Publicado por Adolfo Ferrera Martínez

Desactivado el “Estado Islámico” como tal en Siria, el mayor desafío al que ahora se enfrenta el gobierno sirio es liberar la totalidad de su territorio de la presencia de los patrocinadores de los terroristas, es decir, de las diferentes fuerzas invasoras que todavía intervienen ilegalmente en el país. El problema es que todas estas fuerzas que antes trabajaban unidas por el “cambio de régimen” en Siria, ahora se enfrentan entre sí tratando de imponer sus propios intereses y ganar fuerza antes de sentarse en la mesa de negociaciones.

En concreto me estoy refiriendo a Turquía y Estados Unidos y a los diferentes grupos de mercenarios que operan bajo su mando. Observemos con atención la situación objetiva actual:

Turquía es un destacado miembro de la OTAN que desde el pasado día 20 de enero ha iniciado una guerra militar en contra de los kurdos situados en la región de Afrin, en el noreste de Siria. Los kurdos sirios son de facto los soldados de infantería de Estados Unidos, papel que comparten junto con los derrotados terroristas de Al Qaeda/ISIS ahora desactivados por Trump en Siria a la espera de nuevas órdenes. Es decir, que esto supone que la operación militar lanzada por Erdogan (la Operación “Rama de Olivo”) es un ataque directo contra los intereses estadounidenses en Oriente Medio, nada más y nada menos.

Recordemos que la estrategia inicial de Washington (de la OTAN/CCG en general, incluido Israel) era lograr la “balcanización” de Siria, lo cual incluía la creación de un Kurdistán que ocuparía territorio no sólo de Siria e Irak sino posiblemente de Irán y de la propia Turquía: el Gran Kurdistán.

Era sólo una cuestión de tiempo que sus intereses chocaran frontalmente en Siria. Ahora Turquía parece decidida a romper la última carta que manejaba Estados Unidos para ejecutar dicho proyecto. Obviamente Erdogan no lo hace para defender los intereses del pueblo sirio o apoyar a un presidente al que odia. Pero aún así me imagino que el presidente Bashar al-Assad estará “disfrutando” viendo cómo dos de sus enemigos más poderosos, dos potencias que invadieron Siria y pusieron precio a su cabeza, se están matando entre sí provocando de paso una crisis dentro de la OTAN similar a la que se produjo anteriormente dentro del moribundo Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) cuando Arabia Saudí trató de aislar a Catar, los otros dos principales regímenes que lideraron la guerra terrorista contra Siria desde 2011.

Turquía sigue siendo miembro de la OTAN (aunque aspira a ingresar en la Organización de Cooperación de Shanghái) y continúa ocupando un país soberano de forma totalmente ilegal. Cierto. Pero no hay que olvidar que la actual Turquía de Erdogan ha dado un giro geopolítico radical en sus alianzas estratégicas alejándose de forma escandalosa de la órbita de influencia Occidental, como demuestra su implicación en los Acuerdos de Astaná junto a Rusia e Irán. O también su apoyo a Catar frente a Arabia Saudí, o su reciente papel protagónico en contra de la decisión de Trump respecto a Jerusalén, o sus actuales acuerdos de cooperación con Sudán en pleno conflicto con Egipto, por citar algunos ejemplos.

De hecho Turquía está actuando con el “consentimiento” (y puede que la cooperación) de Rusia. La región kurda de Afrin atacada por Turquía estaba bajo la protección de Moscú. Parece claro entonces que Rusia está mirando para otro lado en Afrin a cambio de que Turquía se retire de Idlib, donde el Ejército Árabe Sirio está ahora avanzando a pasos agigantados en su lucha contra los terroristas. Los altos funcionarios rusos trataron anteriormente de llegar a un acuerdo con los kurdos, pero éstos rechazaron enérgicamente su propuesta para seguir bajo el paraguas protector de Washington trabajando para continuar la guerra hasta lograr fracturar a Siria.

Ahora puede que los kurdos sirios comiencen a pagar el precio de su traición tras haberse situado a los pies de los invasores que, llegado el momento, no dudarán en abandonarlos a su suerte. Rusia e Irán están observando pacientemente cómo su aliado turco realiza el “trabajo sucio”, mientras el ejército sirio recupera su territorio en el noroeste. Estados Unidos está aislado y “empantanado” en Siria.

Turquía, que también perdió la guerra en Siria como miembro de la OTAN y patrocinador del terrorismo contra ese país desde 2011, se ha pasado con gran astucia al bando ganador. En esto tuvo mucho que ver el intento de golpe de Estado patrocinado por Washington que sufrió Erdogan en julio de 2016.

Bajo el liderazgo del ambicioso Erdogan Turquía pretende ser una referencia para el “mundo musulmán” y una potencia clave del nuevo orden multipolar que se está consolidando. Muy pronto será declarado oficialmente como nuevo miembro del “Eje del Mal”, lo que le arrojará definitivamente al “Círculo Dorado Euroasiático” junto a China, Rusia, Irán y Pakistán.

En este contexto geopolítico, y a la espera de cómo responda Washington ante este ataque directo de Erdogan, sería más factible que el gobierno sirio alcanzara un acuerdo de paz futuro con Turquía liderado por Rusia en una Siria libre de tropas estadounidense sobre el terreno. Pero para llegar a ese hipotético escenario, primero habría que expulsar literalmente a Estados Unidos de Siria y derrotar a sus mercenarios kurdo/yihadistas ahora reconvertidos en “guardias fronterizos“. Y esa es otra historia.

Por ahora lo más relevante e increíble al mismo tiempo es que sea un miembro de la OTAN quien haya iniciado esta necesaria tarea de limpieza. Paradójicamente los bombardeos turcos contra los kurdos sirios son dirigidos desde la base militar de Incerlik que Turquía comparte con Estados Unidos y otros miembros de la OTAN. Esto explica porqué Washington – tan propenso a amenazar con bombardear a cualquiera que ose desafiarlo – está teniendo en este caso tanto tacto diplomático a la hora de dirigirse al gobierno turco. Son las consecuencias de haber perdido la guerra terrorista que iniciaron contra Siria.

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