Siria enfrenta con éxito la guerra mediática, política, cultural y militar impuesta por potencias occidentales contra este país, en medio del conflicto armado iniciado en marzo del 2011, aseguró una fuente gubernamental.

En entrevista concedida a PL, el ministro de Información, Imad Sara, señaló que las campañas mediáticas fueron dirigidas a través de mercenarios que están en esa nación, desde los centros de poder de diversos estados.

Citó entre esos países a Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Jordania, Qatar, Arabia Saudí, Turquía y otros.

Tras referir que la prensa en Siria tuvo que enfrentar desde hace siete años a miles de medios hostiles al gobierno y al pueblo, el titular de Información apuntó que esos instrumentos proimperialistas intentaron satanizar al país y sus medios de comunicación.

Más adelante expresó que la guerra que sufre Siria es compuesta y compleja, en la que se emplearon todas las herramientas, como las bandas, la diplomacia, los servicios de inteligencia, el bloqueo económico y la incitación sectaria, religiosa y étnica.

«Todos estos componentes de la guerra sucia emplearon los medios de comunicación como plataforma esencial para su aplicación con el fin de exterminar la conciencia del ciudadano, golpear su identidad y apuntar contra la unidad nacional y las instituciones estatales», precisó.

Perseguían, además, falsificar los conceptos y los términos, y engañar a la opinión pública mundial sobre la realidad de los acontecimientos en Siria, apostilló.

Luego de expresar que esta nación mesoriental enfrenta una feroz guerra mediática y de propaganda para derrocar al gobierno, valoró que los enemigos de este estado creyeron que lograrían ese objetivo de forma rápida.

Con esos fines –enfatizó– difundieron miles de noticias falsas en numerosos idiomas y a través de medios grandes e influyentes, y desarrollaron una campaña propagandística nunca antes vista mediante las redes sociales, bajo glamorosos y atractivos lemas como democracia, libertad y derechos humanos.

Argumentó que tales objetivos ocultos y no declarados estaban dirigidos a la destrucción del Estado y de la sociedad sirios y sus valores, y la fragmentación del país en sus bases confesional, sectaria y étnica.

Tras considerar que los medios de difusión de Damasco, pese a sus modestos recursos, difundieron de forma veraz la situación política y militar en este territorio, expuso que la resistencia del pueblo sirio y su ejército contribuyeron a frustrar la guerra terrorista impuesta.

Insistió, por otro lado, en que, debido a su éxito en esta confrontación, se impusieron sanciones por Occidente a los medios de comunicación sirios, y se hicieron intentos y presiones para eliminar de los satélites a los canales de esta nación.

Los centros de poder realizaron además amenazas y atentados terroristas contra los medios sirios, como la voladura con explosivos en el 2012 de la sede del canal de noticias Ikhbariya TV, acción en la que perecieron los empleados de turno, subrayó.

También los radicales detonaron una bomba en el tercer piso de la sede de la Radiotelevisión siria y la atacaron con dos coches bombas conducidos por suicidas en el 2013, lo que provocó daños materiales, abundó.

Pese a esas acciones hostiles –aseguró– los medios locales se enfrentaron con fuerza a la guerra mediática y lograron gradualmente y en cooperación con publicaciones aliadas y amigos, revelar y hacer fracasar la guerra sucia contra este país.

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