Observo que amigos bienintencionados se han tragado determinadas consignas propagandísticas de los medios oficialistas; consignas que podrían desacreditar fácilmente dedicándole algunos minutos a la sana costumbre de buscar información plural por sí mismos.
En concreto, es devastador el desconocimiento sobre geopolítica y, más en concreto, sobre la realidad de Rusia. La lógica es clara: los EE UU saben que Rusia es su enemigo natural, e intentar rodearlo de bases militares y de “Estados tapón” a los que intentan enemistar con Moscú.
Así, mientras la OTAN bombardea, arrasa con el mundo y manda para el otro barrio a cientos de miles de civiles en Irak, en Libia o donde buenamente le parezca, yo debería estar muy preocupado por la última película de espías del telediario según la cual los malvados rusos (ya lo sabía yo: si es que son siempre tan serios y turbios en el cine hollywoodiense…) le han administrado un veneno secreto a nosequé confidente que tenía información privilegiada (¡importantísima!) que podría hundir al Kremlin (qué digo: también a Beijing, Teherán y Caracas) mañana mismo.
Amigo bienintencionado pero desinformado que me lees: a continuación, citaré cinco conflictos bélicos en los que te han mentido descaradamente. Se trata de las supuestas “agresiones bélicas de Putin”, excepto en el primer caso, en el que haré una excepción y me remontaré a la época soviética. Ya verás que merece la pena:
1) AFGANISTÁN: es completa y absolutamente falso que la URSS invadiera Afganistán. Todo lo contrario: el gobierno afgano, izquierdista y elegido por medio de elecciones, pidió ayuda para enfrentarse a Bin Laden y los talibanes. Estos últimos estaban apoyados y armados por los EE UU. ¿No lo sabías? Vuelve a ver Rambo III y los comprobarás por ti mismo.
2) CHECHENIA: la región cayó en manos de fundamentalistas islámicos, que ocuparon el territorio ruso de Daguestán. También Bin Laden estaba tras la financiación de esta aventura. Por cierto, que a las famosas Pussy Riot, tan preocupadas por el movimiento LGTB cuando se trata de satanizar a algún enemigo de la Casa Blanca, no les preocupó demasiado que las autoproclamadas autoridades islamistas chechenas lapidaran a los homosexuales en esa región; algo que vino a parar su odiado… Putin. Sí: Rusia intervino a saco. Pero ¿alguna vez te habían contado el contexto?
3) OSETIA DEL SUR Y ABSAJIA: fue Georgia quien invadió estos dos Estados independientes. Rusia reaccionó porque, de hecho, ya tenía presencia allí desde la propia disolución de la URSS (eran territorios exsoviéticos) pero, inmediatamente después de refrenada la agresión georgiana, volvió a replegarse.
4) UCRANIA: tras el golpe de Estado ultraderechista orquestado por la UE en dicho país, Crimea y las regiones de Donetsk y Lugansk se niegan a reconocer a la Junta de Kiev. Crimea decidió en referéndum (y por más del 80% de los votos) adherirse a la Federación Rusa, mientras que Donetsk y Lugansk se independizaron también en referendos ganados abrumadoramente. Rusia no disparó ni un solo tiro. En vez de denunciar que los reconocidamente neonazis pro-Kiev quemaran vivas a más de cuarenta personas en el edificio de los sindicatos, los medios de comunicación se dedicaron a satanizar a quienes se independizaban de ellos.
5) SIRIA: más de lo mismo. El gobierno soberano de Siria solicitó ayuda militar a los rusos para luchar contra el golpe de Estado que, tras unas protestas populares iniciales que sí pudieron ser legítimas, lideraron fuerzas tan poco amigables como el Estado Islámico de Irak y el Levante. ¿Cómo va a ser una invasión la colaboración militar libremente solicitada por un Estado? La tele te dijo que aviones rusos bombardearon territorio sirio; casualmente, se les olvidó decirte que fue a petición del presidente sirio y que se trataba de posiciones del Estado Islámico y del Frente Al Nusra. Quien sí bombardeó Siria salvajemente y sin consentimiento fue Donald Trump.
Naturalmente, por no aceptar las descaradas y grotescas tergiversaciones que vomitan sobre nuestras caras los medios oficialistas, alguno tendrá la ocurrencia de repudiarme generalidades vacías del estilo de que “Putin no es un santo” (lo mismo hasta algún “espabilao” me recuerda que “no es Lenin”) o preguntarme, seguramente con los ojos muy abiertos, si soy un “rusófilo”.
Estaré siendo un pamplinas: siempre que haya una protesta de la clase trabajadora rusa por alguna medida lesiva que tome su gobierno, seré el primero en sumarme a ellos, como hago contra todos los gobiernos que están al servicio del capital y agreden a sus pueblos. Pero lo que no aceptaré es sumarme, en el marco de las relaciones internacionales, a una campaña de propaganda orquestada por el imperialismo norteamericano (que ha entrado en pánico tras la creciente unidad entre Pekín y Moscú) para agredir a sus rivales y consagrar un “Nuevo Siglo Americano”.
No, no tengo ninguna rusofilia; solo es que algunos somos capaces de admitir cuándo Rusia tiene la razón y ayuda a la liberación de un pueblo agredido en un conflicto internacional, e incluso apoyarla sin complejos infantiles ni cobardías “bienquedistas” al estilo de los “ni-ni” (como si hablando de un agredido y un agresor ambos “nis” pudieran siquiera ponerse en el mismo plano). No tengo rusofilia, pero otros tienen algo inoculado por los medios y funcional al imperio y sus pretensiones salvajes de dominación: rusofobia
Manuel Navarrete

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