Soldados estadounidenses
Soldados estadounidenses colocan una cerca de alambre de espino cerca de la frontera sur con México en la ciudad de Donna, estado de Texas, EE.UU., el 4 de noviembre de 2018. Delcia Lopez / Reuters

El complejo industrial militar de Estados Unidos funciona de forma comparable a un organismo autosuficiente, con un ‘sistema inmunológico’ que resiste a cualquier cosa que amenace el suministro de dinero de los contribuyentes, afirma Andrew Cockburn, reconocido periodista y analista militar británico afincado en EE.UU.

‘El sistema alcanza el punto máximo de absurdo cuando se gastan sumas gigantescas sin resultados perceptibles.’

En un artículo para la revista local Harper’s Magazine titulado ‘El Virus Industrial-Militar: Cómo los presupuestos inflados de defensa  destruyen nuestras fuerzas armadas’, el experto describe el proceso que permite a los contratistas de defensa estadounidenses prosperar a pesar de la producción de equipamentos caros e inseguros y el continuo incumplimiento de los plazos.

«Si entendemos que el complejo militar industrial existe únicamente para mantenerse y crecer, resulta más sencillo dar sentido a la corrupción, la mala gestión y la guerra, y entender por qué, a pesar de las advertencias sobre supuestas amenazas, seguimos estando, en realidad, tan mal defendidos», señala el periodista.

El precio y la calidad

Cockburn —que a lo largo de sus 40 años de experiencia ha publicado numerosos libros y publicaciones dedicadas al complejo militar, las guerras extranjeras y los adversarios del país norteamericano— analiza el estado actual de las Fuerzas Armadas de EE.UU., comparándolo con las desmedidas facturas de defensa de los contribuyentes.

«Nos hemos quedado con una fuerza de combate muy pobre para nuestro dinero. La evidencia de esto es tristemente clara, comenzando con nuestro abultado arsenal de sistemas de armas incapaces de funcionar como se anuncian, que compran a un costo extraordinario«, sostiene el artículo.

En este sentido, el analista cita ejemplos de toda la diversidad de armamentos: desde el «desastre» del caza F-35 y los pocos buscadores de minas «más allá de la edad de jubilación», hasta los defectuosos sistemas de radio «dos veces más pesados que el modelo al que reemplazaron» con los que van equipados los soldados.

Autosostenibilidad e inflación de costos

«La belleza del sistema», ironiza Cockburn, «reside en su naturaleza autoalimentada». Según destaca el experto, cada nuevo elemento de las fuerzas armadas cuesta hasta varias veces más que su predecesor y, con frecuencia, es peor o presenta deficiencias que luego se arreglan por costo adicional. Los plazos incumplidos y posteriores reparaciones inflan aún más los precios, lo que se traduce en el «mayor presupuesto [de Defensa] desde la Segunda Guerra Mundial».

Aunque a lo largo de las últimas décadas el presupuesto no solo ha aumentado, sus reducciones nunca fueron inferiores al nivel «donde habría estado el presupuesto si simplemente hubiera crecido en un 5 por ciento anualdesde 1954«, subraya Cockburn. Incluso aquellos que se oponen a los gastos exorbitantes y se muestran críticos con el Pentágono, tienden a centrarse en «el mal uso del poder militar», y no en «la necesidad de reasignar dinero de defensa para abordar las necesidades sociales más urgentes».

El reciente intento del presidente Donald Trump de reducir el gasto de Defensa para el año fiscal 2020, proponiendo un presupuesto de 700.000 millones en vez de los 733.000 millones de dólares propuestos inicialmente, fue —según lo tacha Cockburn— una «aberración», que eventualmente se corrigió a 750.000 millones de dólares.

Los argumentos del autor del artículo parecen especialmente certeros en medio de la incertidumbre que envuelve la presencia en Oriente Medio de los portaviones USS Abraham Lincoln y un grupo operativo de bombarderos B-52, mientras Washington se prepara para un enfrentamiento contra lo que la Casa Blanca ha calificado de «una amenaza creíble» proveniente de Irán.

1 COMENTARIO

  1. Considero posible un mundo sin moneda como factor de intercambio, como la forma más suave y racional de combatir e incluso de acabar con la corrupción.

    En una sociedad de derechos auténtica se podrían satisfacer los derechos y diversas necesidades, en función de las necesidades individuales (pañales para los militares, botas para los bebés, compresas para los ancianos, etc.). Tal y como queda dicho pero hablando seriamente, se podrían cubrir las diversas necesidades de todos aquellos dispuestos a cumplir con sus deberes y, además, homologando toda producción al más alto nivel de calidad
    (bastaría con disponer de identificadores individuales que acrediten que se está cumpliendo cualquier cometido social, de ser o no padres de x hijos, etc. para poder satisfacer sus necesidades y derechos).

    El desarrollo tecnológico debe hacerse, exclusivamente, para cubrir necesidades sociales. Se debe obligar a parar con la producción de armamento *a nivel mundial* y reciclar todo armamento (obsoleto o no), para fines pacíficos.

    Esa es parte importante de la globalización a que se debe aspirar mayoritariamente para el planeta (y por supuesto que para sus contenidos, pero sería algo prolijo el traer aquí soluciones convenientes a mucha mediocridad e incluso problemática con que se nos agobia por los fascistas desde el marco de las más diversas naciones e inherentes instituciones).

    Dónde estamos, algunos lo sabemos. Pero también conviene tener claro hacia dónde nos dirigimos, y que nuestras aspiraciones, por mor del desarrollo tecnológico, sean de lo más elevadas para hacer posible una vida señorial generalizada: en paz, salud, bienestar, seguridad de vida y libertad generalizadas, que impliquen no tener que obedecer a ninguna otra cosa que la consecución y mantenimiento de esta finalidad.

    Esto, de parte del creador en agradecimiento a vuestra voluntad de verdad y de objetividad. Las buenas críticas son imprescindibles para poder situarnos, y la meta más ambiciosa y posible para la futura humanidad, la expone el creador. Y al igual que para cualquier creación de menor importancia, se precisan muchas manos (más bien muchísimas). Se debe ver la forma de ponerlas en movimiento eficaz y prontamente, no vaya a ser que por seguir demorando después no sea posible.

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