Mucho más allá, por poner solo unos ejemplos, de los casi 1500 políticos imputados, de cambios en la alcaldía de ciudades como Alicante por la compra por el PP del voto de una tránsfuga de Podemos al más puro estilo “Tamayazo”, de la existencia de líderes mineros como Fernández Villa “amnistiando” 1.400.000€ ocultos en paraísos fiscales, de un tal M.Rajoy que nadie sabe quien es pero que sí se sabe que cobraba dinero en B, de un cuñado y yerno condenado disfrutando de unas vacaciones en Suiza o de la existencia de una trama de entrega de títulos universitarios a cambio de dinero y servicios prestados; la realidad del Reino de España es la de un estado que hace aguas allá por donde se le mire. ¿Y por qué ocurre eso? ¿Y por qué no hay una revuelta popular generalizada contra esta situación de emergencia?

Son estas reflexiones que nos hacemos a diario y sobre las que no está de más que, de tanto en tanto, además de refrescar lo que ya hemos afirmado tantas veces, vayamos añadiendo nuevos datos y elementos de análisis. No es suficiente gruñir y desearles lo inimaginable; es necesario que demos un paso más y seamos capaces de convertir nuestra ira impotente en odio creativo capaz de socavar los cimientos de su dominación.

Nos mean y dicen que está lloviendo. Célebre pintada que apareció en las paredes de Buenos Aires y que, en un elevado pensamiento, resume la realidad que nos aplasta desde que la burguesía constituida en clase en el poder, descubrió que es más fácil explotar bajo el paraguas de lo que, sin ruborizarse, aun se atreven a llamar democracia pero no es más que una de las diversas formalidades que adopta la dictadura del capital.

Corrupción evidente de la que solo vemos la punta del iceberg y de la que, conociendo solo por encima las cifras de los casos más mediáticos, se nos hace difícil imaginar los números y el alcance de los negocios gestionados por la empresas del Ibex y las familias de rancio abolengo con acceso directo a Zarzuela. Corrupción secular, innata a la formación social y económica de la España moderna que se artículo en tiempos de Isabel II y que, pese a ser asimilada por las grandes masas con la más absoluta normalidad pues siempre se identificó Estado con Corrupción, en tiempos de crisis fue la mecha por la que estallaron los grandes levantamientos populares.

Crisis de estado propia de un sistema sumido en una profunda crisis económica desde 2008 y que, por muchas válvulas de escape que vaya generando con jugadores de refresco y un circo permanente de alienación y embrutecimiento social, en el fondo solo es capaz de sostenerse mediante la desvalorización constante de la fuerza de trabajo y el empobrecimiento creciente de la población trabajadora. Un país que gestiona la desazón y la inevitable explosión de rabia que se empieza a expresar desde los más diversos ámbitos, como solo sabe hacerlo su clase dominante: con violencia y represión en nombre de la Ley y el Orden. Como los nazis o el franquismo que todo lo hicieron en defensa de la ley…de su ley, hoy en el capitalismo en crisis de España no hay espacio para la libertad de expresión o para el ejercicio de derechos universales como la manifestación o la autodeterminación de los pueblos.

No, el capitalismo español no tiene margen para concesiones democráticas de ningún tipo y solo contempla la violencia como elemento central de la defensa de sus intereses y criminalización de quienes osen criticar la legitimidad de su status quo.

Ante ese futuro indeseable de pobreza y represión que nos depara el capitalismo monárquico español, es hora que en la calle y en los centros de trabajo el pueblo se levante contra la dictadura que avanza sobre nuestros derechos y construya su propio futuro Republicano y Socialista.

Julio Díaz

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