. Es una fecha en la que las fuerzas de izquierda y el pueblo en general confirman su compromiso de seguir avanzando con el ejemplo de Salvador Allende, para construir un país mejor”, comentó el político.

La memoria de los aproximadamente 1.000 días de gobierno del pensador socialista inspiran a las “fuerzas progresistas” de hoy para poder llevar adelante “los cambios que él soñó” y logró durante su mandato, que terminó con el bombardeo del Palacio de la Moneda, y su muerte. Ese hecho marcó el inicio de una dictadura de casi 17 años que instauró un régimen neoliberal a ultranza, que se siente hasta el día de hoy en la sociedad chilena.

A criterio de Bunster, “el golpe del 73 no se trató simplemente de una asonada militar para terminar con un proyecto progresista” que proponía reformas importantes para Chile y pretendía avanzar hacia el socialismo. El país andino se transformó en un “laboratorio para la implementación” de un modelo económico.

“A diferencia de lo que ocurrió en otros países en nuestro continente, constituyó quizás el primer esfuerzo estructurado para poder implementar a sangre y fuego un sistema neoliberal conforme a las doctrinas elaboradas en la Escuela de Economía de Chicago por Milton Friedman y otros”, indicó Bunster.

Ese nivel de neoliberalismo “tan brutal” significó para millones de chilenos “la destrucción de la salud pública, de la educación y del sistema de pensiones”. Esos sectores pasaron a manos del mercado, lo que privó de derechos a grandes partes de la población, especialmente las más vulnerables.

“A 44 años de ese golpe de Estado que provocó todo esto, nosotros estamos haciendo esfuerzos para tratar de recuperar estos derechos que fueron arrebatados al pueblo de Chile”, precisó el portavoz del PC.

El Gobierno de Michelle Bachelet (2014—2018) ha llevado adelante una reforma laboral que busca cambiar la normativa “que instauró la dictadura” y ha impulsado medidas para establecer modificaciones en el sistema tributario, además de mejorar el acceso a la salud, la educación y las pensiones.

Entre las frases más rememoradas de los discursos de Salvador Allende hay una dirigida a la juventud: “Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”. Esta cita podría reflejar, según el entrevistado, a las nuevas generaciones como el motor del cambio para el país.

Ejemplos son los movimientos estudiantiles que en 2006 se batieron por la mejora de las condiciones edilicias de los establecimientos secundarios o por la gratuidad del transporte. Hasta ese entonces, “había un dicho muy chileno que se repetía sobre la juventud: ‘no están ni ahí'”.

“Es decir, se utilizaba para afirmar que los jóvenes no están en nada. Que no tenían planteamientos ni ideas para su país, y que no estaban involucrados en los grandes temas nacionales. Eso se rompió ese mismo año en el 2006 con las primeras movilizaciones”, recordó Bunster.

Rápidamente esos reclamos concretos fueron transformándose en “demandas estructurales referidas a la educación concebida en términos generales como un derecho y no como un negocio”. Las manifestaciones se multiplicaron en 2011 y alcanzaron una relevancia fundamental. Líderes de aquellos colectivos alcanzaron escaños en el Congreso, como en el caso de las diputadas comunistas Camila Vallejo y Karol Cariola, ambas menores de 30 años.

“Desde ese momento la juventud chilena se ha transformado no solo en un actor importante sino en muchos casos protagonista de los grandes transformaciones que exige la ciudadanía en general”, puntualizó el dirigente comunista.

A pesar de esto, el fantasma del golpe de Estado y de los defensores de Pinochet —civiles y militares— sigue cercano. Estos sectores que rendían “pleitesía” al dictador aún tienen “una cuota importante de poder que aflora con mucha fuerza”, especialmente al momento de criticar las reformas impulsadas por el Gobierno.

Un ejemplo es una carta firmada por 15 altos funcionarios militares publicada días atrás por el diario El Mercurio, en la que rechazan la acción de la Justicia contra hechos cometidos en dictadura y ponen en cuestión la legitimidad de las acciones del Gobierno en materia de derechos humanos.

“Ellos de esa forma demuestran que nuestra democracia no ha sido capaz de arrancarle el veneno, la ponzoña, a fuerzas políticas tanto civiles como militares, que todavía resaltan la figura de Pinochet y lo que según ellos es la justa intervención del 11 de septiembre del 73”, dijo Bunster.

“Revela por una parte la debilidad de la democracia, pero también el camino para seguir adelante, profundizar reformas y seguir avanzando para construir un Chile más democrático”, concluyó.

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