Jamal Khashoggi era un periodista con mil caras pero ninguna es la que venden los intoxicadores. Procedía de una familia poderosa y rica, lo que le permitió estudiar en Estados Unidos.

Era nieto de Mohammed Jaled Khashoggi, médico personal de Abdelaziz Ben Abderrahmane Ben Saud, alias Ibn Saud, el fundador del Reino de Arabia saudí.

Era sobrino de Adnan Khashoggi, un poderoso traficante de armas, considerado a principios de los ochenta como el hombre más rico del mundo. Su tío vivió en Marbella hasta que murió el año pasado en Londres.

También era sobrino de Samira Khashoggi, madre de Dodi El-Fayed, la amante de la princesa Diana que murió en 1997 en el accidente de París.

Osama Bin Laden también estaba entre sus familiares, un hombre muy cercano al que entrevistó dos veces. En 1988 posó con un lanzacohetes entre los yihadistas árabes que combatieron a la URSS en el frente afgano.

El periodista era miembro de la Hermandad Musulmana, una organización apoyada por el régimen saudí durante la Guerra Fría contra los movimientos progresistas y laicos árabes, y luego clasificada como organización terrorista por el mismo régimen saudí tan pronto como tejió su red en las instituciones del Reino.

Pero ahora la Hermandad Musulmana pretende reemplazar a la monarquía saudí por un Estado islamista más moderno, dice John Bradley en The Spectator.

Su pertenencia a la Hermandad Musulmana le acercó al Presidente turco  Erdogan, también afiliado a la Hermandad Musulmana.

Como miembro de la Hermandad Musulmana, Khashoggi se oponía al acercamiento de Riad al Estado de Israel y apoyaba las reivindicaciones palestinas (al menos hasta cierto punto).

No es nada nuevo, aunque son datos que las cadenas de intoxicación están ocultando sistemáticamente para cargar las tintas contra Riad.

Khashoggi era muchas cosas, pero no era otras. Por supuesto, no era ningún demócrata. Durante mucho tiempo fue un cortesano incondicional del régimen y colaborador de los órganos de propaganda de la monarquía, como la Gaceta Saudita, Okaz o Al-Watan.

Por supuesto, en 2011 apoyó a los islamistas que desataron la Guerra de Siria.

También apoyó públicamente la decapitación del dirigente chiíta saudí Nimr Baqr Al-Nimr, condenado a muerte en enero de 2016 por sus discursos contra la Casa Real que impera en Riad.

Khashoggi no era periodista sino dirigente del espionaje saudí, dice el periódico alemán Die Welt (*). Durante décadas fue asesor de Turki Ben Fayçal, dirigente del espionaje saudí y fabricante de la marca Al-Qaeda, al alimón con Estados Unidos.

Finalmente, Khashoggi acabó enfrentado con el príncipe Mohammed Ben Salman, una de las batallas intestinas que sacuden a los clanes de Riad.

La más importante de esas batallas es que ha llevado a los saudíes a imponer un bloqueo contra Qatar y, en definitiva, a enfrentarse con Turquía, que es quien ha destapado su atroz asesinato.

Junto con le CIA, Khashoggi preparaba una “Primavera Árabe” en Riad. En enero formó el grupo Dawn en Delaware y también tenía previsto poner en marcha un sitio web orientado a la economía. El plan consistía en reunir a intelectuales, reformistas e “islamistas moderados” en la llamada “Democracia para el mundo árabe actual”, especialmente dedicada a controlar a la prensa árabe.

El plan procede de su experiencia personal en el intento de asalto de los islamistas al gobierno argelino en la década de los noventa, los Amigos de la Democracia en Argelia, donde Khashoggi fue corresponsal durante las fallidas elecciones, que el gobierno canceló para evitar una victoria islamista.

(*) https://pjmedia.com/spengler/german-press-reveals-saudi-spook-saga-behind-khashoggi-disappearance/

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