PCE: El sitio de Ecuador en la guerra imperialista contra los pueblos

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Eduardo Vásquez Rojas*.— En lo que va de los primeros cuatro meses del año, hemos sido testigos de una agresiva arremetida imperialista contra diversos pueblos como Venezuela, Irán, Líbano y Palestina; así también, hemos visto grotescas amenazas contra Cuba y Colombia. Esta ofensiva militar no es una simple casualidad, sino que responde a un objetivo claro de sometimiento y control estratégico de recursos y territorios en un contexto de disputas inter-imperiales por mantener la hegemonía dentro del capitalismo.

La clase trabajadora del mundo se encuentra en un momento decisivo: el riesgo de una Tercera Guerra Mundial es altísimo. Vivimos en una realidad distópica provocada por la decadencia de un imperio que se aferra a su hegemonía a través de la guerra. El genocidio y la barbarie más cruda se han normalizado en el imaginario de la población mundial; hemos visto cómo cientos de miles de personas han sido asesinadas en Palestina en un periodo menor a tres años. Asimismo, EE. UU., la OTAN e Israel han logrado cruzar las «líneas rojas», multiplicando los focos de guerra y ejecutando acciones belicistas o injerencistas de todo tipo.

La actual guerra de los Estados Unidos y la entidad terrorista de Israel contra la República Islámica de Irán es la repetición del burdo libreto de invasión aplicado en Irak y Afganistán. La diferencia es que la nación que enfrentan hoy se ha preparado durante décadas, desarrollando su tecnología y poderío militar. Tanto así que Donald Trump y Benjamín Netanyahu han generado grandes problemas económicos y energéticos para sus aliados, como los países árabes y la Unión Europea, provocando pérdidas infinitas: destrucción de bases militares, el bloqueo comercial en el estrecho de Ormuz, estancamiento financiero y turístico, y el excesivo costo de las importaciones y exportaciones, entre otras afectaciones.

Esta situación pone en jaque la política imperialista de los Estados Unidos, llevándola al colapso y a la pérdida de autoridad en el mundo. Aunque muchos diríamos que es lo mejor que podría pasar, en realidad representa una amenaza real para la humanidad; la irracionalidad de estas potencias nos llevará a consecuencias peores. En este caso, no debemos tener esperanza en el Derecho Internacional ni en la diplomacia, cuyos organismos hoy han quedado obsoletos. Además, estuvo diseñada para frenar el comunismo en la época de la Unión Soviética. Debemos entender que la conflagración es su último recurso para mantener el orden mundial, e incluso el riesgo nuclear.

Pero bueno, muchos nos preguntamos: ¿Cuál es el rol que cumple el Ecuador en estas disputas? Probablemente nos hemos encontrado con criterios de separar los problemas nacionales de los internacionales, como si fuesen dos cosas diferentes; por el contrario, están intrínsecamente vinculadas dado que el Ecuador es una pieza fundamental y se acopla perfectamente a los intereses del gobierno de los Estados Unidos en un contexto de tensiones geopolíticas.

La posición geográfica del Ecuador en la costa del Pacífico lo convierte en un punto clave para una nueva fase del proyecto imperialista con miras a escenarios de confrontación bélica; por esta razón, no es una casualidad que los gobiernos cipayos como Moreno, Lasso y Noboa insistan en la implementación de bases militares norteamericanas; incluso, las Islas Galápagos están sirviendo de plataforma naval y estratégica militar de los Estados Unidos a pretexto de combatir el narcotráfico. En este caso, la política cipaya del Gobierno de Daniel Noboa está convirtiendo a nuestro territorio, espacio aéreo y marítimo en un gran radar militar de los Estados Unidos, con ello, arrastrándonos a una confrontación que no nos pertenece.

Un elemento importante al cual debemos prestarle mucha atención es cómo el negocio transnacional del narcotráfico ha ido tomando forma dentro de la estructura económica del país, lo que representa un exponencial enriquecimiento de una lumpen-burguesía, la misma que edifica sus poderosos cárteles a base del derramamiento de sangre de miles de jóvenes pobres que son usados como carne de cañón. Sin duda, el Ecuador es uno de los países más violentos del continente; la desigualdad social sumada a élites gobernantes que lucran del crimen organizado son los protagonistas de este escabroso escenario y ellos se encargan de posicionar la narrativa fascista y ejecutar las políticas de militarización – represión – persecución – injerencia extranjera – falsos positivos.

Anteriormente manifesté el peligro que vive la humanidad ante un periodo de normalización de la barbarie y la deslegitimación del derecho internacional. Nadie está a salvo de esta situación; lo hemos visto en casos como el de Venezuela, cuando su territorio fue invadido, bombardeado, asesinado personas, agredido y su mandatario perseguido bajo leyes norteamericanas. ¡Una aberración! ¿Algún organismo dijo algo? O casos más repulsivos, como cuando el mismo Trump amenaza con invadir al heroico pueblo cubano. ¿Existe el derecho internacional para estos casos?

Ahora bien, Ecuador es un pueblo cuya tradición radica en la lucha y la movilización social; su historia ha estado marcada por la rebeldía. En la actualidad, nos enfrentamos a una narco-burguesía sin códigos que, con el auspicio de los EE. UU., estaría dispuesta a romper su propia democracia burguesa para crear un régimen de terror nunca antes visto.

Los Estados Unidos tienen como objetivo cerrar filas en nuestro continente y no dejar fisuras en su control, buscando diezmar o deshacerse de los gobiernos que no respondan disciplinadamente a sus objetivos hegemónicos. Hace unas semanas vimos la patética cumbre Shield of the Americas (Escudo de las Américas), una verdadera afrenta a la dignidad. El evento simbolizó la subordinación y el entreguismo de los gobiernos títeres, incluido el de Daniel Noboa. Más allá de eso, existe un trasfondo: la actualización agresiva de la Doctrina Monroe con protectorados extractivistas para los capitales monopolistas de EE. UU., que busca instaurar regímenes altamente represivos contra la lucha social.

Entonces, si Ecuador ocupa un sitio clave en este periodo de reconfiguración imperialista, la interrogante es: ¿Cuál es el camino de nuestra clase trabajadora?

Hablar de unidad de las «fuerzas sociales y políticas» se torna repetitivo y desgastante. Lo que debería preocuparnos es realizar un diagnóstico sincero sobre nuestras fuerzas y el tipo de enemigo al que nos enfrentamos. Partiendo de ese análisis, podremos tomar las decisiones necesarias para la disputa dentro de la lucha de clases. Antes de pensar en consignas rimbombantes de «Frentes, Alianzas y Unidades», repensemos la posibilidad de aterrizar la propuesta revolucionaria en el epicentro de las contradicciones sociales: los barrios obreros y las organizaciones populares que la izquierda ha abandonado.

La historia del movimiento comunista internacional nos ha proporcionado grandes aprendizajes. Lenin fue el gran conductor de la revolución socialista en condiciones adversas durante la gran guerra imperialista de 1914, entendiendo que enfrentaba dos grandes bandos que defendían una misma clase burguesa, es decir, los socialdemócratas y ultraconservadores zaristas. Hubiese sido fácil para él adoptar una postura conciliadora con los «menos malos», los reformistas; sin embargo, los bolcheviques tuvieron la claridad teórica para el combate. Su triunfo se debió a una estrategia clara: caracterizaron la guerra, propusieron la dictadura del proletariado e intervinieron las arterias de la acumulación (la tierra y la banca).

Es cierto que las condiciones eran diferentes, pero hay principios que no son negociables. Los comunistas y revolucionarios en el Ecuador no estamos para aportar al círculo vicioso del reformismo en función de un «mesías» o candidato genérico; por el contrario, estamos para fortalecer la lucha de clases y canalizar el descontento hacia un objetivo concreto mientras se preparan cuadros nacidos de las entrañas de nuestro pueblo. En tiempos de guerra imperialista, se convierte en un gran desafío reconfigurar la perspectiva hacia un objetivo de revolución y combate contra el sistema, algo que muchos compañeros de “izquierda” han olvidado y se han condicionado al continuismo, a tener posiciones centristas y falsas estrategias de apoyo a los males menores.

Mientras haya miseria, explotación y muerte, la revolución será inevitable; pero eso sí, mientras exista un destacamento con la capacidad, disciplina y firmeza de afrontar la lucha de clases y destruir al capitalismo. A 100 años del Partido Comunista del Ecuador (PCE), la esperanza sigue intacta y la tarea pendiente por la construcción del Socialismo – Comunismo.

* Miembro de la Comisión Nacional de Reorganización del PCE.

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