Guerra híbrida en Irán: Cómo el Mossad y la NED se despliegan contra la Revolución Islámica

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Mientras los medios occidentales presentan las recientes protestas en Irán como un levantamiento pacífico reprimido por un supuesto «régimen autoritario», una investigación revela cómo actores extranjeros —desde Washington hasta Tel Aviv— han instrumentalizado el descontento social para impulsar una insurrección violenta con tácticas terroristas, inflando cifras, manipulando la narrativa global y preparando el terreno para una posible intervención militar.

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Cientos de miles de personas despidieron los restos de guardias asesinados por manifestantes. Al menos 100 efectivos, entre bomberos, guardia civil, policías y guardias han sido asesinados desde el inicio de las manifestaciones en Irán. Foto: Tasnim

Una investigación llevada adelante por Max Blumenthal y Wyatt Reed a partir de fuentes abiertas, documentos de inteligencia y reportes de campo revela la instrumentalización de protestas sociales, la manipulación mediática de cifras y el uso de tácticas terroristas por grupos apoyados desde el exterior, en una campaña coordinada para desestabilizar a la República Islámica de Irán.

Detrás de la fachada de protestas legítimas se esconde una operación de ingeniería social y violencia planificada, financiada y dirigida desde Estados Unidos e Israel, con el objetivo explícito de provocar un cambio de régimen. Superando el cerco mediático, tanto en canales informativos estatales iraníes como en redes sociales de fuerzas antigubernamentales se difunden videos linchamientos públicos de guardias y funcionarios públicos desarmados, incendios de mezquitas, incendios incendiarios en edificios municipales, mercados y estaciones de bomberos, y multitudes de hombres armados abriendo fuego en el corazón de las ciudades iraníes. 

Estas acción implican una nueva instancia que tiene como inmediato antecedentes las protestas «Mujer, Vida, Libertad», que en 2023 coparon los titulares de las grandes plataformas informativas internacionales. Dos años después, en marzo de 2025, cuando ya le tensión había bajado, la propia
Fundación Nacional para la Democracia (NED) estadounidense, con un largo historial en injerencia, se atribuyó el mérito de impulsar esas protestas.

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Procesión fúnebre en Kermanshah, Irán, donde una multitud se congregó para llorar la muerte de Melina Asadi, una niña de tres años que fue asesinada en la provincia tras recibir un disparo de manifestantes antigubernamentales.

Según informes locales, Melina fue asesinada hace tres días cuando se dirigía a una farmacia con su padre.

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1. De la protesta legítima al caos orquestado

Las manifestaciones que estallaron en Irán a principios de enero de 2026 tuvieron raíces genuinas: comerciantes, trabajadores y ciudadanos comunes salieron a las calles para denunciar el estrangulamiento económico provocado por años de sanciones occidentales. En esos primeros momentos no se registraron incidentes ni ningún tipo de represión.

Pero en cuestión de días, esa movilización pacífica fue secuestrada por una red transnacional de actores hostiles al Estado iraní. Videos verificados —muchos publicados incluso por grupos opositores— muestran escenas de brutalidad extrema: bomberos quemados vivos en sus propias estaciones en Mashhad; una niña de tres años, Melina Asadi, asesinada a tiros en Kermanshah; mezquitas históricas incendiadas en Teherán y Sarableh, con copias del Corán reducidas a cenizas; y guardias de seguridad desarmados linchados en Hamedán y Lorestán.

El momento en que dos guardias de seguridad fueron asesinados en Borujerd. Fuente: TasnimNews

En Borujen, en el centro occidente de Irán, una biblioteca histórica con manuscritos centenarios fue destruida intencionalmente. Estos no son actos espontáneos de indignación, sino operaciones coordinadas con una clara lógica de desestabilización.

Sin embargo, los grandes medios occidentales han optado por ignorar sistemáticamente esta dimensión de la violencia. En su lugar, han construido una narrativa simplista: “manifestantes pacíficos vs. régimen sanguinario”. Esta distorsión no es accidental; responde a una estrategia de guerra informativa diseñada para generar presión internacional y justificar futuras acciones coercitivas contra Teherán.

2. La infraestructura del cambio de régimen: desde la NED hasta el Mossad

Detrás de la supuesta “sociedad civil iraní” que lidera las protestas se encuentra una sofisticada arquitectura financiera y logística respaldada por gobiernos extranjeros. Dos organizaciones con sede en Washington —el Centro Abdorrahman Boroumand para los Derechos Humanos en Irán y Activistas de Derechos Humanos en Irán— han sido citadas como fuentes principales por medios como The Washington Post, BBC y ABC News. Ambas reciben fondos directos de la Fundación Nacional para la Democracia (NED), entidad creada en 1983 bajo la supervisión del entonces director de la CIA, William Casey, precisamente para continuar las operaciones encubiertas de influencia política tras los escándalos de los años 70.

Allen Weinstein, uno de los fundadores de la NED, lo admitió sin ambages: «Mucho de lo que hacemos hoy lo hacía la CIA de forma encubierta hace 25 años». Hoy, esa misma lógica opera en Irán. Un comunicado de prensa de la NED de 2024 celebra abiertamente su papel en las protestas de “Mujer, Vida, Libertad” de 2023, que también incluyeron ataques incendiarios, asesinatos selectivos y sabotajes a infraestructura crítica.

Pero el juego no se limita a Washington. El Mossad israelí ha entrado abiertamente en la contienda. En su cuenta oficial en persa en X (antes Twitter), publicó el 8 de enero: “Salgan juntos a las calles. Ha llegado la hora. Estamos con ustedes. No solo a distancia y verbalmente. Estamos con ustedes sobre el terreno”. Este mensaje no es retórico: representa una escalada sin precedentes en la guerra híbrida israelí contra Irán, que incluye ciberataques, asesinatos selectivos y ahora, apoyo directo a células insurgentes.

Además, figuras como Reza Pahlavi —autoproclamado “príncipe heredero” del Sha— han legitimado la violencia al declarar que los funcionarios estatales y los medios oficiales son “objetivos legítimos”. Su discurso, amplificado por think tanks neoconservadores en Washington, busca posicionarlo como líder alternativo en un escenario post-revolución. En la junta directiva del Centro Boroumand figura nada menos que Francis Fukuyama, ideólogo clave del Proyecto para un Nuevo Siglo Americano, el manifiesto que sentó las bases para las guerras en Oriente Medio tras el 11-S.

En redes sociales se difundieron imágenes que muestran el ataque realizado a la mesquizta de Abuzar.

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3. Manipulación mediática, cifras infladas y la carrera hacia la guerra

La campaña de desinformación ha alcanzado niveles alarmantes. Mientras el gobierno iraní confirma la muerte de más de 100 agentes de seguridad —incluidos bomberos, policías locales y guardias municipales—, las ONG vinculadas a la NED difunden cifras sesgadas que atribuyen cientos de muertes exclusivamente al Estado, sin distinguir entre civiles, manifestantes armados o agentes del orden. La estimación de 544 muertos de “Activistas de Derechos Humanos en Irán” ha sido repetida por decenas de medios, a pesar de carecer de verificación independiente.

Peor aún, actores marginales han aprovechado el vacío informativo para sembrar pánico. Laura Loomer, conocida supremacista judía y aliada cercana de Donald Trump, afirmó sin pruebas que “más de 6.000 manifestantes han sido asesinados”. La plataforma Polymarket —financiada por Peter Thiel y asesorada por Donald Trump Jr.— llegó a afirmar que “más de 10.000 personas han muerto” y que Irán “ha perdido el control de tres de sus cinco ciudades más grandes”. Estas afirmaciones circulan como si fueran hechos establecidos, alimentando un clima de histeria que beneficia únicamente a quienes buscan una intervención militar.

La firma de inteligencia Stratfor, considerada una “CIA en la sombra”, ha sido aún más explícita. En un análisis del 7 de enero titulado Las protestas en Irán abren una ventana para la intervención estadounidense o israelí”, sugiere que “los disturbios podrían abrir la puerta para que Israel o Estados Unidos realicen actividades encubiertas o abiertas destinadas a desestabilizar aún más al gobierno iraní”. Curiosamente, el mismo informe reconoce que “nuevos ataques militares probablemente pondrían fin al movimiento de protesta, al conducir a una manifestación más amplia de nacionalismo y unidad iraní”, un patrón observado tras los bombardeos de 2025.

Aun así, la presión sigue creciendo. Donald Trump, en plena campaña electoral, ha amenazado repetidamente con intervenir: “Si Irán dispara a manifestantes pacíficos, Estados Unidos acudirá a su rescate… estamos listos para actuar”. El 12 de enero, decretó aranceles del 25 % a cualquier país que comercie con Irán, y según fuentes del Pentágono, está evaluando opciones que van desde ciberataques hasta bombardeos aéreos.

Y más recientemente, cuando se terminaba de redactar este artículo, el presidente estadounidense llamó a los «patriotas iraníes» a tomar «el control de sus instituciones». Anunció además que canceló las reuniones con todos los funcionarios iraníes y anunció: «¡La ayuda está en camino!»

4. La respuesta popular y el silencio mediático occidental

Mientras Occidente celebra a los “valientes manifestantes”, millones de iraníes han salido espontáneamente a las calles en Teherán, Mashhad, Karaj, Rasht y Yazd para condenar los actos terroristas y rechazar la injerencia extranjera. Portando banderas nacionales y retratos del líder supremo, estos ciudadanos —muchos de ellos jóvenes, mujeres y trabajadores— exigen paz, soberanía y respeto a su autodeterminación. Sin embargo, sus voces son sistemáticamente ignoradas por los medios occidentales, que prefieren la versión editada por lobbystas del cambio de régimen.

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Este silencio no es neutral: es cómplice. Al ocultar la verdadera naturaleza de los disturbios —violentos, organizados y financiados desde el exterior—, los medios contribuyen a normalizar una agenda de guerra que podría tener consecuencias catastróficas para toda la región. Mientras tanto, Irán ha activado su “escudo aéreo” nacional, cerrando brechas defensivas en Tabriz, Hamedán y el Mar Caspio, y preparándose para un escenario de confrontación total. La región ya no está en la antesala de la guerra: está en su umbral.

En tanto, mientras los acontecimientos parecen precipitarse, el equilibrio en el mapa geopolítico con las otras grandes potencias se pone en juego. En ese sentido, Rusia manifestó este martes 13 de enero que cualquier maniobra militar estadounidense contra Irán «son inaceptables», denunció la instalación de una «Revolución de colores» y condeno la «destructiva injerencia extranjera en los asuntos iraníes».

China, por su parte, publicó un comunicado el mismo 13 de enero criticando la decisión de Washington de imponer aranceles a cualquier país que comercie con la República Islámica de Irán. «China salvaguardará resueltamente sus derechos e intereses legítimos», expresó la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, Mao Ning.

5. La sombra de la guerra total: el despliegue aéreo que Occidente ignora

Mientras los medios occidentales se concentran en narrativas simplificadas sobre “manifestantes pacíficos”, una batalla silenciosa pero decisiva se libra en los cielos de Asia Occidental. Como detalla el analista militar Abutalib Albohaya en su informe del 9 de enero de 2026 para The Cradle, titulado “Supremacía aérea o guerra: Irán y Estados Unidos en la cuenta regresiva final”, la región ha entrado en una fase de “carga de combate completa”, donde ya no hay margen para maniobras diplomáticas: solo queda la disuasión armada o el estallido.

Albohaya describe cómo Estados Unidos ha desplegado cazas F-15E Strike Eagle equipados con el avanzado sistema EPAWSS, capaz de convertir aeronaves en “fantasmas electrónicos” que engañan los radares S-300 y Bavar-373 de Irán mediante señales distorsionadas. Esta tecnología no busca solo evadir la defensa aérea, sino saturarla: al generar “objetivos fantasmas”, obliga a Teherán a disparar misiles al vacío, revelando posiciones y consumiendo reservas estratégicas. Al mismo tiempo, aviones cisterna KC-135R y KC-2 Voyager sobre Jordania y Arabia Saudita permiten a los cazas estadounidenses mantener una presencia ofensiva continua, sin límites de tiempo ni alcance.

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Frente a esta amenaza, Irán ha activado lo que Albohaya denomina su “escudo aéreo integral”. Ha sellado sus brechas geográficas: desde Tabriz en el norte —bloqueando infiltraciones desde el Cáucaso— hasta Kish en el sur, donde radares avanzados vigilan cada movimiento de la Quinta Flota estadounidense. Ciudades como Yazd y Kerman, con sus depósitos subterráneos de misiles balísticos, han sido declaradas zonas de defensa prioritaria. La base aérea de Nojeh en Hamedán, núcleo del “pulmón ofensivo” iraní, opera en modo de “fuego libre”, listo para lanzar represalias de largo alcance. Y en caso de que Teherán sea neutralizada, Mashhad y la base de Nasir funcionan como “capital alternativa” y centro de continuidad gubernamental.

Crucialmente, Irán ha asegurado su “última arteria de abastecimiento”: el Mar Caspio. Con Bandar Anzali convertido en un nodo logístico clave, mantiene una línea segura con Rusia, evitando el bloqueo potencial del Golfo Pérsico. Mientras tanto, el destructor estadounidense USS McFaul, equipado con el sistema Aegis, patrulla el Golfo como muro móvil contra cualquier respuesta iraní, creando un equilibrio de terror entre fuego terrestre y dominio marítimo.

Este despliegue no es teórico. Según Albohaya, “la era de las maniobras ha terminado”. Lo que vemos en las calles de Irán —los disturbios, los linchamientos, los incendios— no es un fenómeno aislado, sino parte de una estrategia de guerra híbrida integral: mientras se socava al Estado desde dentro con violencia orquestada, se prepara el escenario externo para una intervención rápida si el régimen da señales de debilidad. Pero Teherán ha anticipado este guion. Su arquitectura defensiva no busca ganar una guerra convencional, sino hacerla prohibitivamente costosa para Washington y Tel Aviv.

En este contexto, las protestas violentas adquieren una nueva dimensión: no son solo un intento de cambio de régimen, sino una prueba de estrés diseñada para forzar una reacción desproporcionada que justifique el ataque aéreo “quirúrgico” que el Pentágono y el Mossad han estado ensayando en simulacros durante meses. Sin embargo, como reconoce incluso Stratfor, cualquier agresión directa probablemente unificaría al pueblo iraní en torno a su gobierno, anulando el objetivo original de la operación.

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