Dos semanas antes de la cumbre entre Trump y Putin, los ojos están puestos, entre otros puntos, en la batalla que hay entablada en el sur de Siria.

La guerra de Siria empezó en Deraa y puede acabar en el mismo lugar. El ejército regular sirio avanza rápidamente y podría llegar al paso de Al-Nassib, fronterizo con Jordania, en los próximos días.

La prensa libanesa vendida al imperialismo asegura que dicho avance forma parte de un acuerdo negociado entre Trump y Putin que, además, toma en consideración los intereses israelíes en la región.

Ya saben: el imperialismo nunca reconoce una derrota, y menos del tamaño de la Guerra de Siria.

Más bien parece todo lo contrario: el fulgurante avance pretende impedir cualquier negociación sobre el sur de Siria y, desde luego marginar a Israel antes de la cumbre.

Los únicos que negocian son los representantes del llamado “ejército sirio libre”, para lo cual utilizan a Rusia. No tienen otra opción porque son montajes “de usar y tirar”. Han sido abandonados por Estados Unidos y la vecina Jordania, algo que no se esperaban.

Al “ejército sirio libre” la gasolina le ha durado tanto como las subvenciones procedentes de Washington, Bruselas, Riad y Ankara. La tropa que presentaron como el brazo armado de una rebelión popular contra un “régimen sanguinario” desapareció hace mucho tiempo y lo que quedaba de ella se integró en grupos yihadistas afiliados a Al-Qaeda, o se alió al Califato Islámico, o se puso bajo el paraguas de Turquía.

Como es costumbre, la prensa imperialista dice que la población huye en masa, aterrorizada ante el avance del ejército regular, algo que no hizo cuando estuvo bajo el terror yihadista.

Es al revés: los habitantes de Deraa celebran la llegada del ejército y reciben a los soldados con demostraciones de alegría.

Sutilmente las marionetas del imperialismo, incapaces de derrotar al gobierno por la fuerza, envían señales a Rusia, e incluso al propio Bashar Al-Assad, de que están dispuestos a participar en las conversaciones para alcanzar una solución política.

Ahora la contrapartida es que Damasco se distancie de Irán y no permita su presencia militar en una región, como el sur de Siria, que es muy sensible porque limita con Israel y Jordania.

Después de venderse al mejor postor, la oposición siria también se ha vuelto muy “nacionalista”.

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