El ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov, estima que su país no necesita regresar a un G8 reconstituido y que el G20 tiene mejores perspectivas.

“Cuando nuestros socios occidentales decidieron volver al formato G7, aceptamos su decisión y, desde entonces, hemos estado trabajando en otras plataformas”, ha dicho este sábado Lavrov en una entrevista con el Primer Canal de la televisión pública rusa.

Entre esas otras plataformas alternativas al Grupo de los Siete, el canciller menciona la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), el grupo BRICS (Brasil, Rusia, La India, China y Sudáfrica) y el Grupo de los 20 (G20), de los que dice que “comparten nuestros planteamientos”.

Moscú formó parte entre 1998 y 2014 —cuando fue excluida con el pretexto de la adhesión a Rusia de Crimea, en el marco de la crisis ucraniana— del Grupo de los Ocho “países más industrializados del mundo”, junto a Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y el Reino Unido, reconvertido después en G7.

El viernes, antes de desplazarse a Canadá para la 44.ª cumbre del grupo, el presidente de EE.UU., Donald Trump, declaró que el país euroasiático debería reintegrarse en el mismo, en lo que recibió el apoyo —antes de desdecirse, alineándose con el resto de la Unión Europea (UE)— del nuevo primer ministro italiano, Giuseppe Conte.

Antes de Trump, se había pronunciado el lunes a favor del regreso de Rusia al G8 la diputada alemana Sahra Wagenknecht, vicepresidenta del partido La Izquierda. En abril había considerado “necesaria” una alianza con Rusia el ministro de Exteriores alemán, Heiko Maas. Según distintos analistas, impedir unas buenas relaciones Berlín-Moscú es uno de los pilares de la estrategia de dominación mundial de EE.UU.

El Kremlin, sin embargo, rechazó de inmediato el viernes la idea de Trump, y Lavrov ha reiterado este sábado la preferencia de Moscú por el G20, que incluye a los Gobiernos y gobernadores de bancos centrales de 19 países, más la UE, como “mecanismo para alcanzar consensos” y como “la plataforma más prometedora para el futuro”.

La cumbre del G7 en La Malbaie (este de Canadá), que ha tenido lugar entre viernes y sábado, ha estado precedida por protestas en la cercana ciudad de Québec, donde se quemaron banderas de Estados Unidos y el Reino Unido, entre proclamaciones del derecho de los pueblos a determinar su destino y sus propios modelos económicos y políticos.

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