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El arte de equilibrar o…

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…el cambio de rumbo. Depende del punto de vista. Es la botella medio llena o medio vacía.

Es la historia de Rusia. Dentro y fuera de su territorio. Dejaré por el momento lo de dentro -que tiene tela, con Putin reforzando a todo el sector neoliberal y dándoles, de nuevo, todo el poder económico- y me centraré en el externo. En Siria.

Rusia acaba de confirmar que ha llegado a un acuerdo con Israel para que el ejército sirio se haga cargo del control de las fronteras del sur del país a cambio de que los iraníes y Hizbulá no participen en la ofensiva y que se mantengan alejados de la frontera de Israel. Esto es más simbólico que importante, puesto que desde hace tiempo ni iraníes ni Hizbulá participan en operaciones militares, puesto que el ejército sirio ya tiene la capacidad suficiente y los efectivos necesarios para hacerlo. De hecho, ahora está licenciando a soldados, lo que indica que la época dura de escasez de soldados ya pasó.

Es decir, todas esas tonterías que se estuvieron diciendo un tiempo sobre que el régimen fascista de Israel se preparaba para la guerra con Rusia no son otra cosa que tonterías. Porque a diferencia de EEUU, donde el lobby judío está en Washington, el lobby judío ruso está en Tel Aviv. Son dos millones de judíos rusos los que viven en Israel y es aquí donde se hace presión, una presión diferente a la de EEUU porque viven sobre el terreno la situación. Y Rusia no puede desoírles. Eso ayudará a entender la estrecha relación que hay entre Rusia e Israel y el por qué de los viajes de Netanhayu a Moscú y el por qué Israel cuenta con que Rusia suele mirar para otro lado cuando ataca a Irán o a Hizbulá en territorio sirio.

Además, esta gente de origen ruso se ha comprometido a presionar a EEUU para una normalización de relaciones de Rusia con EEUU, y eso suena a música celestial para los neoliberales pro-occidentales rusos. Teniendo en cuenta que ahora Putin les ha reforzado a nivel interno, se entiende mucho más qué está pasando y por qué Rusia no dio un golpe encima de la mesa cuando los ataques de EEUU y sus vasallos europeos a Siria. Putin considera que el frente euroasiático ya está suficientemente desarrollado y que ahora llega el momento de intentar la reconciliación con Occidente.

Rusia es un aliado de Irán. Lo fue durante las sanciones, pese a que las apoyó en la ONU, y lo es ahora. Sin embargo una cosa es ser un aliado táctico y otra estratégico. El aliado estratégico de Irán es China, no Rusia. El aliado estratégico de Rusia en la zona es Israel. Así hay que entender los últimos movimientos rusos, cada vez más proclives a Israel y más críticos con Irán.

Por ejemplo, Putin criticó a Irán en el Foro Económico de San Petersburgo el pasado 25 de mayo. Y lo hizo con un lenguaje muy similar al utilizado por Netanhayu. Este es un foro tradicional de los neoliberales rusos en el que se quiere emular al Foro de Davos y que sólo tiene una pretensión: lograr la distensión con Occidente y, en especial, con EEUU.

Está claro que Rusia está cambiando de rumbo. La guerra está ganada en Siria a nivel militar, otra cosa es la cuestión política. Y aquí Rusia está claramente presionando a Siria en una doble vía: para que sea más flexible en la composición de la Comisión Constitucional que se aprobó en Astaná y en que modere su presencia en el “eje de la Resistencia” contra Israel. Rusia quiere acelerar el acuerdo político y aprovechar el tirón para coger un gran trozo de pastel en la reconstrucción de Siria. Porque intuye que los chinos ya se están adelantando.

En el primer asunto, hay un enfrentamiento claro entre los intereses de Rusia, que habla -al igual que EEUU, Arabia Saudita y la “contra”- de elaborar una nueva Constitución, y los de Damasco, que insiste en que sólo hay que revisar algunos aspectos de la misma. En el segundo, Rusia no quiere que haya la menor amenaza para Israel mientras que Siria mantiene que la presencia de Irán y Hizbulá ha sido a invitación suya, al igual que hizo con Rusia, y que será Damasco quien decida cuándo y cómo se tienen que retirar esas fuerzas.

Rusia lleva unas semanas responsabilizando a Irán de aumentar las tensiones con Israel, no al revés. Es decir, consciente o inconscientemente -y en política exterior no se hace nada al azar- se está dando pábulo a lo que dicen EEUU y los sionistas. Rusia está claramente intentando que “su” lobby presione para una normalización de relaciones con EEUU utilizando un lenguaje que suena bien a EEUU. Eso tiene algo que ver con lo que se está diciendo de que una hipotética entrevista entre Putin y Trump puede producirse después del verano.

Quien vea la botella medio llena podrá decir que la postura rusa lo único que pretende es un equilibrio entre unos y otros. Gracias a Rusia se ha ganado la guerra. Gracias a Rusia se pusieron en marcha “zonas de desescalada” bélica en Siria que ha ido sirviendo para que el ejército fuese recuperando terreno al silenciar varios focos a la vez, lo que le ha permitido centrarse en uno y luego en otro. Los casos de Guta y Yarmuk son claros. Gracias a Rusia se puede llegar a un acuerdo, como el que se acaba de reconocer, por el que el ejército sirio llegará a las fronteras del sur sin tener que pelear en exceso lo que supone, lisa y llanamente, el reconocimiento por todo el mundo, Israel incluido, de Basar al-Assad y una reducción significativa de la influencia de la “contra” en esa zona. Sólo quedaría la cuestión de Idlib y los kurdos.

Eso implica también a otros patrocinadores de la “contra” siria como Arabia Saudita. Desaparecida la financiación de Qatar, solo queda la de Turquía, al norte, y la de Arabia Saudita y EEUU, al sur (quitando a los kurdos). Un acuerdo como el que se acaba de reconocer por parte de Rusia solo sería posible si también forma parte de él Arabia Saudita. Una cosa es que sea Israel quien lo negocia y otra que Israel tenga influencia sobre los grupos de la “contra”. Puede que la tenga con alguno, pero es Arabia Saudita quien les financia. Por lo tanto, también Arabia Saudita está metida en el ajo. La constatación la tendremos si no hay enfrentamientos y se llega a un acuerdo para el que ya se da un plazo: quince días.

Concluyendo, el gobierno sirio obtendrá un reconocimiento expreso de su existencia, su ejército controlará los pasos fronterizos con Jordania -sin descartar una retirada de EEUU de la zona que ocupa en Al-Tanf-, con lo que todas las vías principales estarán abiertas y eso redundará en una rápida mejora de la situación económica, y a cambio Irán se irá retirando progresivamente del país aunque no lo abandonará, como es lógico. Eso también va en el interés de Irán ahora mismo, que necesita no tener más frentes abiertos de cara a afrontar las sanciones de EEUU tras la retirada de este país del acuerdo nuclear.

Es lo que los rusos llaman “el arte del equilibrio”. Si tiene éxito está por ver. Pero si no lo tiene será considerado un cambio de rumbo muy perjudicial para los intereses gesoestratégicos de Rusia y su papel no solo en Oriente Próximo sino en otras partes.

El Lince

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