Darío Herchhoren

Hace muy pocos días se celebró el día de los ángeles custodios, que es el día de la policía nacional. Y para festejar ese día el comisario de la comisaría de La Elipa, de nombre Mariscal de Gante Mirón, hermano de la ex ministra de Justicia de España en uno de los gobiernos del PP (Partido Podrido), Margarita Mariscal de Gante Mirón, y ambos hijos del magistrado franquista (fascista nacional católico) invitó a celebrar ese día al ex policía torturador Antonio González Pacheco, conocido como Billy el niño; sin duda un mote cariñoso, lo cual lo retrata de cuerpo entero.

Pero lo curioso de esa celebración es el nombre de sus patronos, ángeles custodios. Con ese nombre uno debe imaginarse que esos ángeles nos protegen, nos cuidan, están siempre alertas para que no nos pase nada malo. Pero como dice el refrán entre los dichos y los hechos hay mucho trecho. Lo cierto es que los ángeles custodios, no los que mencionan las sagradas escrituras, sino unos señores de uniforme azul, antes los grises y hace unos años los maderos por sus uniformes de diversos tonos marrones, más bien nos inspiran miedo.

Y nos preguntamos por qué les tenemos miedo. Muy fácil. Simplemente porque desde los tiempos en que Billy El Niño torturaba, los ángeles custodios no eran ni son ningunos ángeles. La policía es un cuerpo que no cumple su función de prevención, y se ha convertido en un cuerpo violento y que inspira temor.

Pero se nos vienen encima muchas preguntas, y una de ellas es si el comisario Mariscal de Gante Mirón no encontró a nadie mejor que Billy El Niño para festejar el día de los ángeles custodios. Parece que no. Esto le va a costar al comisario Mariscal de Gante Mirón la apertura de un expediente informativo que ya ha dispuesto el ministro del Interior, el ex juez de la Audiencia Nacional Fernando Grande Marlasca. Ese expediente informativo quizá derive en un expediente disciplinario cuyo final será el mismo que tuvo el expediente disciplinario que se le abrió al capitán de la Guardia Civil Antonio Tejero, hijo del golpista Antonio Tejero Molina que fue expedientado por haber organizado una comida de homenaje a su ilustre padre en la escuela de Guardias Jóvenes de la localidad de Valdemoro, a 26 kilómetros de Madrid. Seguramente ambos expedientados será condenados a 30 días de Cognac Napoleón al primero y a otros 30 días de Vat 69 al segundo.

Todo esto demuestra que el Estado español mantiene entre sus funcionarios a conocidos fascistas, y que los protege, es decir que los
ángeles custodios son en realidad unas feas aves de color negro que se llaman buitres. Algo parecido sucedió con el ex general de la Guardia Civil Rodriguez Galindo condenado por torturador y asesino en el caso de la desaparición y muerte de Lasa y de Zabala, dos jóvenes que al parecer eran miembros de ETA, y que fueron enterrados en cal viva. Rodriguez Galindo fue sentenciado a 105 años de prisión. Pero los ángeles custodios lo sacaron de la cárcel tras cumplir menos de cinco años de presidio.

Pero aquí no termina la cosa. Hace muy pocos días se radió por varias emisoras el comentario que hizo un juez de violencia de género al
referirse a una mujer que estaba pasando un muy mal trago por las amenazas que sufría por parte de su ex marido. El susodicho magistrado se despachó diciendo que la mujer era un “bicho” y una “hija de puta”; sin percatarse de que se le estaba grabando. Junto con ese magistrado celebrando sus dichos estaba la fiscal y lo que ahora se llama “el letrado de la administración de justicia”, lo que hasta hace poco era el secretario o secretaria del juzgado. El mencionado magistrado es miembro de la asociación “progresista” Jueces para la Democracia. Vaya demócrata. También a este magistrado y a la fiscal se les abre un expediente informativo que acabará como los anteriores.

Pero esto en realidad revela gravemente lo que nuestros jueces, todos ellos, piensan de lo que se llama el “justiciable”, es decir de los simples ciudadanos: un total desprecio y asco. Además de su muy escasa preparación jurídica rezuman desdén, y muestran a las claras su arrogancia, su mal hacer y su total falta de empatía y de sensibilidad humana. En realidad tanto policías como jueces deberían unificar a sus patronos. Ambos deberían designar a los ángeles custodios.

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