El personal de un museo del Holocausto en Polonia afirma haber sido objeto de acoso por parte de grupos nacionalistas, algo que atribuye a una polémica ley polaca sobre la narrativa del exterminio de judíos en la Segunda Guerra Mundial.

En los últimos meses los nacionalistas polacos han incrementado la presión sobre el museo de Auschwitz-Birkenau —situado en el lugar donde se levantó el infame campo de concentración homónimo— al que acusan de dar una visión de la historia sesgada y contra los polacos.

La ley aprobada el pasado febrero criminaliza ciertas declaraciones sobre los crímenes cometidos en Polonia durante la Segunda Guerra Mundial, incluidas aquellas que describen como ‘polacos’ los campos de exterminio nazis, como Auschwitz-Birkenau.

La legislación, que según las autoridades polacas busca evitar que se difame la historia polaca, refleja el sentimiento de los nacionalistas, que consideran que la narrativa sobre el Holocausto favorece a las víctimas judías de los nazis y subestima el sufrimiento de los polacos no judíos bajo la ocupación. La aprobación de la ley provocó fuertes reprimendas de Israel.

“El daño colateral de esa disputa es que Auschwitz se ha convertido en un objetivo. Ha habido gente que ha dicho que no se les había permitido tener una bandera polaca aquí, o que aquí no se rinde memoria a los polacos, que el museo es antipolaco. Todo esto no es verdad y nos vimos obligados a responder”, explicó en declaraciones a The Guardian el portavoz del museo, Pawel Sawicki.

Este y otros museos se ven también sometidos a presión política. En febrero, un funcionario local sugirió que los guías de Auschwitz sean facultados por el Instituto de Memoria Nacional, un organismo estatal que fomenta una narrativa histórica propolaca. El museo está subordinado al Ministerio de Cultura.

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