El gigante petrolero chino Sinopec, la refinería de petróleo más grande de China, ha suspendido sus compras de petróleo estadounidense para sus refinerías en el contexto de la guerra comercial entre Estados Unidos y China. No es la única prueba de que Pekín puede influir en el sector energético en sus relaciones con Washington.

La noticia llegó justo después de que el 3 de agosto China aumentara los aranceles sobre 60.000 millones de dólares de las importaciones estadounidenses, incluido el petróleo, si Washington impone nuevos aranceles a los productos chinos.

La guerra comercial desatada Washington podría volverse contra ellos mismos, cuando pretenden desempeñar uno de los principales el papeles protagonistas del sector energético mundial, convirtiéndose en un exportador neto de recursos energéticos en 2022. Las exportaciones de petróleo de Estados Unidos a China, que es el segundo mayor importador de este recurso después de Canadá, podrían disminuir un 40 por ciento en septiembre en comparación con meses anteriores.

Para reemplazar las entregas de Estados Unidos, las empresas chinas recurrirán a otros grandes exportadores, incluido Irán. Pekín no ha obedecido las peticiones de Washington para detener las compras de petróleo iraníes. Una delegación estadounidense visitó China la semana pasada para convencer al gobierno de que apoye las sanciones estadounidenses contra Teherán.

Pero Estados Unidos no está en condiciones de abrir una guerra comercial con China y, al mismo tiempo, imponer un bloqueo a Irán y pretender que ambos países no se entiendan entre ellos.

Es posible que Pekín no quiera tensar la cuerda demasiado y no aumente sus importaciones de petróleo iraní, pero basta que mantenga las importaciones para reducir el impacto del bloqueo estadounidense. Las exportaciones a China representan alrededor de una cuarta parte de las exportaciones de petróleo de Irán.

La retirada de Estados Unidos del acuerdo nuclear iraní ha contribuido al desarrollo de las relaciones económicas entre China e Irán. El jefe de la diplomacia iraní, Javad Zarif, visitó China pocos días después del anuncio del restablecimiento de las sanciones estadounidenses contra su país. Este cambio condujo, en particular, al lanzamiento del proyecto de enlace ferroviario entre China e Irán, que forma parte de la nueva Ruta de la Seda.

Otro sector que puede verse afectado por la guerra comercial es el GNL (gas natural licuado), que también figura en la lista exportaciones amenazadas por la guerra arancelaria. Dado que China es el tercer consumidor más grande de GNL en Estados Unidos, esta medida podría ser perjudicial para los propios Estados Unidos.

Las empresas chinas pueden negarse a invertir en proyectos estadounidenses para aumentar su capacidad de exportación de GNL. El pasado mes de noviembre Sinopec, el Banco de China y China Investment Corporation firmaron un acuerdo no vinculante con Alaska Gasline Development Corporation para la fabricación de GNL en Alaska, así como sobre futuras compras del GNL producido por la planta.

Sin embargo, aún no se ha tomado la decisión final sobre este proyecto. Según Hugo Brennan, de la consultora británica Verisk Maplecroft, este proyecto puede ser víctima de la guerra comercial.

China podría fortalecer sus vínculos con otros productores de GNL, como Rusia. En junio, el ministro ruso de Energía, Alexander Novak, dijo que Moscú estaba discutiendo con sus socios chinos, incluida la CNPC, que tiene una participación del 20 por ciento en el proyecto de GNL de Yamal lanzado en diciembre de 2017, su participación en el proyecto GNL-2 del Ártico.

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