Por Valentin Vasilescu

Hemos abordado el tema de los nuevos misiles hipersónicos rusos en dos artículos anteriores [1].

Escribíamos entonces:

«La probabilidad de destruir un portaviones con esos dos tipos de misiles hipersónicos, penetrando con ellos la defensa antiaérea enemiga es de 88%. Eso significa que de 100 misiles hipersónicos lanzados, 88 penetrarían las defensas antiaéreas y destruirían sus objetivos.

En el caso específico de Estados Unidos, si se disparasen 11 misiles hipersónicos contra los 11 portaviones existentes de Estados Unidos, sólo 1,3 misiles no alcanzarían sus blancos.»

Una conclusión sería que, en caso de agresión estadounidense contra el sur de Rusia (la costa del Mar Negro), estimamos que los misiles hipersónicos rusos podrían destruir un grupo naval estadounidense en Gibraltar. En caso de agresión estadounidense contra el norte y el oeste de Rusia (el Mar Báltico y el Océano Ártico), hemos estimado que los misiles hipersónicos rusos podrían destruir un grupo naval estadounidense al este de Groenlandia. Por supuesto, son cálculos puramente teóricos que pudieran verse desmentidos por las condiciones reales específicas de una guerra.

Después de la publicación de esos dos artículos, el canal estadounidense de televisión CNBC difundió una declaración de un personaje anónimo que dice haber visto un informe de inteligencia estadounidense [2]. Este personaje anónimo declara que los rusos concluyeron que el material de fibra de carbono utilizado para construir el fuselaje de sus misiles hipersónicos es de mala calidad y no garantizaría la protección necesaria contra temperaturas elevadas. Según el informe que cita ese personaje anónimo, Rusia tendría que optar por un nuevo material para sus misiles hipersónicos en los próximos 12 meses.

No pongo en duda la autenticidad del informe mencionado en CNBC. El problema es que probablemente no se refiere a los misiles hipersónicos sino a la marina rusa. El material de fibra de carbono ofrece una buena resistencia a los choques mecánicos y es invisible a los radares, por eso se utiliza en los navíos de guerra modernos. Pero no resiste a un shock térmico tanto como para ser utilizado en el sistema Avangard.

Es importante saber que en el momento del reingreso a la atmósfera –a cerca de 7,8 kilómetros por segundo (28 000 km/h)– hay un espacio de 1 metro entre la onda de choque inclinada que precede el vehículo cósmico y la onda de choque estacionaria que lo acompaña. Una molécula de aire recorre ese espacio en 18 microsegundos. En ese lapso de tiempo la molécula de aire en la onda de choque se ve sometida a un proceso químico que libera energía calórica, lo cual lleva nuevamente la molécula de aire a su estado de equilibrio inicial.

El Dr. Yuri A. Dunaev, de la Universidad Estatal de Leningrado, junto a H. Julian Allen y A. J. Eggers, del Departamento de Aerodinámica Teórica del laboratorio de Ames (NASA), descubrieron la forma más eficaz de disipación de energía. O sea, la disminución de la temperatura que el vehículo cósmico tendría que soportar durante su reingreso a la atmósfera aumentando su resistencia a su progresión.

La descomposición termoquímica de los materiales orgánicos a temperaturas elevadas y en ausencia de oxígeno se llama pirólisis. El escudo térmico ablativo está hecho de compuestos que, durante el proceso de pirólisis, son carbonizados, fundidos y sublimados, o sea pasan directamente del estado sólido al estado gaseoso. El papel del escudo térmico ablativo es bloquear la transferencia del flujo de calor creado por la onda de choque a la estructura del vehículo. Ese tipo de escudo de reingreso a la atmósfera se utiliza en las capsulas espaciales Soyuz.

Es un sistema utilizado a menudo para los vehículos de reingreso en la atmósfera.

Existe un material monolítico de tipo ablativo que puede moldearse a diferentes formas. Se trata de un compuesto cerámico frágil llamado SIRCA (Silicone Impregnated Reusable Ceramic Ablator). Ese compuesto se aplica directamente al casco de los transbordadores espaciales Buran, del transbordador espacial X-37B y también en el Avangard.

En cuanto a los misiles hipersónicos Kh-47M2 Kinzhal y 3M22 Zircon, estos nunca llegan a salir de la atmósfera terrestre sino que se mueven a una altitud máxima de 40 o 50 kilómetros a velocidades de Mach 8 (9 800 km/h) y Mach 10 (12 250 km/h). Sus fuselajes no están hechos de fibra de carbono sino de una aleación de titanio (33%) resistente al recalentamiento cinético. Es el mismo material utilizado en el avión estadounidense X-15, propulsado por motores de cohetes, que estableció, en octubre de 1967, el record de velocidad de 7 274 km/h, (Mach 6,72), volando a 31 120 metros de altitud.

Valentin Vasilescu
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