
Juan Luis Corbacho (Unidad y Lucha).— Cuando el capitalismo entra en crisis, la guerra es una de sus soluciones. No pretenden que la gente viva mejor o defenderse de nadie: pretenden que su sistema sobreviva. No es nuevo y el capital siempre ha tenido a los reformistas y socialdemócratas como herramientas para conseguir su objetivo. Da vergüenza propia y ajena oír a los líderes europeos, auténticos mamarrachos ascendidos al poder por la propaganda burguesa amañadora de sus propias elecciones, pedir el rearme.
No vamos a hablar de Mertz o del presidente de Polonia o de Españistán, que bastante vergüenza dan ya de por sí, o de la Presidenta Kallas, que están actuando de patas izquierdas o derechas del capital en su expresión más violenta (el fascismo). Tenemos que analizar desde principios marxista-leninistas la cuestión del rearme.
Todos estos mensajes ocultan el coste de clase, en cómo están usando el “impuesto oculto” que es la inflación para que la clase obrera se hunda, no dejándole salidas en esta crisis. Esta inflación provoca, además, el enriquecimiento y la acumulación de capital de los oligopolios y monopolios y no solo de los armamentísticos.
El coste de clase es, primero, económico y de derechos, puesto que las guerras se financian con deuda pública. La posible prohibición de partidos o ideologías contrarias al mensaje guerrerista imperialista, que ya se está dando en algunos países, la congelación de salarios, prohibición de huelgas, prohibición de manifestaciones, solo va a llevar a un futuro aún más oscuro.
El rearme es la primera señal que va a paralizar la inversión del Estado en sanidad, educación, pensiones, etc. Y a cambio va a enriquecer, de nuevo, a la élite financiera.
El segundo coste de clase va a ser la vida. Obviamente, no veremos a las infantas, princesas, reyes, hijas e hijos de oligarcas en el frente. Al frente irá la clase obrera privada de recursos, que se apuntará a las filas para tener un “futuro económico” en el mejor de los casos y, en el peor, para evitar la cárcel o el fusilamiento. ¿Cuántos ricos ucranianos andan de vida de lujos en Mallorca y otras localidades costeras mientras que los “reclutadores” apresan a ciudadanos para enviarlos al frente?
El tercer coste será el futuro. Si ganan o si pierden, ningún derecho o situación económica se va a recuperar. Solo servirá para el enriquecimiento de las élites del capital, aumentando aún más la fase final del capitalismo imperialista.
Todo esto es lo que el discurso reformista de rearmar Europa nos esconde. El rearme de Europa no es una política “neutral” o “técnica” de defensa, sino una política de Estado de las burguesías europeas. Su objetivo último es salvaguardar los intereses del capital. Tampoco vale que nos vendan la necesidad de fortalecer la autonomía estratégica de Europa, discurso frecuente en las socialdemocracias, verdes, europeístas, etc., que no es sino intensificar la competencia con rivales declarados (China y Rusia) y los no declarados (Venezuela, Cuba, Corea, Nicaragua, Argelia, o la Alianza de Estados del Sahel, es decir, Burkina Faso, Mali y Níger). No, la idea que subyace es el mantenimiento de la tasa de ganancia del capital a costa de la clase obrera mundial.
En resumen, el «rearme de Europa» es:
Una política militarista e imperialista de la burguesía europea, funcional a la hegemonía de EE. UU. y a la OTAN, que intensifica la competencia interimperialista, fomenta el nacionalismo para dividir a la clase obrera, desvía recursos vitales hacia el capital monopolista parasitario, y constituye una herramienta en la confrontación geopolítica contra potencias rivales (Rusia) y alternativas (China), todo ello encubierto por un discurso reformista que busca pacificar y confundir a las masas, alejándolas de la verdadera solución: la revolución socialista y el internacionalismo proletario.
También a Europa va a volver el momento de Patria o Muerte, Socialismo o Barbarie.
Abajo la guerra imperialista. Ni guerra entre pueblos ni paz entre clases.

