Soldados pakistaníes observan los restos del avión indio derribado, Somaní, Cachemira, 27 de febrero de 2019. AFP

El pasado 26 de febrero, la Fuerza Aérea de India bombardeó un presunto «campamento terrorista» ubicado en el territorio controlado por Pakistán y, desde entonces, el agravamiento de la relación entre esos dos países con armas nucleares es cada vez más evidente.

Islamabad condenó esa incursión aérea y el ministro de Exteriores de Pakistán, Shah Mahmood Qureshi, advirtió que las Fuerzas Armadas de su país «están preparadas para responder a cualquier agresión de India».

Esta jornada, el portavoz de las Fuerzas Armadas de Pakistán, Asif Ghafoor, anunció que la Fuerza Aérea de su país derribó dos aeronaves indios dentro del territorio pakistaní y había capturado a uno de sus pilotos.

Su homólogo del Ejército de India confirmó la pérdida de un MiG 21 Bison y la destrucción de una aeronave pakistaní, que habría caído en territorio bajo control de Islamabad.

Este incidente provocó que Pakistán cerrara su espacio aéreo a los vuelos comerciales hasta el próximo 29 de febrero, según precisa Flightradar. India tomó una medida similar, pero ya ha reabierto la mayoría de sus aeropuertos civiles.

Origen del conflicto

El subcontinente indio que hoy en día se divide en Pakistán, India y Bangladés fue colonizado por Reino Unido durante la primera mitad del siglo XIX y su población nunca fue heterogénea desde los puntos de vista étnico ni religioso: en las áreas del centro y del sur la mayoría de los habitantes eran hinduistas, mientras en el norte predominaba el islam.

En 1947, el Gobierno británico terminó su dominio presionado por los movimientos de liberación locales y el territorio se repartió en dos estados, India y Pakistán, conforme a la religión predominante en sus provincias y el deseo de los marajás locales.

Después, se produjeron migraciones de un país a otro y una ola de violencia que terminó con cerca de un millón de vidas. Desde entonces, ambas partes protagonizaron tres guerras y varios conflictos. Con excepción de la contienda de 1971, que terminó con la liberación de Bangladés, todas las disputas se centraron en Cachemira.

Todo fue fruto de la decisión de Hari Singh, último marajá de ese vasto territorio, que despreció los resultados de un plebiscito y se unió con India. La primera guerra indopakistaní (1947-1949) terminó con una división y el establecimiento de una línea fronteriza ‘de facto’ que, con cambios menores, se ha conservado hasta hoy en día.

Estado actual

La última vez que India y Pakistán estuvieron al borde de guerra tuvo lugar en 2002, cuando movilizaron 500.000 y 300.000 militares, respectivamente.

De manera recurrente, ambos países se acusan de violar la frontera. En la parte india de Cachemira funcionan varios grupos terroristas, que Nueva Delhi afirma se basan en territorio pakistaní.

La popularidad de la población musulmana en esa región se volvió a mostrar durante las protestas masivas de 2016 y 2017, que comenzaron tras el asesinato de Burhan Wani, líder del grupo armado extremista Hizbul Mujahideen (‘Partido de los Guerreros Santos’) y derivaron en enfrentamientos violentos con el Ejército de India.

Otros movimientos islamistas similares son Lashkar-e-Toiba (‘Ejército de los Puros’) y Jaish-e-Mohammed (‘Ejército de Mahoma’). El último se responsabilizó del ataque suicida contra un convoy policial indio el pasado 14 de febrero, en el que murieron al menos 44 personas.

En respuesta a ese atentado, India lanzó este 26 de febrero el ataque aéreo a un presunto campamento del colectivo responsable en Balakot, acción que ha desencadenado la confrontación vigente.

¿Qué consecuencias puede tener?

Tanvi Madan, integrante del centro de investigación Brookings Institution, explica al diario estadounidense The Washington Post que la primera consecuencia ha sido un notable y «sorprendente» aislamiento diplomático de Pakistán, ya que ningún país se ha pronunciado a su favor de manera explícita y muchos han pedido a los implicados que cesen las hostilidades.

La mayoría de los expertos estiman que es poco probable que esta situación derive en una guerra. De hecho, Islamabad no está dispuesto a prolongar el conflicto: Ghafoor explicó que «Pakistán no mueve la situación hacia una guerra» porque, «si fuera así, podríamos simplemente atacar el primer objetivo al que apuntaban las Fuerzas Armadas» y se hubiesen producido «víctimas humanas», cuando su ofensiva se centró en «un espacio abierto donde no había viviendas ni puestos militares».

Pese a ello, la parte contraria no ha realizado declaraciones semejantes. Ian Marlow, experto de Bloomberg, supone que las próximas elecciones obligan al Gobierno de Narendra Modi a emplear retórica y acciones más contundentes mientras que Christine Fair, especialista en política del sudeste asiático, subraya que a Islamabad le resulta más conveniente para sus intereses una victoria del mandatario indio.

El analista Darius Shahtahmasebi sí teme que este conflicto, que «no es menor», desencadene una guerra a gran escala que involucraría a China, Arabia Saudita y Estados Unidos. «¿Qué esperaban que pasara? Son bien conscientes del derecho de Pakistán a defender su territorio. ¿Qué espera ganar India?», declaró durante una entrevista que concedió a RT.

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