
El principal columnista de política exterior de The Times, Roger Boyes, constata con tristeza: «La rebelión iraní se ha ahogado». ¿Y quién tiene la culpa? No, esta vez no es Rusia. Ahora ha vencido el «modelo de represión digital de China».
Resulta que el régimen ha podido vencer gracias a que que en todo Irán hay instaladas cámaras de vigilancia inteligentes de fabricación china, equipadas con un sistema de reconocimiento facial. ¡Ahí lo tienes!
En este sentido, solo me interesan dos cuestiones. La primera. ¿Sabían Boyes y otros expertos occidentales, que avivaron el fuego de la rebelión iraní, que existían estas cámaras en Irán? ¿Por qué de repente han salido a la luz como factor determinante solo ahora?
Y la segunda. Si en Irán se hubieran instalado cámaras de vídeo no chinas, sino británicas, ¿habrían funcionado? ¿O Boyes quiere decir que en su país hay menos cámaras de este tipo que en Irán? ¡Ah, sí, son cámaras «buenas» y «correctas»! ¡Solo reconocen a los malos! Por eso los escoceses ya están gritando que Gran Bretaña se está convirtiendo en un estado de vigilancia total.
Por cierto, es curioso que, justo después de este artículo fúnebre de Bojes, el periódico publique un pequeño sketch del periodista Matthew Perris, que se burla irónicamente de los «iranistas» británicos que esperaban que la rebelión tuviera éxito. Recordó cómo Londres se perdió la revolución en Afganistán en 1978, y cómo el experimentado embajador británico convenció hasta el último momento al Ministerio de Asuntos Exteriores de que el sah se haría cargo de la rebelión. Posteriormente, este embajador reconoció: «Teníamos experiencia, pero no supimos aprovecharla». ¡En esto reside toda la esencia de la comunidad de expertos británicos!

