El hundimiento de la divisa turca coincide con el 10 aniversario de la crisis financiera mundial, lo que es un pésimo augurio porque revela que, en contra de todos los pronósticos sobre los “brotes verdes”, no sólo se ha superado sino que se ha agravado.

Además, la crisis de la libra coincide con la de otras monedas locales por todo el mundo, un indicativo mucho peor que opera en la dirección señalada.

Los “expertos” coinciden en señalar que la causa de los problemas de la moneda turca es la política de tipos de interés bajos de Erdogan (“los altos tipos de interés enriquecen a los ricos y empobrecen a los pobres”), aunque eso no es privativo del gobierno de Ankara sino que lo comparte con el mundo capitalista, empezando por la Reserva Federal de Washington y siguiendo por el Banco Central europeo.

Lo que a partir de ahora ocurra en Turquía es muy interesante porque se va a poder comparar con sus vecinos de Grecia. ¿Saldrá peor parada Turquía, que se enfrenta a la crisis con sus propias fuerzas, que Grecia con la “ayuda” de la Unión Europa?

Hay varios datos que diferencian la crisis de Turquía respecto de otras. El primero de ellos es que quienes están en apuros no son los bancos sino empresas privadas, que acaparan un 60 por ciento de las deudas.

El segundo es que los acreedores son esos mismos que echan pestes de Erdogan (sultán, islamista) pero le han prestado todo el dinero que ha necesitado. Se trata de bancos europeos, como el BBVA a través de su filial local Garanti.

Por lo tanto, en caso de quiebra de Turquía, los bancos europeos tendrán que ser rescatados otra vez, es decir, que la banca europea recibirá un dinero que no se entrega directamente a Erdogan por la conocida demagogia política en su contra.

Ante esta situación, no es que el Fondo Monetario Internacional no haya querido ayudar a la moneda turca, sino que ni siquiera se lo han pedido desde Ankara, donde Erdogan hace tiempo que ha hecho su apuesta en la dirección opuesta, a China (aunque Qatar tambien ha empezado a rascarse el bolsillo).

La Ruta de la Seda ya ha llegado a Turquía. China ha abierto una línea de crédito de 3.600 millones de dólares para apoyar a los sectores privado y bancario y a las instituciones públicas; dos bancos chinos operan in situ para garantizar el comercio en yuanes; China comprará centrales nucleares para los turcos, así como líneas ferroviarias de alta velocidad…

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