Durante la Crisis de los misiles en Cuba —un conflicto entre EEUU, la URSS y Cuba que tuvo lugar en octubre de 1962, después de que Washington descubriera bases de misiles soviéticos en territorio cubano—, la Casa Blanca barajó la posibilidad de asestar un golpe contra una base militar estadounidense bajo bandera falsa.

La intención de EEUU era usar el ataque como pretexto para invadir la URSS. Los detalles del caso fueron compartidos por el Archivo Nacional de EEUU como parte del ‘archivo Kennedy’, recientemente desclasificado por orden de Donald Trump.

Según informó el medio estadounidense The Daily Caller, el 22 de marzo de 1962 se llevó a cabo una reunión del llamado ‘grupo especial’, en la que participaron el entonces presidente de EEUU, John F. Kennedy, el fiscal general, Robert Kennedy, el secretario de Estado, Dean Rusk, el director de la CIA, John McCone, el consejero de Seguridad Nacional, McGeorge Bundy, así como el presidente del Estado Mayor Conjunto, Lyman Lemnitzer.

De acuerdo con los datos compartidos, los altos mandos examinaron la posibilidad de “adquirir o fabricar una aeronave soviética” que podría haber sido utilizada para llevar a cabo una “operación por sorpresa” contra las instalaciones estadounidenses o las de los aliados de Washington bajo bandera soviética, para luego llevar a cabo una intervención militar contra la URSS.

No obstante, afortunadamente, la Casa Blanca descartó esta idea, que pudo haber llevado al mundo a la Tercera Guerra Mundial.

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