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Los políticos europeos hace años declararon sus intenciones de independizarse de los suministros del gas natural ruso, con un éxito discutible. La combinación de un invierno frío en 2018 y la caída de la producción interna europea parecen haber persuadido a los altos cargos de la UE de que con Gazprom hay que entablar relaciones aceptables.

Un frío invernal más intenso de lo normal para Europa, que parece todavía ignorar las tendencias del calentamiento global, reveló una peculiaridad importante de los suministros de hidrocarburos rusos, escribe un columnista de Sputnik especializado en temas de economía, Iván Danílov.

Resultó que le sale difícil a la Unión Europea responder a los casos de emergencia. El aplaudido gas natural licuado de EEUU o Catar no puede servir de tal ‘salvavidas’, sobre todo debido a sus volúmenes, ni hablar del precio elevado de los suministros en comparación con los gasoductos.

Y es peor: Noruega, el proveedor crucial europeo, se acerca a su máxima capacidad de producción mientras Holanda, otro proveedor importante, se ve obligado a reducir sus volúmenes de extracción por razones medioambientales, cita Danílov los datos ofrecidos por Bloomberg.

“El picante matiz de no poder sustituir fácilmente, o incluso sustituir en general los suministros desde Rusia, es un importante impulso para que la Comisión Europea reevalúe sus relaciones con Gazprom”, escribe el autor.

Los gasoductos alternativos tampoco ganaron mucha tracción. El proyecto del gasoducto magistral Nabucco desde Azerbaiyán, una idea muy popular hace unos años, hoy en día apenas se menciona en los medios.

Otro proyecto prometedor para Europa, el del gasoducto catarí desde el yacimiento South Pars-North Dome a través de Siria, se ve detenido por la guerra civil en Siria, pero, más importante, por el rechazo del mandatario sirio Bashar Asad de dar luz verde a un proyecto que perjudicaría a sus aliados, Rusia e Irán, ambos importantes exportadores de gas natural.

En esta situación, la Comisión Europea está ‘destinada’ a ponerse de acuerdo con Gazprom, escribe Danílov, algo que los empresarios europeos buscan acelerar. Así, el jefe de la empresa suiza, gestora del proyecto del gasoducto Nord Stream 2, amenazó con ir a los tribunales y demandar indemnizaciones en caso de que la UE consiga bloquear el proyecto.

“La Comisión Europea quizá ya lo entienda todo ella misma, pero no está mal tener un argumento adicional en forma de una perspectiva de pagar recompensas millonarias para presionar a los funcionarios europeos”, escribe el analista.

Los perdedores en toda esta historia son aquellos países y empresas que planeaban aprovechar el deseo de Europa para disminuir su dependencia del gas ruso.

Polonia, Ucrania y los países Bálticos apostaron por la noción de que “la UE pagará cualquier precio y hará cualquier sacrifico para dañar a Rusia y su gigante gasístico”.

“Ha sido un gran error histórico, cuyo precio y profundidad aún están por entender”, concluyó.

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