La explosión ayer de un taller de fabricación de explosivos y armas químicas en Idlib causó la muerte de 11 yihadistas británicos, chechenos y turcos, miembros de las centrales de inteligencias extranjeras que dirigen la guerra contra Siria.

El arsenal estaba situado en el distrito de Turmanin, en la ZONA norte de Idlib, a sólo 15 kilómetros de la frontera turca y contenía grandes cantidades de explosivos, fertilizantes y barriles de cloro líquido.

Los muertos son 9 espías extranjeros y 2 miembros de los Cascos Blancos, aunque el número podría aumentar porque han aparecido calcinados varios restos humanos.

Una parte del arsenal albergaba un laboratorio de producción de explosivos y productos químicos y los extranjeros que lo supervisaban se encontraban dentro en el momento de la violenta explosión.

En colaboración con los Cascos Blancos, Tahrir Al-Sham (Al-Qaeda, Frente Al-Nosra) transportó sustancias desde este arsenal a lugares desconocidos y el 14 de octubre anunció en un comunicado su oposición al acuerdo sobre el establecimiento de una zona desmilitarizada en Idlib, firmado por los turcos y los rusos en Sochi.

Desde 2013 las grandes cadenas de intoxicación acusan al gobierno de Damasco de fabricar y lanzar armas químicas como pretexto para posteriores ataques, pero las evidencias siguen poniendo de manifesto de dónde procede dicho armamento.

A pesar de las pruebas de los crímenes de guerra cometidos por los Cascos Blancos que operan en Siria, tanto ellos como sus familiares serán recibidos como héroes en Gran Bretaña.

En Canadá Jacques Trudeau también ha concedido asilo político a muchos miembros de los Cascos Blancos, rindiéndoles homenaje público.

Los Cascos Blancos son una organización creada por el MI6 para la campaña de intoxicación propagandística contra el gobierno de Bashar Al-Assad.

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