Después del catástrofe de la Segunda Guerra Mundial, las élites europeas ofrecieron la promesa de una Europa como una fuerza de bien en el mundo, próspera y democrática. Siempre fue una promesa falsa en primer lugar porque, desde 1945, los países europeas nunca gozaban de una soberanía plena ante el dominio de las élites gobernantes de Estados Unidos.
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