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Una construcción política en diálogo con las ideas y la realidad

Una lectura detenida de los discursos y entrevistas del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, permite advertir que en ellos el concepto de Revolución adquiere una entidad propia

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Una lectura detenida de los discursos y entrevistas del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, permite advertir que en ellos el concepto de Revolución adquiere una entidad propia, que marca, desde hace varias décadas, la vida política de Cuba. Esta definición distingue un cambio macrohistórico, constituido por el proceso latinoamericano de descolonización e independencia. Baste recordar que la conquista y colonización ibéricas fueron seguidas, tras las guerras de independencia del siglo XIX, por el sometimiento político y económico de las naciones del continente a Estados Unidos.

En ese contexto, la Revolución encabezada por Fidel en la isla caribeña constituye un punto de ruptura sobresaliente. Los objetivos y logros alcanzados no son de ninguna manera nuevos: tal como ya lo hiciera en La historia me absolverá, el máximo líder traza una línea de continuidad entre las guerras por la Independencia y la Revolución cubana, que triunfó en 1959, entendido como un proceso de cambio profundo que no concluiría hasta que el país no solo superara los peligros externos, sino además que alcanzara la justicia social plena.

En la clausura de la Conferencia Internacional Por el Equilibrio del Mundo, en homenaje al aniversario 150 del natalicio de nuestro Héroe Nacional José Martí, el 29 de enero del 2003 expresó:

«Los que reanudamos el 26 de julio de 1953 la lucha por la independencia, iniciada el 10 de Octubre de 1868, precisamente cuando se cumplían cien años del nacimiento de Martí, de él habíamos recibido, por encima de todo, los principios éticos sin los cuales no puede siquiera concebirse una revolución. De él recibimos igualmente su inspirador patriotismo y un concepto tan alto del honor y de la dignidad humana como nadie en el mundo podría habernos enseñado».

Para Fidel, una Revolución implica una profunda conmoción de las estructuras políticas y sociales de un país, como así también de los sistemas de valores que deben ser modificados. El mundo que se inicia con promesas de libertad y de felicidad, especialmente para los más desposeídos, aparece como una enorme obra en construcción donde tienen lugar los mejores sueños colectivos.

Naturalmente, estos proyectos no funcionan, en ningún caso, aisladamente, sino que deben encuadrarse en estructuras más amplias, como una ideología y un proyecto político: la Revolución Cubana no puede ser comprendida si la desprendemos de la doctrina marxista-leninista y del proyecto de construcción del socialismo.

De manera que la marca identitaria del país, es la Revolución que configura a Cuba tal como es hoy y la que, sumándose a las virtudes históricas del pueblo cubano, le ha aportado los valores que la distinguen de los demás, como lo expresó su máximo líder en la velada conmemorativa de los cien años de lucha el 10 de octubre de 1968:

«[…] Y nada nos enseñará mejor a comprender lo que es una revolución, nada nos enseñará mejor a comprender el proceso que constituye una revolución, nada nos enseñará mejor a entender qué quiere decir revolución, que el análisis de la historia de nuestro país, que el estudio de la historia de nuestro pueblo y de las raíces revolucionarias de nuestro pueblo».

Del conjunto de sus discursos públicos, en relación con la gesta de 1895, se deduce en buena medida la legitimidad de la necesidad sentida por él de fomentar un desarrollo ideológico popular propio. Es la necesidad de cambiar y conservar, en equilibrio lo necesario, con sentido del momento y a tono con una plataforma de principios a actualizar permanentemente en su funcionamiento histórico. Por eso define al pueblo como sujeto político de la Revolución.

Si no se nota en las concepciones de Fidel esta peculiaridad en la intencionalidad con que procura, para las condiciones de Cuba, la trilogía historia, revolución, pueblo; se desatiende su pensamiento al respecto, que se explicita con los realces de uno u otro concepto, según lo que cada situación histórica le aconsejen. Igualmente para que las frases se conviertan en legado, es necesario penetrar en sus esencias y convertirlas en guía para la acción.

UNA REVOLUCIÓN CON SENTIDO DEL MOMENTO HISTÓRICO

La mayor herencia ideológica de Fidel está en su último concepto de Revolución, expresado públicamente el 1ro. de Mayo del 2000, un hecho histórico consumado como proceso, en que un grupo de seres humanos, integrado por la mayoría se proponen alcanzar grandes objetivos o metas. Si se analiza detenidamente cada punto, nos salta a la vista como testamento político al pueblo de Cuba. Cada una de sus definiciones, plantea no solo lo que es Revolución, sino cómo debe ser un revolucionario, cuáles son los valores que debe tener y nos marca el camino para continuar la obra.

Al inicio de sus enunciaciones, llama la atención que el Comandante en Jefe coloca la historia en primer lugar. Entonces nos viene a la mente cómo convirtió en victoria el revés del asalto al cuartel Moncada, como motor impulsor de la Revolución. También cómo el desembarco tardío del Granma y el descalabro de Alegría de Pío, no impidieron que se reagruparan en Cinco Palmas, donde con pocos fusiles y hombres sentenció «ahora sí ganamos la guerra», contra la dictadura de Fulgencio Batista y lo logró. Esos son algunos ejemplos iniciales de la lucha, de lo que es tener sentido del momento histórico para los revolucionarios.

Y eso ha concebido la Revolución, a lo largo de los años, en cada momento lo que se ha tenido que hacer, incluso, cuando desapareció la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y nos enfrentamos al Periodo Especial, bajo su orientación, se hizo lo que en ese momento histórico se requirió y a pesar de las dificultades el pueblo cubano resistió heroicamente.

En la actualidad es necesario para concebir una estrategia política coherente, valorar las circunstancias y realidades que están ocurriendo en Cuba y en el mundo, los peligros y las oportunidades, lo que los hombres y mujeres sin excepción, piensan y hacen, desean o rechazan; eso es tener sentido del momento histórico.

Desde esa perspectiva, se manifiesta en el guía histórico de la Revolución cubana una preocupación permanente por el devenir y porvenir del proceso político, porque el presente viabilice el futuro a través de una orientación hacia la transformación constructiva del estado de cosas existentes, dirigida a la vez a fomentar una actitud activa ante los grandes objetivos a lograr. De ahí que subraye la importancia de armarse de ideas, de conceptos revolucionarios para el porvenir; levantar trincheras ideológicas sin desestimar a la par, las trincheras de piedras, haciendo a los jóvenes abanderados de estas ideas.

Es un artífice en la utilización de la función educativa y se esfuerza por razonar los comportamientos político-morales que le son afines a las posiciones políticas que asume. Y lo hace con la particularidad de presentar ese contenido como propuestas histórico-concretas que acogen en sí a la doctrina revolucionaria que participa de la tradición nacional.

Tributa así a la transmisión y precisión de conceptos de la política revolucionaria en aras de la conformación de la opinión pública, a la mejor disposición de ánimo y, muy ligado a esto, al delineamiento de autoconciencia sobre la naturaleza distintiva del proceso revolucionario a partir del análisis histórico.

Por eso, el sentido del momento histórico para Fidel, de manera general, muestra una construcción política en diálogo entre las ideas y la realidad, entre las aspiraciones y las demandas presentes, entre los apegos doctrinales y los problemas específicos de la nación y del pueblo. Pero al mismo tiempo se observa un permanente pensar la situación nacional e internacional y el repasar la historia creando un reservorio de ideas con valor para orientar la práctica social.

Asimismo, Fidel Castro no deja de esforzarse por empujar el curso de la historia en el sentido que le marcan aquellas matrices ideológicas y doctrinales, razón por la cual no clausura su esfuerzo político en pensar lo inmediato cualquiera que sea la fuerza que porte, pues tiende a hacerlo en conexión con lo futuro cercano y lejano que está en el horizonte del ideal; lo que le hace ser profundamente consecuente en lo ideológico y políticamente responsable.

Este concepto de Revolución, nos está señalando que la única salida es el triunfo. Fidel pasa a la inmortalidad con el pensamiento y la certidumbre de que la Revolución continuará triunfante. Es una expresión de confianza para con su pueblo, que no dejará caer las banderas que él nos enseñó a defender.

Dolores B. Guerra López

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