Los instintos suicidas del imperio

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Las rabietas cotidianas de Donald Trump contra las instituciones estadounidenses y los adversarios políticos internos, a los cuales, utilizando recursos y medios públicos, reparte premios y castigos de manera absolutamente arbitraria, solo son superadas por la identificación diaria de un enemigo al que amenaza con sanciones o guerras.

En este contexto, que sirve al magnate para distraer a los estadounidenses de sus escándalos de carácter sexual, del uso indebido de información privilegiada y de los trágicos resultados de la economía, se insertan tanto provocaciones abiertas (como en el caso de Venezuela) como decisiones de ruptura que, por su impacto, adquieren dimensión global.

La ruptura con la India de Modi es una de ellas y representa uno de los peores autogoles jamás cometidos por Estados Unidos. Es evidente que la introducción de aranceles del 50% intenta golpear el poderoso desarrollo de la India que, desde hace dos años, registra el mayor crecimiento del PIB en el planeta. Un crecimiento también demográfico (ha superado a China en habitantes) que encuentra su límite en el abastecimiento energético, ya que la India no dispone de recursos energéticos capaces de sostener la imponente expansión económica de la que es protagonista. No por casualidad, desde 2022 hasta hoy, indiferentes a las sanciones occidentales, India y China han comprado más del 50% de las exportaciones rusas de gas y petróleo.

En estos años, las fricciones entre China e India se han reducido considerablemente y la presencia de Modi en las celebraciones de la victoria china en la Segunda Guerra Mundial, además de representar un inédito diplomático, aunque aún no permita ni a los más optimistas pensar en la realización de la “Chindia”, señala un camino de acercamiento que es positivo para todo el planeta, salvo para Estados Unidos, que siempre ha utilizado Nueva Delhi como elemento de presión sobre Pekín.

Precisamente por esto ha encontrado en Rusia la posibilidad de cubrir su déficit energético y en los BRICS (de los cuales es país fundador) la posibilidad de ampliar su mercado y, con ello, su influencia política global. Que, aunque es una potencia nuclear, todavía no la ha visto como protagonista absoluta en la gobernanza global, posición a la cual aspira.

En los próximos días habrá confirmación formal también en los trabajos de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), de la cual forman parte tanto Moscú como Pekín y Nueva Delhi. Nacida en 2001 como un grupo de cooperación en materia de seguridad de los países de Asia central, la OCS se ha ido ampliando hasta llegar a 26 países entre miembros y observadores, comprendiendo naciones del Cáucaso, Oriente Medio y el norte de África, y hoy representa el 40% de la población global y el 26% del PIB planetario. En esencia, se trata de un proyecto que propone un orden mundial distinto, un modelo alternativo a las organizaciones de sello occidental como el G20 o la OTAN y promueve “nuevas relaciones internacionales y cooperación regional”, como señala el periódico del Partido Comunista Chino en vísperas del Foro de Pekín.

Por otra parte, las amenazas y sanciones a Venezuela, así como –en un plano distinto pero no menos hostil– a México y Brasil, producen efectos devastadores para los mismos Estados Unidos. El reforzamiento de la cooperación en comercio, salud, agricultura y energía entre Brasilia y Ciudad de México (los dos gigantes latinoamericanos que, juntos, tienen dimensiones y demografía de un continente) indica un creciente impulso hacia una cooperación económica y comercial libre de la influencia estadounidense y, quizá, del dólar. Lo cual, para alguien como Trump, que cree que se debe obstaculizar y chantajear a quien vea en los BRICS una alternativa al estrangulamiento económico mediante el dólar usado como garrote sobre las economías emergentes, es, como mínimo, una pésima noticia.

No importa que las medidas contra India estén pensadas para dañar a Rusia y China y para intentar poner un freno fuerte al desarrollo de relaciones comerciales sin el dólar como moneda de referencia: son medidas que, objetivamente, favorecen el crecimiento de la integración de los países BRICS y el aumento de la cuota del PIB global que el organismo nacido para la multipolaridad obtiene. La jugada resultará el peor de los boomerangs para la Casa Blanca, que al enfrentarse con la India arriesga perder un aliado importante para contrarrestar la influencia china y un mercado esencial para las exportaciones de EEUU, que ascienden a 21.689 millones de dólares.

El gobierno de Modi, que tiene en el nacionalismo fuerte su marca identitaria, responderá probablemente con aranceles recíprocos a los productos estadounidenses, pero no es este el aspecto más importante. Lo más relevante está en la ampliación natural y obligado acercamiento con Moscú y Pekín, con quienes Nueva Delhi comercia de manera positiva y sin aranceles, en monedas locales y sin el yugo del dólar, en el marco de una relación equilibrada por la común pertenencia a los BRICS. En resumen: para India, casi nada de lo que importa desde EEUU no puede ser importado desde China.

Pero la locura sancionadora contra la India tiene también otro objetivo, aún más amplio, porque la decisión de imponer aranceles directos y secundarios a India determina también el golpe final para la Unión Europea. De hecho, como lo han demostrado la cuestión de los aranceles, el genocidio de los palestinos y la reciente ruptura del acuerdo con Irán, la UE es un vasallo estadounidense con la misma autonomía que cualquier protectorado. Por lo tanto, en lo específico de las sanciones a la India, es obvio que nunca la UE adoptará una actitud pragmática y no ideológica aprovechando la brecha abierta entre Washington y Nueva Delhi. Lo que cabe esperar –sea por convicción, sea por chantaje– es una adhesión incondicional europea también a esta enésima locura estadounidense, que ya presenta a EEUU como un país en guerra comercial con la gran mayoría del planeta.

La UE se encuentra, pues, ante una condición casi dramática. Después de haberle impedido comerciar con Rusia y China, imponer ahora sanciones tan pesadas también a los intercambios con India significaría obligar a la UE a comerciar solo con países de peso residual en términos demográficos, territoriales, políticos y militares. Países que no inciden en los equilibrios globales, de escaso peso político (a lo sumo en contextos regionales) y con una limitada capacidad de interlocución y hacia los cuales los niveles de beneficio son reducidos por el peso de los activos del seguro y donde incluso una eventual exposición de deuda tiene márgenes de riesgo superiores respecto a los que existen con las grandes potencias.

Significaría, en definitiva, condenar a la UE a un mercado de segunda categoría, con acuerdos limitados en su dimensión y, por tanto, incapaces de condicionar los flujos del comercio global. Aunque sea el área más rica del planeta en términos de PIB global, de esta manera la UE pierde cualquier veleidad de potencia para convertirse, en el mejor de los casos, en el más grande de los pequeños.

Irán

Sin embargo la UE sigue en su camino hacia la nada. Hace dos días ha reintroducido sanciones contra Irán, acusándolo de no permitir todo tipo de inspecciones al OIEA, fingiendo ignorar que los técnicos del organismo son miembros de las agencias de espionaje occidentales y que han proporcionado las coordenadas exactas para el ataque estadounidense de hace dos meses.

Aunque las conversaciones para restablecer formas de colaboración estaban en curso, la decisión de la UE fue tomada por orden de la administración Trump. Las sanciones las puso la UE porque EEUU no puede, invocar el mecanismo de reactivación de sanciones precisamente ya que abandonó el JCPOA en 2018.

Como Teherán repite desde hace tiempo, la invocación del “snapback” determinará la ruptura definitiva de las relaciones con el OIEA y la salida del Tratado de No Proliferación, de manera que el programa nuclear iraní podrá avanzar sin estar sujeto a ningún control internacional. Del resto, las negociaciones no impidieron el ataque a traición de EEUU, pese a que los informes de las agencias afirmaban la ausencia de riesgo de desarrollo de armas nucleares a corto y medio plazo.

Rusia y China están firmemente en contra de las sanciones y las ignorarán, mientras que la “E3” consolidará aún más el desplazamiento de Irán hacia la órbita sino-rusa en el marco de las dinámicas multipolares a nivel global. Europa, que pretende obligar a Irán a fuertes limitaciones para el desarrollo de su programa nuclear, obtendrá exactamente lo contrario y escribirá así una nueva página en el libro de su irrelevancia con notas al pie sobre su servidumbre.

Se consuma así el cierre del círculo de una agregación como la UE, nacida mal y acabada peor, afectada por la típica “síndrome del capricho”, que hace que el niño se convierta en viejo sin haber sido nunca adulto.

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