Hoy el mundo festeja el Día Internacional del Personal de Paz de las Naciones Unidas (ONU), un estamento que ha estado puesto bajo la lupa por sus reiterados casos de abusos sexuales y de poder.

Las Fuerzas de Paz de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), más conocidas como “cascos azules” por el color que portan sobre sus cabezas, son cuerpos militares cuyo objetivo es mantener la paz en áreas de conflictos, brindando además asistencia a quienes lo precisan.

Pero ¿qué tanto cumplen su misión? y, peor aún ¿qué tanto afectan ellos mismos la paz que deben pregonar a las personas que más necesitan de su ayuda?. Muchos de ellos están hoy implicados en casos de abusos sexuales.

Casi dos mil casos de abusos sexuales, perpetrados por miembros de los cascos azules, se han registrado en los últimos doce años en el mundo, incluidos más de 300 casos que implicaron a menores de edad. Pero solo una pequeña proporción de estos abusadores terminaron tras las rejas, según una investigación de la agencia internacional AP News.

Los datos, conseguidos por la agencia, se basan en informes internos de la ONU y en entrevistas con víctimas, investigadores y funcionarios de la organización.

Haití 

Tan solo en Haití, nueve adolescentes de ambos sexos fueron explotados sexualmente de manera sistemática por al menos 134 cascos azules entre 2004 y 2007. Los delitos incluían tanto sexo a cambio de comida y dinero como violaciones, incluso, grupales.

De acuerdo con un informe interno de la ONU, 114 de los efectivos fueron enviados de vuelta a su país como resultado de un proceso interno, pero ninguno de ellos fue encarcelado.

República del Congo

Los casos se repiten. En África, varios soldados fueron recientemente acusados de explotación sexual de mujeres, incluyendo una reclamación de paternidad en uno de los hechos, según informó en febrero de este año el portavoz de la ONU, Stephane Dujarric.

Dujarric aseguró que la ONU e investigadores sudafricanos realizan una investigación conjunta respecto a los crímenes cometidos.

Sudán del Sur

En abril de este año, la misión de la ONU en dicho país anunció una investigación por un posible caso de abuso sexual a cuatro menores de edad en una de las bases de los cascos azules, luego que tras ser sorprendidas entrando escondidas a una de las bases, una de ellas revelara que un miembro les ofreció pagarles a cambio de tocaciones.

Este es el segundo registrado en Sudán del Sur en los últimos dos meses. El primero fue en febrero, cuando 46 efectivos fueron expulsados de su base, tras ser acusados de abuso sexual a cambio de dinero por mujeres de la zona.

República Centroafricana

Un total de 120 soldados que portan cascos azules fueron regresados a sus países de origen tras cometer abusos sexuales contra mujeres, adolescentes y niños en la ciudad de Berberati en 2017.

De acuerdo con la campaña Código Azul del organismo civil AID-Free World (mundo libre de Sida), la República Centroafricana es uno de los casos más graves de los cascos azules en el mundo, por la gran cantidad de denuncias y al aumento progresivo de las mismas, muchas de los que involucran menores de edad, y que vienen registrándose desde 2014.

A pesar del correr del tiempo, la situación no cambia. En marzo de este año, una investigación de la Misión Unidimensional Integrada de las Naciones Unidas para la Estabilización en la República Centroafricana (Minusca) determinó que la situación en el país “se ha deteriorado hasta el punto de que el batallón ya no es confiable debido a un liderazgo pobre, falta de disciplina y deficiencias operacionales”.

¿Qué hace la ONU?

Según sus estamentos, la ONU no tiene facultades jurídicas sobre los cascos azules, ya que la potestad de imputarlos y llevarlos a juicio pertenece a los países que contribuyen con su propio personal militar a las fuerzas de la organización.

El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, instó en marzo de 2017 a tomar nuevas medidas para combatir los delitos sexuales de los cascos azules.

Pese a esto, la ausencia de consenso sobre una reforma, sumado a la falta de transparencia por parte de los Estados miembros, quienes no han querido liberar los nombres de los abusadores identificados, hace que la probabilidad de justicia y eventual solución sea muy difícil.

“Digámoslo con una sola voz: No toleraremos que nadie cometa o consienta la explotación ni el abuso sexual. No permitiremos que nadie tape estos delitos con la bandera de la ONU”, dijo Guterres en 2015, mientras hoy, a tres años de sus declaraciones, los abusos persisten en las misiones repartidas por el mundo.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.