sábado, agosto 15, 2020
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Acerca de la línea política incorrecta del Politburó del CC del Partido Comunista de Yugoslavia en relación a la cuestión de la lucha de clases en Yugoslavia; PCUS, 1948.

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«En nuestra carta expresamos que la esencia de la política en torno a la lucha de clases no se comprende en el Partido Comunista de Yugoslavia (PCY), que los elementos capitalistas están fortaleciéndose en las ciudades y en el campo y que los líderes del Partido no están tomando ninguna medida para mantener en jaque a estos elementos capitalistas. Los camaradas Tito y Kardelj niegan todo esto y creen que nuestras consideraciones, que se refieren a un asunto de principios, son insultos hacia el PCY, evitando responder de ninguna manera a la cuestión fundamental. Sus pruebas se sustentan únicamente sobre el hecho de que «se están llevando a cabo reformas sociales consistentes en Yugoslavia». Sin embargo, este hecho carece de importancia. La reticencia de estos camaradas a ver que el fortalecimiento de los elementos capitalistas y, en conexión con ello, la agudización de la lucha de clases en el campo en las condiciones contemporáneas de Yugoslavia, deriva de una opinión oportunista de que, contrariamente a las enseñanzas del marxismo-leninismo, durante el período de transición del capitalismo al socialismo, la lucha de clases no se agudiza sino que se extingue, como ya expresaron otros oportunistas de la talla de Bujarin, que postuló una teoría decadente de la absorción pacífica de los elementos capitalistas en el seno de la estructura socialista.

Nadie podrá negar que las reformas sociales que tuvieron lugar en la URSS después de la Revolución de Octubre tuvieron un éxito general y una consistencia clara con nuestras enseñanzas. Sin embargo, esto no hizo al Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) concluir que la lucha de clases en nuestro país se estaba debilitando, ni que ya no existiese el peligro del fortalecimiento de los elementos capitalistas. En 1920-1921 Lenin afirmó que «mientras vivamos en un país de pequeños propietarios existe una base económica más fuerte para el capitalismo en Rusia de lo que la hay para el comunismo», puesto que «la actividad agraria individual, a pequeña escala, engendra capitalismo y burguesía continuamente, cada día, cada hora, espontáneamente y a escala masiva». Se sabe que durante quince años tras la Revolución de Octubre la cuestión de las medidas a tomar para mantener en jaque a los elementos capitalistas y, más tarde, para proceder a la liquidación de los kulaks como la última clase capitalista que eran, nunca se desestimó ni se dejó en el tintero de la agenda de nuestro partido. Subestimar las experiencias del PCUS en cuestiones relativas al desarrollo del socialismo en Yugoslavia consiste un grave peligro, y no puede permitírsele a los marxistas, puesto que el socialismo no se puede desarrollar únicamente en las ciudades y en la industria, sino que también debe ser desarrollado en los pueblos y la agricultura.

No es ningún accidente que los líderes del PCY estén evitando la cuestión de la lucha de clases y de controlar a los elementos capitalistas del campo. Y lo que es más, en los discursos de los líderes yugoslavos no puede encontrarse mención alguna al problema de la diferenciación de clase en el campo. El campesinado se considera como un todo orgánico, homogéneo, y el partido no moviliza fuerza alguna ni hace ningún esfuerzo para superar las dificultades derivadas del desarrollo de los elementos explotadores en el campo.

Por el contrario, la situación política del campo no da motivos para la complacencia. Donde, como en Yugoslavia, no existe la nacionalización de la tierra, donde la propiedad privada de la tierra existe, se venden y compran constantemente sus distintas parcelas, donde grandes trozos de tierra están en manos de los kulaks, donde el trabajo asalariado es gratamente empleado, etc. el partido no puede educarse en el espíritu de camuflar la lucha de clases y de suavizar los conflictos de clase sin desarmarse así mismo en la lucha contra las dificultades de primer orden en el desarrollo del socialismo. Esto significa que el PCY está siendo adormecido por la teoría decadente y oportunista de la infiltración pacífica de los elementos capitalistas en el socialismo, teoría tomada de prestado de personajes como Bernstein, Völlmar y Bujarin.

Tampoco es ninguna casualidad que algunos de los líderes más prominentes del PCY se estén desviando de los principios del marxismo-leninismo en la cuestión del rol de vanguardia de la clase obrera. Mientras que el marxismo-leninismo comienza por reconocer este rol clave en el proceso de liquidación del capitalismo y del desarrollo del socialismo, los líderes del PCY son de una opinión radicalmente opuesta. No hace falta más que citar el siguiente discurso del camarada Tito en Zagreb el 2 de noviembre de 1946, publicado en «Borba»: «No le decimos a los campesinos que son el pilar más sólido de nuestro Estado para conseguir sus votos, sino porque sabemos que eso es lo que son y que deberían ser conscientes de lo que son».

Semejante actitud se encuentra en completa oposición con el marxismo-leninismo. El marxismo-leninismo considera que en Europa y en los países de democracia popular es la clase obrera y no el campesinado la clase más progresista y la más revolucionaria. En tanto al campesinado, o, mejor dicho, en tanto a su mayoría –los campesinos pobres y medios– pueden encontrarse en unidad con la clase obrera, mientras que el rol de vanguardia de esta unión lo desempeñe la clase obrera. Por el contrario, el pasaje citado no solo niega que el rol de vanguardia le pertenece a la clase obrera sino que afirma que es el campesinado al completo, kulaks incluidos, la clase que representa el pilar más sólido en la nueva Yugoslavia. Como puede comprobarse, esta actitud es más típica de políticos pequeño burgueses que de marxistas-leninistas». (Carta del Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética dirigida al Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia, 4 de mayo de 1948)

Fuente: Bitácora

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