«La exportación de capitales, es una forma que toma las mercancías, el dinero es una mercancía, la exportación de capital en forma de Inversión Extranjera Directa (IED), es simplemente una inversión en materia prima, maquinaria, y fuerza de trabajo para reproducir capital allende la casa matriz, es una relación mercantil, es un intercambio mercantil». (Manuel Sutherland; Comentarios, 3 de marzo de 2015)

Esto es una equivocación brutal viniendo de un presunto economista de «nivel». Como dijo el marxista-leninista francés Vincent Gouyyse, esto ocurre debido a:

«La idealización de la etapa del capitalismo premonopolista, donde reinaba sin contestación la producción mercantil y donde el rol de los préstamos internacionales era marginal.

Se ignora la diferencia fundamental entre la exportación de mercancías y la exportación de capital es que en el caso de la exportación de mercancías, el plusvalor del capital ya está contenido en la mercancía que ya ha sido incorporada por los obreros del país exportador, mientras que en la exportación de capital, la plusvalía es creada por los obreros del país donde se exporta el capital, que este capital se exporta bajo la forma de un préstamo que sirva para retirar indirectamente un interés –la burguesía indígena lo invertirá dicho préstamo en lo que quiera– o abasteciéndose directamente de medios de producción aportados por el inversor extranjero y creando un plusvalor en tierra indígena: aquí la burguesía indígena sólo servirá de intermediario entre los trabajadores indígenas y el inversor extranjero que será el único responsable de la utilización del capital». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

He aquí explicado porque los economistas pequeño burgueses como Shuterland –que oscilan entre querer ser marxistas pero nadan en las aguas de los autores burgueses– no entienden bien la economía capitalista y sus desarrollos en la etapa imperialista.

¿Qué más hay que anotar? El rol de la división internacional del trabajo en la exportación de mercancías y capital. Algo que suelen olvidar muchos de los ideólogos del antiimperialismo:

«Sin embargo, hasta en el caso de la producción mercantil «pura», la explotación no está suprimida de ninguna manera. La división del trabajo está en su origen.

Bajo el imperialismo, la exportación de mercancías sirve para que los países imperialistas aseguren su dominación comercial en ciertos segmentos del mercado mundial, es decir, siempre que sea posible la exportación de mercancías de alta tecnología que contienen mayor trabajo acumulado, que es intercambiado por un gran volumen de mercancías indígenas. La exportación de capital, ella, sirve por el contrario para estimular la producción de materias primas necesarias para las metrópolis imperialistas y los bienes de consumo corrientes a menor costo destinados a la exportación hacía las metrópolis imperialistas para mejorar la condición material del proletariado de las metrópolis.

Lo esencial para los países imperialistas es asegurar que los beneficios que se derivan de la exportación de mercancías y de capitales hacia los países dependientes les ayuden a mantener la dependencia económica y política de la burguesía nacional indígena, permitiendo así al imperialismo dictarle órdenes. La exportación de capital significa pues la subordinación de los países dependientes y su sometiendo al sistema imperialista mundial. Lo esencial para el imperialismo es, pues, que la burguesía nacional de los países dependientes satisfaga estas transacciones, que siga siendo una burguesía indígena de tipo compradora que no busque desarrollar los producciones no deseadas por sus ordenantes imperialistas, y en primer lugar producciones que podrían romper estos mecanismos de dependencia, como una industria de producción de medios de producción potente y diversificada que originase un nuevo competidor imperialista y agravara la lucha por los mercados comerciales y financieros». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

Pero expliquemos esto de forma más profunda.

Veamos: el dinero es una relación de «valor de cambio». Ahora, convengamos que la exportación de capitales se da a causa de la acumulación de capitales en manos de las «oligarquías financieras» –capital industrial y capital bancario– que redunda en el «relativo capital sobrante» que resulta característico del capitalismo monopólico de la etapa imperialista, y que se exporta en lo fundamental debido a que dentro del país de origen se reduce el margen de inversión y ganancia a causa del incremento de los costos de producción. Es decir, en los países capitalistas desarrollados que cuentan con una oligarquía financiera constituida que luego de eliminar, o casi eliminar a la competencia del interior, y de haber monopolizado los diversos sectores productivos, calcula que seguir invirtiendo en el panorama nacional no puede asegurar ya las ganancias deseadas, en consecuencia tampoco asegura el crecimiento económico fundamentado en el máximo beneficio por lo que entonces decide buscar nuevas oportunidades en el exterior; este es el mecanismo básico por el que los monopolios nacionales se extienden al resto de países para mantener el «máximo beneficio» convirtiéndose en consorcios de explotación multinacionales, porque sencillamente en estos terceros países el margen de ganancia es superior al doméstico debido a los costes, las leyes laborales, la mano de obra entre otros factores.

Entonces lo que se exporta es el sobrante del «capital financiero» y este se expresará en el país de destino en forma de mercancías. Vale decir que la reproducción de ese «capital financiero» no tiene por finalidad reproducir mercancías puesto que su objetivo último es la reproducción del «capital financiero» aunque se valga de la producción mercantil que resulta de la explotación del trabajo y de la fuerza de trabajo como ya expresó Marx en su obra cumbre, pues es el trabajo el único que produce riqueza; y es por lo mismo, que en la etapa imperialista la exportación de capitales va «mutando paulatinamente de la inversión directa a los préstamos» lo que supone la misma explotación para las masas trabajadoras pero teniendo como intermediarios del imperialismo a la burguesía indígena en este caso concreto. Valed decir que la exportación de capital existía en la época capitalista premonopolista pero tenía un papel por completo secundario. No entender cómo nace la necesidad de la exportación de capital es no entender nada del desarrollo histórico económico, y es no entender la propia realidad de nuestros días que tan comúnmente muestra la realidad de este proceso.

Mientras un país dependiente de los imperialismos, neocolonial, por los designios del mercado donde actúa la ley del valor es posible que tenga un excedente de mercancías producidas: seguramente casi en exclusivas en la agricultura, pero cuando lanza al mercado internacional esas mercancías las vende a un precio irrisorio mientras se ve obligada a comprar otras de mayor valor como es el caso de la mercancía industrial que no posee y les son tan necesarias. Por otro lado un país imperialista puede tener un excedente en la producción de mercancías en varias ramas debido a su elevado desarrollo de las fuerzas productivas y su diversificación, cuando lanza sus mercancías –industriales– al mercado se venden a un alto precio por su demanda, gracias a ello puede conseguir un alto beneficio y se asegura la dependencia económica permanente de los países no industrializados que siempre demandaran esa mercancía o su mantenimiento; a su vez, el país imperialista en su propia demanda de materias primas para su industria se satisface de comprar materias primas a precios baratos en el mercado mundial debido a la gran oferta de las mismas por parte de los países no industrializados.

Mientras en un país dependiente la burguesía en general no suele tener un gran excedente de capital, es algo casi inusual o más bien exclusivo de la burguesía compradora, y de serlo no tiene muchas libertad en donde invertirlo –necesita aprisa ampliar o modernizar sus fuerzas productivas para ponerse a la par de las empresas extranjeras que le hacen la competencia en el país o debe invertirlo en pagar la deuda, etc.– siendo muy rara la capacidad de exportar capitales. Por otro lado en el país imperialista el excedente de capital es mucho más común por su músculo industrial, por su amplio desarrollo de las fuerzas productivas, y suele tener un número de capital «sobrante» tan alto como para sobornar a la «aristocracia obrera», reforzar la militarización de la economía que la burguesía imperialista estima necesaria para intimidar a los países bajo su influencia o enfrentarse a sus competidores, pero sobre todo por su jugosa rentabilidad, así mismo decide colocar ese abultado excedente para exportar dicho capital a países terceros, bien en forma de préstamos, créditos, formando nuevas empresas que operan en dichos países, empresas mixtas concertadas entre los monopolios y la burguesía indígena, etc., y es que esto no podía ser de otra forma, pues como hemos dicho los monopolios son la creación de la oligarquía financiera, es decir del capital bancario que ha sometido al capital industrial y que busca la dominación no solo nacional sino internacional.

Es más: a veces la exportación de capital del país imperialista va íntimamente ligado a la exportación de mercancías por el país que la recibe, así en multitud de ocasiones, el país deudor, cuando no puede pagar la deuda, paga en materias primas al país imperialista, que como todo el mundo sabe, consume muchas más materias primas que cualquier país dedicado a producir materias primas, porque simplemente consume muchas más. La exportación de capital es un puente mucho más seguro que la exportación de mercancías para que los países imperialistas penetren a través de la economía en la política de los países dependientes. Claro que existen excepciones en los países imperialistas en cuanto a la predominancia de la exportación de capital sobre la exportación de mercancías, esto se ve sobre todo en los países imperialistas emergentes, donde generalmente tienen niveles parejos de exportación e importación de capitales, pero suele ser un fenómeno temporal hasta que su burguesía tiene suficiente potencial para que su país supere la exportación a la importación de capital; otras veces algunos países imperialistas por su mano de obra más barata, por la buena disposición de verter sus productos en los mercados –cosa que sus competidores no pueden igualar sin crear conflictos sociales agudos– tienen un gran nivel de exportación de mercancías que incluso supera los niveles de exportación de capitales, pero eso es muy raro de ver, como es aún más raro de ver por no decir imposible, un país dependiente con más niveles de exportación de capital que de mercancías. La realidad es tozuda.

Podríamos considerar que el capital financiero es la usura llevada a instancias internacionales que cumple un doble propósito: mantener el «máximo beneficio» y a su vez la dependencia económico-política de los países neocolonizados. La usura no aparece en escena sino hasta la aparición de la propiedad, he ahí las constantes luchas de los griegos contra la usura en la etapa esclavista en los momentos de la aparición y consolidación del Estado. Tras las diferentes etapas en la humanidad y los diferentes modelos económicos de explotación, el capitalismo y su etapa imperialista hacen de la usura un modo de vida.

Si uno no comprende esto, ocurrirá que como le ocurre a Sutherland, se alberguen distorsiones sobre las exportaciones de mercancías y de capital, y se desprecie el peligro de la exportación de capitales a terceros países, Sutherland por tanto, pese a que se le llene la boca, no puede ser un consecuente antiimperialista; al revés, con sus teorizaciones juega a favor de los imperialismos, desarma a los pueblos de sus herramientas para analizar y comprender debidamente los acontecimientos internacionales y las relaciones económicas entre los países dependientes e imperialistas, los condena a teorías políticas y económicas igual de ilusorias para los países neocolonizados como pueden ser las teorías del «no alineamiento» o de la búsqueda de un «nuevo orden económico», teorías que niegan el imperialismo según la concepción leninista y lleva a los pueblos a un engaño que perpetua su estatus de oprimidos doblemente: por la burguesía nacional y por la burguesía extranjera. Eso nos lleva al siguiente punto». (Equipo de Bitácora (M-L); Las perlas antileninistas del economista burgués Manuel Shuterland; Una exposición de la vigencia de las tesis leninista sobre el imperialismo, 2018)

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