Nadie sabe exactamente cuántas personas en Estados Unidos mueren cada año fruto de la violencia policial. Foto: Betech

Raúl Antonio Capote.— El 10 de agosto de 2016, la policía fue enviada para auxiliar a Tony Timpa, un hombre de 32 años que había llamado al 911 para pedir ayuda.

Cuando las fuerzas del orden llegaron al lugar, dos guardias de seguridad privados ya habían esposado a Timpa. La policía le ordenó que se quedara quieto en el suelo, le pidieron que se relajara y lo mantuvieron inmovilizado con la cara contra la hierba y una rodilla en la espalda.

Timpa pidió ayuda desesperadamente, no le escucharon, se retorcía mientras uno de los policías apretaba cada vez más la rodilla contra su espalda.

Los oficiales se rieron, se burlaron de la forma en que se retorcía angustiado. Especulaban sobre qué tipo de enfermedad mental podría tener, o qué medicamentos podría haber tomado. Entonces el hombre quedó inconsciente.

El grupo de policías de Dallas que detuvo a Timpa no pareció darse cuenta de que se estaba muriendo frente a ellos. No comprobaron si estaba respirando y no buscaron pulso. En cambio, cuando Timpa dejó de responder, los oficiales asumieron que estaba dormido y siguieron riéndose, haciendo bromas sobre si debían despertarlo para la escuela. Lo golpearon, lo sacudieron, pero él no respondió. En menos de 20 minutos estaba muerto, Timpa murió bajo custodia policial.

Los últimos minutos de vida de Timpa se hicieron públicos en un video perturbador obtenido y publicado por el Dallas Morning News y NBC 5, el video desmintió las afirmaciones policiales anteriores de que Timpa era agresivo y que solo usaron la fuerza necesaria para evitar que rodara por una calle concurrida. El video también proporciona la imagen de cuando Timpa llamó al 911 para pedir ayuda.

El caso enfureció a la ciudad desde que el Morning News reveló la historia hace dos años. La policía de Dallas se ha negado a comentar sobre el video recientemente publicado.

La noche de los hechos, Timpa llamó a las autoridades desde el estacionamiento de una tienda local. Dijo que tenía miedo, que padecía de esquizofrenia, que no había tomado su medicamento, e insistió en que estaba desarmado.

Según contó Vicki Timpa, madre de la víctima, al Morning News, uno de los libros favoritos de su hijo era Peter Pat y el policía. De él aprendió: «Si estás perdido, pide ayuda a un policía», así lo hizo y fue su última llamada.

Un informe de autopsia del condado dictaminó que Timpa falleció «como resultado de una muerte cardíaca repentina, debido al estrés fisiológico asociado con la restricción física y el esfuerzo físico extremo». Los médicos que lo examinaron dictaminaron que fue un homicidio.

La evidencia descubierta por Vicki Timpa y sus abogados, junto con Morning News y nbc 5, permitió establecer una demanda por fuerza excesiva en un tribunal federal y una acusación formal a tres de los oficiales involucrados.

La Ethical Society of Police, una asociación de policías en St. Louis que aboga por el cambio, criticó las tácticas de los oficiales en una publicación de Twitter. «Se dan cuenta de que su respiración se ralentizó y bromean acerca de que está muerto, la indiferencia por el hombre enfurece».

Nadie sabe exactamente cuántas personas en Estados Unidos mueren cada año bajo la custodia policial. La muerte de Michael Brown, el 9 de agosto de 2014, desembocó en disturbios violentos en Ferguson y en protestas en todo el país a lo largo del año.

El documental Di su nombre: la vida y muerte de Sandra Bland, cuenta la historia de Sandra, una joven afroamericana de 28 años nacida en Chicago, que es arrestada por una infracción de tránsito en un pequeño pueblo de Texas y tres días después amanece colgada en su celda.

En septiembre de este año falleció, bajo custodia policial, el sexto niño migrante. Esta vez la infortunada fue una niña de El Salvador de diez años de edad, su muerte sucedió mientras estaba en un centro de detención para migrantes.

La lista es larga y triste, la cultura de la violencia, el racismo y la falta de ética se unen para hacer, de quienes deberían ser custodios de la seguridad pública, un gran riesgo para la gente, el aviso dicho a sotto voce, debería colgar de un cartel a la entrada de algunas ciudades estadounidenses, sobre todo si usted es latino o afrodescendiente: «Si está en peligro, por favor, no llame a la policía».

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