Palabras de Alí Jiménez, Secretario Nacional del Frente Estudiantil de la Juventud Comunista de Venezuela (JCV), en representación de los integrantes de la Promoción «Bicentenario de Carlos Marx» de cuadros de la JCV que pasan al Partido Comunista de Venezuela (PCV), en el acto de instalación pública del 13º Congreso Nacional de la JCV, en el Teatro Cantaclaro, el 9 de noviembre de 2018.

Estimadas y estimados miembros del Buró Político y del Comité Central de nuestro Partido; camaradas miembros de la Comisión Ejecutiva Nacional y del Consejo Central cesante de la Juventud Comunista de Venezuela; delegados y delegadas quienes, realizando los más grandes esfuerzos y sacrificios, se encuentran hoy presentes en la apertura de nuestro Congreso; invitados especiales; amigos y pueblo en general que hoy colman el Teatro Cantaclaro, a todos y todas muy buenas tardes.

Camaradas, qué significativo hecho el que hoy se nos presenta. Hace algunos años, con entusiasmo combatiente, con esa rebeldía que aviva nuestros primeros años de juventud, ingresábamos a la Jota; y allí, al fragor de las luchas y combates, en medio de las más diversas tareas, de la camaradería, se fue templando el acero de nuestra conciencia, se hizo cada día más sólida nuestra convicción de lucha. Abrazamos el marxismo-leninismo y la lucha por la emancipación de la clase obrera. Con el ejemplo de entrega y entereza de nuestros héroes y heroínas, de nuestros mártires, de Livia, de César Millán, de Nelson López, de Faustino Rodríguez Bauza, nos curtimos al calor de la experiencia de lucha revolucionaria de nuestra organización.

Hace algunos años, frente a algunas actitudes y libros llevados a casa, mi viejo me preguntó: ¿en qué andas metido? Le dije: «Me metí a comunista»; éste me respondió con una de esas verdades que nacen de la experiencia y se clavan en nuestras conciencias: «Has elegido un camino difícil, pero has elegido un camino honorable». Y qué honorable es luchar en el destacamento de vanguardia de los obreros venezolanos; qué honorable es luchar en el Partido de Olga, de Jerónimo, de Alonso; qué honor ha sido luchar junto a camaradas como Luis Fajardo.

Hoy un conjunto de cuadros, formados en las más altas responsabilidades de la JCV, damos el salto cualitativo correspondiente a nuestra formación y desarrollo orgánico siendo promovidos al Partido. Haciendo homenaje al genio de Tréveris hemos nombrado a nuestra promoción «Bicentenario del natalicio de Carlos Marx». Con mucho orgullo y entusiasmo daremos continuidad a las tareas que el Partido así nos oriente; en las tareas que demande el momento puede contar el Partido con cuadros de primera línea para el cumplimiento de las mismas.

Hoy el enemigo de clase puede temblar ante el fortalecimiento del PCV, con esta camada de jóvenes llenos de fervor, entusiasmo y pasión combatiente.

Camaradas, quisiéramos hacer nuestras las palabras del héroe soviético Alexéi Fiódorov, quien en su maravillosa obra El Comité Regional clandestino actúa, expresaba:

«Soy un cuadro del Partido. Lo cual quiere decir que todo mi tiempo, todos mis pensamientos y todas mis fuerzas son para el Partido. Y sea donde sea a donde me envíen, sea lo que sea lo que el Partido me mande, cumpliré esta orden sin decir palabra».

Buenas tardes, camaradas.

¡Al Partido salud, aquí está su juventud!

Promoción de cuadros «Bicentenario de Carlos Marx»

Hace 200 años nació Carlos Marx (1818-1883), Prometeo contemporáneo que arrebató el fuego a los dioses y brindó la ciencia necesaria para que los oprimidos de esta tierra forjaran su liberación definitiva.

A los 17 años ya intuía que las relaciones en la sociedad jugaban un papel decisorio para el desarrollo de un individuo. Esta reflexión llegaría a plenitud unos años más tarde cuando Marx revela los vínculos hasta entonces secretos entre la producción y el desarrollo de una sociedad.

Marx va a la Universidad a estudiar Jurisprudencia (por deseo de su padre) y termina doctorándose en filosofía; no sin tener sus encuentros con la poesía y las artes. Pero ya a los 19 años sabía que no sería poeta; aunque no podemos negar el valor literario de algunos pasajes de sus escritos posteriores.

La entrada de Marx al mundo de la filosofía fue de la mano de Hegel. No podía ser de otro modo; esta figura ostentaba el trono en la formación intelectual de la época y la autocracia prusiana veía en el pensamiento de este filósofo la justificación teórica de su existencia, así como el propio Hegel veía en la autocracia prusiana la realización plena de lo que llamaba «la idea».

Marx rápidamente supera la trampa de la falsa dicotomía entre jóvenes hegelianos y los conservadores. Pone a cada una de las corrientes en su sitio, que no era otro que el del idealismo, y abre paso para el rescate de la dialéctica como elemento revolucionario del sistema filosófico hegeliano.

Armado con este método Marx emprende la titánica tarea de desarrollar la crítica despiadada de todo lo existente y abrir paso a la concepción materialista de la historia. Esta labor la desarrollará no apoltronado en el estrado de profesor universitario, sino al calor de las redacciones de distintos periódicos; siendo perseguido por la censura y por sus acreedores.

En la prensa hallamos sus primeras denuncias sobre las injusticias de un sistema que después describiría con implacable exactitud. El relato de las calamidades que oprimían a la mayoría de la población y la indignación ante un marco jurídico que favorecía a una minoría es la antesala de uno de los pasajes más memorables de la historia del pensamiento político del siglo XX: «La historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases».

Con esta certeza organiza la primera Asociación Internacional de los Trabajadores y redacta el primer manifiesto de ésta, cuyo llamado final –el mismo del Manifiesto del Partido Comunista, de 1848– sigue convocando a la clase trabajadora a la lucha por derrocar el orden de explotación capitalista: «¡Proletarios de todo el mundo, uníos!»

Hoy, a 170 años de aquella potente arenga y a 200 del nacimiento del hombre que nos enseñó que las y los trabajadores no tenemos nada que perder (salvo las cadenas) y que por el contrario tenemos un mundo por ganar, el Consejo Central de la Juventud Comunista de Venezuela acordó nombrar la Promoción de cuadros del 13º Congreso Nacional: «Bicentenario de Carlos Marx»; con la confianza de que esta nueva generación de jóvenes comunistas pasará a fortalecer la lucha de la clase obrera de la ciudad y el campo por la emancipación definitiva del yugo del capital y la construcción de una sociedad a la altura de los sueños de cada uno de nosotros: la sociedad socialista.

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