“… cautivo y desarmado el ejército rojo…” decía el último parte de guerra, y todo indica que continuará así también en las próximas elecciones regionales/locales, al menos en la capital del reino borbónico. La exposición pública, la aparición en la sexta y sus aledaños es argumento definitivo para lo que han hecho del pragmatismo y buen yantar personal causa irrenunciable. Carmena y Errejón, Errejón y Carmena representan tan a la perfección el reformismo tan reformismo, el engañabobos de querer cambiar las cosas desde dentro, que su candidatura al Ayuntamiento y la Comunidad se convierten en un ejemplo vivo de lo que se vende como la única izquierda (posible) para no serlo. Los que practican el dogma cuasi religioso del pragmatismo, siempre dirán que es mejor hacer buena letra a Montoro y su Hacienda para poder seguir así arreglando semáforos y que la gente quiere soluciones, no discursos. Demasiado poco y viejo argumento para intentar ocultar de qué lado está el reformismo en esto de combatir el capitalismo. La clave para estar ahí, como cabeza de cartel, es su nula animadversión al PSOE. Tanto que si el partido de Sánchez y sus mariachis le hiciera una invitación a la fiesta progre, dejarían hasta el apellido con tal de asegurar mantel para los próximos años.

No hay nada nuevo bajo el sol. Ellos hacen su papel en la función, el problema está en la izquierda. Esta última semana se han extendido reuniones y contactos de personas y organizaciones para buscar una salida y crear un algo electoral a la izquierda. Incluso gente que participa de grupos cercanos a Carmena/Errejón ven escandaloso que la izquierda tenga que votarles para poder seguir diciendo al otro día “que no nos representan” y cabrearse con la servidumbre a la socialdemocracia.

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