‘Si no tuviese el apoyo del pueblo sirio no estaría aquí’

‘Si no tuviese el apoyo del pueblo sirio no estaría aquí’

La prensa intoxicadora nunca publicará esta foto. Entre ellos es corriente referirse a Bashar Al-Assad como un dictador porque es una manera de justificar la agresión imperialista.

Como si a lo largo de la segunda mitad del siglo pasado Estados Unidos se hubiera caracterizado por su defensa de las libertades y la democracia en el mundo.

La personalización es una propaganda facilona, propia de ineptos. Ni siquiera se trata de la sustitución de uno por otro (igual o peor) porque, en tal caso, el propio Al-Assad ha dicho que no tendría ningún problema en largarse por su propio pie.

En una entrevista con la cadena danesa de televisión TV2 a principios de este mes, Bashar al Assad dijo que si no tuviera el apoyo del pueblo sirio no estaría al frente del gobierno. “Si yo fuese la razón de la guerra, me iría”, añadió. El Presidente sirio aseguró que el origen de la guerra no gira en torno a su persona, sino que “es mucho mayor que eso” y se extiende no sólo a la soberanía nacional de Siria sino que también ha terminado siendo un pulso entre las grandes potencias.

En julio, durante una entrevista con canal griego ETV explicó que “los terroristas no dirigen la guerra en Siria contra el presidente del país, sino contra el pueblo sirio”.

“La victoria en la guerra [contra el terrorismo en Siria] no es mi victoria, sino la victoria del pueblo sirio, ya que [la guerra] se lleva acabo contra el pueblo sirio”, aseguró a los periodistas griegos.

La muerte en accidente de su hermano mayor, convirtió en 1994 al joven Bashar Al-Assad, un oftalmólogo que hasta entonces vivía y trabajaba en Londres, en el sucesor de su padre, Hafez Al-Assad, tras cuya muerte en 2000 fue elegido presidente de Siria con 34 años.

Llegó al gobierno con la voluntad de cambiar algunas cosas. Promulgó varias amnistías parciales para los presos políticos y abrió un cauce más amplio a la libertad de expresión. Pero desde hace más de tres mil años, Siria siempre ha sido una encrucijada de caminos.

Su rechazo a la guerra de Irak le pusieron en el punto de mira de los imperialistas. En 2004 Estados Unidos sancionó a Siria por no impedir el paso de combatientes a Irak, por apoyar a los grupos palestinos y al Hezbollah libanés. La última imputación fundamentó las amenazas particulares de Israel, al que el dirigente sirio fue incapaz de arrancar negociaciones de paz ligadas a la devolución de los Altos del Golán.

En 2005 el asesinato del primer ministro libanés Rafiq Hariri le puso contra las cuerdas, obligándole a evacuar Líbano, poniendo fin a una tutela que se remontaba a 1976. El Tribunal Especial de la ONU para Líbano exoneró a Siria del asesinato de Hariri, pero la suerte ya estaba echada. Si no era por un motivo sería por otro.

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