Pandemia y control poblacional

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Darío Herchhoren.— La aparición de la pandemia del covid 19 significó una alarma mundial, que fué aprovechada por algunos estados para dar una vuelta de tuerca sobre el control que ejercen sobre la sociedad entera.

En los países de occidente conviven estados más democráticos y estados más autoritarios. Cuando hablamos de estados democráticos lo hacemos desde la legalidad burguesa que es la que conocemos porque vivimos en un país capitalista, y cuando hablamos de estados más autoritarios nos referimos a estados tales Arabia, Brasil, Filipinas, etc. donde las libertades democrático burguesas no están garantizadas.

Desde el punto de vista sanitario, el confinamiento de la población es una medida que se toma para evitar la difusión de una enfermedad, y suele ser efectiva a esos efectos.

Pero desde un punto de vista democrático, ese confinamiento puede tener otra lectura, ya que restringe y mucho la libertad de movimientos, que es esencial a un estado democrático. Decía el famoso penalista español Luis Jiménez de Asúa, que la libertad de ambular no solo se restringe poniendo a un policía que te controle, sino que se puede restringir la libertad de ambular poniendo un perro bravo junto a los ciudadanos, o generando miedo a sanciones económicas (multas) en caso de violación de las normas generadas por el estado.

Pero veamos un poco con la cabeza fría. Es cierto que el confinamiento sine die de las personas puede ser una agresión contra la libertad de ambular, que es uno de los derechos más elementales de los seres humanos, pero el estado nos contesta que esas medidas se toman para proteger el derecho a la vida, que está amenazado por la existencia de una pandemia. Hay un evidente choque entre dos derechos fundamentales.

Sin embargo hay una gran cantidad de situaciones en las cuales el estado se apropia de información sobre nosotros mismos que no suscitan tanta efervescencia, y que aceptamos como algo consustancial al funcionamiento de una democracia, y pruebas al canto: Cuando tramitamos un DNI, damos una serie de datos personales que quedan en poder de un órgano del estado como es la policía, y ahora el DNI viene con un chip que contiene, según la policía unos datos personales tales como si hemos sido detenidos, si hemos estado en prisión, y como no lo sabemos podría contener datos sobre nuestra ideología o sobre nuestras creencias religiosas. Si matriculamos a nuestros hijos en la escuela primaria también damos unos datos personales que quedan en manos del estado. Si abrimos una cuenta corriente en un banco pasa lo mismo.

Pero lo peor está por llegar, y es que la policía por razones de seguridad, nos lo dicen así, puede escuchar nuestras conversaciones telefónicas, y mediante los teléfonos móviles, saber nuestra ubicación exacta con día y hora. Nuestras calles están repletas de cámaras de seguridad, que nos filman y siguen nuestros movimientos hasta que entramos dentro del ámbito de otra cámara de seguridad. Y así de seguido.

Con esto queremos demostrar que en realidad vivimos en un estado policial que nos controla en todo momento, que sabe de nuestros movimientos y de nuestra ideología aunque nunca la digamos y lo saben por medio del estudio de los algoritmos.

Realmente, que nos enclaustren en casa, no es en realidad más que una vuelta de tuerca más en nuestras desgraciadas vidas y que si no rompemos con un estado que cada vez es menos democrático burgués y más fascista, terminaremos como robots, que haremos todo lo que nos manden, sin rebelarnos contra esa sutil dictadura que parece democrática. ¡Sublevémonos ya!

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