Trump emula a Netanyahu en Palestina con su bloqueo genocida contra Cuba.
El impacto del bloqueo estadounidense en la salud y la infancia en Cuba es la demostración más palmaria de que la política de Washington, recrudecida con saña por Donald Trump, constituye una agresión criminal directa contra la vida del pueblo. No hay retórica imperialista sobre la «libertad» que pueda ocultar la barbarie de negar medicamentos a un niño enfermo o de sabotear los insumos médicos necesarios para salvar vidas.
El crimen contra la salud pública
El sistema de salud cubano, referente mundial de gratuidad y universalidad, enfrenta un asedio genocida que busca forzar su colapso logístico. Las medidas impuestas por la administración de Trump impactan de forma dramática en el día a día de los hospitales:
Falta de medicamentos esenciales: Las restricciones financieras y logísticas imposibilitan la adquisición normal del 69% de los fármacos del cuadro básico en la isla. Cuba tiene vedado el acceso al 50% de las nuevas medicinas a nivel mundial debido a las patentes y prohibiciones norteamericanas.
Uso de terapias de segunda línea: En áreas críticas como la oncología pediátrica, las trabas obligan a modificar protocolos. La imposibilidad de obtener citostáticos de primera línea (de origen estadounidense) reduce drásticamente las tasas de supervivencia de niños con cáncer del 80-90% al 65%.
Bloqueo a la tecnología de diagnóstico: Se impide la compra o la llegada de piezas de repuesto para respiradores artificiales, marcapasos y tecnologías avanzadas de detección temprana como los escáneres PET-CT.
El ensañamiento contra la infancia cubana.
La infancia es el sector más vulnerable ante la asfixia económica. El recrudecimiento del bloqueo y la persecución energética iniciada por Trump han erosionado conquistas históricas de la Revolución:
Aumento de la mortalidad infantil: Tras décadas exhibiendo tasas de mortalidad infantil inferiores a las del propio Estados Unidos, la asfixia financiera, el desabastecimiento crítico y el bloqueo de combustibles dispararon la tasa de 4,0 defunciones por cada 1.000 nacidos vivos en 2018 a una proyección de 9,9. Un informe del Center for Economic and Policy Research (CEPR) vincula directamente este incremento al impacto acumulativo de las medidas coercitivas unilaterales.
Afectaciones al desarrollo temprano: La persecución a la llegada de combustibles genera apagones prolongados que perturban el entorno de los menores, afectando la cadena de frío de los alimentos y el normal funcionamiento de círculos infantiles y escuelas primarias.
Cinismo e hipocresía imperialista.
Resulta de un cinismo repugnante que los ideólogos del imperio justifiquen estas acciones diciendo que las sanciones no van dirigidas contra el pueblo, sino contra sus gobernantes. Cuando se impide la compra de insumos nefrológicos para niños que dependen de diálisis, o cuando se persigue a los bancos internacionales para que no procesen pagos destinados a material quirúrgico, el blanco es la población civil.
Esta agresión a la salud y a los niños cubanos es terrorismo de Estado puro y duro. El pueblo de Cuba resiste con una dignidad ejemplar frente a la maquinaria de asfixia más despiadada del planeta, pero la clase trabajadora internacional no puede callar ante un crimen que se comete a diario ante los ojos del mundo.
André Abeledo Fernández

