Por María Elena Álvarez Acosta

La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, fortaleció la visión de EE.UU. como potencia que sobredimensiona su papel a nivel internacional –su “destino manifiesto”–, lo que se ha concretado en su actuación como gendarme internacional. Evidencias: 1) El irrespeto a los organismos internacionales, por ejemplo, con la retirada del acuerdo 5+1 (nuclear) iraní; 2) Sanciones (y bloqueo cuando lo considera necesario) a Rusia, Irán, Turquía, Siria, Corea del Norte, Venezuela y mantenido a Cuba; 3) Guerra económica con la República Popular China, por solo citar algunos. Washington –y los sectores reaccionarios que rodean al Presidente– presionan en todos los sentidos, ellos son la potencia número uno y no pueden ceder espacios.

El   Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF)

Desde mediados de los años 70, la Unión Soviética había casi alcanzado la paridad estratégica con EE.UU. Muchas pudieron ser las razones que llevaron a la firma del INF, pero la más obvia fue  que Occidente, y en especial la superpotencia norteamericana, presionaban a la URSS a hacer más concesiones de las que debía realizar y debilitar su postura; ya no se trataba de contener el comunismo, sino eliminar la amenaza. Como dijo el propio Gorbachov: “Llevarnos al borde del abismo y después hacernos saltar”.

El INF se firmó en  diciembre de 1987, por Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov. Estableció la eliminación (desarrollo y despliegue)  de misiles  de intermedio y corto alcance lanzados desde tierra con una distancia entre 500 y 5.500 km. Cuando se suscribió, el régimen de verificación del Tratado era el más detallado y severo de la historia de control de armamento nuclear; fue el primero de su género en reducir las existencias de misiles nucleares en lugar de solo establecer un límite. Su importancia fue trascendental para la paz mundial. El INF entró en vigor el 1 de enero de 1988 y, para junio de 1991, ambos países habían desactivado casi 2.700 misiles.

Rompiendo acuerdos…

A comienzos del presente año, el Gobierno de Donald Trumpy la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) acusaron a Rusia de violar el pacto con el despliegue de un nuevo tipo de misil crucero. El presidente estadounidense señaló que su país no consentiría que Moscú “fabrique armas mientras a nosotros no se nos permite”. “Rusia violó el acuerdo. Lo han estado violando durante muchos años”, aseveró. La administración Putin ha negado estar incumpliendo lo pactado. Sin embargo, EE.UU. se retiró formalmente del mismo el pasado 2 de agosto.

Pruebas estadounidenses con lanzamientos de misiles de mediano alcance

Pero, si EE.UU. está tan inquieto por la actuación de Rusia y la no presencia de China en el acuerdo, ¿por qué no sugiere ratificar, reevaluar o incluir a otros países en el INF? El presidente Vladímir Putin planteó que si Washington decide abandonar el tratado, “la respuesta de Rusia sería equivalente”. Mientras tanto, China condenaba la postura  de Trump.

¿Cuáles son los intereses estadounidenses?

Como señala la profesora Dinorah Hernández Sánchez, los halcones de la Casa Blanca  han justificado determinadas acciones de EE.UU., cuando se perciben –o les interesa presuponer– que son débiles frente a un adversario que lo supera en armamentos, en lo que se denomina como ventana de vulnerabilidad estratégica. A partir de esa apreciación, la reacción es recrudecer las tensiones, aumentar la carrera armamentista. En ese contexto, el America First  de Trump, implica, en el ámbito exterior, mantener el poderío a toda costa, en todos los planos y en todas las áreas de influencias, pero sobre todo en la militar.

La puja por fortalecer su presencia e influjo se ha manifestado en  diversas áreas geopolíticas. Con todo, es innegable que, tanto el poderío económico chino, como el poderío militar ruso, devienen retos para la prepotencia y liderazgo estadounidenses. Washington, retirándose del INF, por una parte, tomará las acciones que considere pertinente sin violar el Derecho Internacional, y exhibe su poderío, es el gendarme, el sheriff que hace lo que estime conveniente; por la otra, nada le impide correr en pos de la superioridad estratégica, es el unilateralismo en acción.

En los hechos, la situación se torna más peligrosa aún, pues aumenta la posibilidad de que se desate una nueva carrera armamentista y puede colapsar el sistema global de control de armas y la estabilidad estratégica internacional. En esencia, una reversa total a los esfuerzos por alcanzar un desarme nuclear. La decisión de EE.UU. está motivada por el”sueño de un mundo unipolar”, donde sea la única superpotencia del orbe. Es un paso más a una vía certera y peligrosa que pone en riesgo a toda la humanidad.

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María Elena Álvarez Acosta Doctora en Ciencias Históricas

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