Los trabajadores belgas realizaron una huelga de 24 horas el lunes, afectando a los servicios públicos y paralizando prácticamente todo el transporte.
La huelga, organizada por la Federación General del Trabajo socialista de Bélgica (FGTB-ABVV) y la Confederación de Sindicatos Cristianos, fue en protesta por los masivos recortes presupuestarios propuestos por el gobierno de coalición del país.
Los recortes propuestos de 1.000 millones de euros (800 millones de libras) afectarían las pensiones, los beneficios de desempleo y los servicios públicos.
En Flandes, circulaban menos de la mitad de los autobuses y tranvías. El servicio ferroviario nacional operaba con un servicio mínimo, conforme a la legislación belga.
Se produjeron cierres generalizados de escuelas y se suspendieron los servicios postales y de recogida de basura. También se produjeron interrupciones en los puertos de Amberes y Zeebrugge.
El segundo aeropuerto más grande de Bélgica, Charleroi, canceló todos los vuelos.
Brussels Airlines canceló todos los vuelos de salida y casi todas las llegadas.
La nueva coalición llegó al poder prometiendo mejorar el nivel de vida, pero en lugar de ello aumentó el gasto militar.
Stefano Scibetta, delegado principal de la FGTB-ABVV, dijo: «La gente está harta. Nadie quiere trabajar hasta los 67 años para ganar menos dinero».
En un comunicado, el Partido de los Trabajadores de Bélgica dijo que la coalición estaba “dividida y vacilante” y que “cuanto más apoyemos la huelga, mayores serán nuestras posibilidades de bloquear sus planes de destrucción social”.