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Culebrón Skripal: otros dos nuevos afectados por el gas tóxico en la misma ciudad británica

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Ante el Mundial de Fútbol esperábamos otro de tipo de provocación, y las apuestas iban hacia el Donbas o hacia Siria, pero fallamos. Lo que se produjo el 4 de marzo fue el envenenamiento del espía Serguei Skripal y su hija Julia, que desató una formidable crisis política internacional de expulsión de diplomáticos rusos en Europa y la ola de falsedades más grande que han conocido las islas en muchos años.

A pesar de que el Caso Skripal movilizó a los servicios policiales y de inteligencia de Gran Bretaña, reaparece cuatro meses después con una nueva intoxicación en Amesbury, un pueblo del suroeste de Inglaterra, que afecta a otras dos personas. El gabinete británico de crisis se ha vuelto a reunir, aunque de momento no han aparecido ni acusaciones contra Rusia, ni sanciones económicas, ni expulsiones de diplomáticos, a pesar de un contexto mucho más peliagudo:

– en pleno Mundial de Fútbol
– pendientes de la cumbre de la OTAN en Bruselas
– pendientes de la cumbre entre Trump y Putin
– pendientes de una visita de Trump a las islas

El segundo envenenamiento aclara algunas cosas del primero, cuya investigación no se ha cerrado. Además de Rusia, otros países también poseen muestras de gas “novichok”: la República Checa en particular, según confesó su propio presidente Milos Zeman, pero también Alemania y Suecia.

Las investigaciones realizadas por varios medios de comunicación alemanes -los canales de televisión NDR y WDR, los periódicos Die Zeit y Süddeutsche Zeitung- demuestran que Occidente conoce el “novichok” desde hace al menos veinte años.

A pesar del precedente, un ataque con la misma sustancia tóxica se reproduce a pocos kilómetros del anterior y muy cerca del laboratorio militar de Porton Down, donde se sintetiza y almacena “novichok” con fines experimentales. ¿Son ambos ataques uno de esos experimentos?

Hace cuatro meses los “científicos” decían que a la intemperie el “novichok” se degrada rápidamente. Por eso los equipos de limpieza estuvieron limpiando con agua las posibles zonas afectadas por el tóxico. Ahora dicen lo contrario: que la nueva intoxicación es consecuencia de la anterior…

También se ha sabido que Skripal no estaba jubilado. Varios de sus viajes a los Estados bálticos y a Europa Central, para reunirse con otros espías así lo atestiguan.

Los afectados por el segundo ataque son Charlie Rowley y Dawn Sturgess, ambos en situación de paro, ambos drogadictos y ambos sin hogar, según asegura la prensa británica.

Sin embargo, Rowley vivía en una casa nueva en la calle Muggleton Road de Amesbury, un barrio residencial donde el precio de las viviendas más baratas es de 270.000 libras y el promedio supera las 430.000 libras.

Ambos afectados tienen cuentas activas en Facebook y uno de los “Me gusta” de Rowley procede de un agente hipotecario, lo que es extraño porque los bancos no suelen conceder préstamos hipotecarios a drogadictos desempleados.

La prensa no menciona el nombre el agente del MI6 Pablo Miller porque está protegido por la censura o, dicho en términos técnicos, por una notificación D, es decir, una orden gubernamental para que los medios de comunicación guarden silencio sobre un determinado asunto por razones de seguridad nacional.

Pero Miller es vecino de Rowley y Sturgess y Salisbury es una ciudad de 45.000 habitantes. Un pañuelo. Todo el mundo se conoce.

No les extrañe que, a partir de culebrón Skripal, en las tiendas de Moscú un empresario empezara a comercializar aceite marca “Novichok”, en cuya etiqueta va el logo del antiguo KGB.

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