
Editada en la revista El Otro País, n.º 110, Mayo-Junio 2024, como complemento a una pregunta no publicada en su integridad en el n.º 109.
Salió en libertad el 11 de diciembre de 2023 por militancia en los GRAPO tras 20 años de cárcel.
Pregunta.- Estadísticas y, sobre todo, testimonios nos dicen que los suicidios, las drogas y la locura son las tres grandes plagas del sistema carcelario. ¿Corroboras con las experiencias que has vivido esta afirmación?
Respuesta.- Se ha dicho muchas veces que la cárcel capitalista se nutre principalmente de locos, pobres y rebeldes. Y como a los rebeldes nos han hecho compartir los módulos de aislamiento con numerosos “locos”, muchos de ellos demenciados en extremo, en gran medida y dicho sea de paso para desgastarnos aún más, esta es una problemática sobre la que tenemos una gran sensibilidad.
Pues, en primer lugar, nunca debemos perder de vista que todo aquel aquejado por un problema de salud mental es antes que nada un ser sufriente.
Es evidente que la institución carcelaria no está única ni principalmente pensada para albergar a personas con problemas mentales, aunque éstas hayan sido recluidas desde siempre entre sus muros y los de otros establecimientos análogos (hospitales, reformatorios, etc.). Cabe señalar, además, que por diversos motivos la cárcel contemporánea se ha convertido en el principal receptáculo de este tipo de problemática social.
Por otra parte, entre las tres categorías aludidas existen numerosos vasos comunicantes. Pues del mismo modo que la pobreza favorece el padecimiento mental y viceversa, a los rebeldes se les ha intentado caracterizar de forma constante como meros enajenados incapaces de comprender las ventajas del consenso social.
La psiquiatrización de la disidencia política viene de lejos, presentando el desvío de la norma establecida como si se tratase de una simple patología personal, que opera en el orden individual. Y es que por más que nos lo expliquen a diario con sus potentes medios de moldeamiento ideológico, muchos no acabamos de comprender cabalmente que bajo el régimen de producción capitalista vivimos en el mejor de los mundos posibles.
El papel que juega la prisión en el sistema de control social implantado por la burguesía para prevalecer como clase dominante y aplastar el mínimo desafío a su poder político, es de sobra conocido. Pero en un contexto tan acusado de decadencia del orden imperialista mundial, las viejas tipologías de los inquilinos habituales del sistema carcelario capitalista se han visto ampliadas con creces.
Esto es particularmente cierto para el caso del Estado español, donde el régimen del 39 no está en capacidad de resolver ni uno solo de sus graves problemas de fondo. De ahí que, en ausencia de verdaderas soluciones, los problemas se encarcelen.
Impuesto a través de técnicas de manipulación mediática y social el populismo punitivista más descarnado, y arrojadas desde hace tiempo al basurero las ideologías reinsertadoras del reformismo burgués, la amenaza de sufrir una dura condena de privación de libertad se cierne hoy sobre cualquier ciudadano corriente. Convirtiendo las palabras del escritor ruso Antón Chéjov en una realidad más cierta que nunca: “No en vano la secular sabiduría popular enseña que para la miseria y la prisión siempre hay tiempo y ocasión”–
*Entrevista a Santiago Rodríguez en EOP n.º 109.
Entrevista al expreso político comunista Santiago Rodríguez Muñoz. Sobre represión, resistencia y dignidad en 20 años en las cárceles. Y sobre presos políticos enfermos.